Urdinarrain: El último adiós a Gerardo “Chacho” Gambini

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“Días pasados se fue uno de los grandes de Urdinarrain: el ‘Chacho’ Gambini, quien era hijo de inmigrantes italianos que vinieron a estas tierras a principios del siglo pasado, ubicándose en un principio en Colonia Santa Juana (Santa Fe), para luego radicarse definitivamente en su ‘querido Urdinarrain’, como él solía decir. Nació en un hogar de chacareros, donde el trabajo, la responsabilidad y la nobleza de la palabra, constituían los principales valores de la vida. Desde muy joven lo atrajo la música, en especial el bandoneón, al que dedicó sus mejores años de su vida e incluso se le escuchaba, hasta no hace mucho tiempo, interpretar diariamente sus hermosas canciones. Desde muy joven formó parte de distintos grupos que alegraron cumpleaños, bautismos, casamientos y bailes en las zonas urbana y rural. Lo acompañaron en esas épocas, Domingo ‘Guito’ Tommasi, el querido ‘Romerito’, Ivo Bompadre, Roberto Sánchez, ‘Cachán’ Papes, Luis Maldonado, Daniel Maiorano, Miguel y Jorge Tommasi, entre muchos otros. Con todos, cultivó una relación humana ejemplar. No era el director del conjunto, sino el amigo consejero, el ejemplo de conducta, el ser dispuesto a ayudar en todo momento y en todo lugar. Formó una familia con Elsa Lanterna, a quien llamaba cariñosamente ‘Nena’. De esa relación nacieron dos hijos, que le regalaron nietos, a quienes también mostró -con su vida cotidiana- los valores que logró desde sus primeros años de vida. Hace tan sólo dos años se le hizo un reconocimiento público, dando a conocer su trayectoria en Urdinarrain. En esa oportunidad, grabó un disco y lo recaudado por su venta, se destinó a la ayuda de la Capilla Jesús Obrero y al Hogar de los Abuelos de Urdinarrain. Esa fue la última actuación pública de nuestro querido maestro y -hasta ese último esfuerzo suyo- fue para brindar su ayuda de manera solidaria y desinteresada, como lo hizo a lo largo de toda su vida. En esa oportunidad, se le dijo al ‘Chacho’:

‘Fuiste agricultor de los que, acariciando la tierra en alpargatas y a caballo, araste, sembraste y al fruto de la tierra y del trabajo, lo viste apilado en bolsas, en los galpones de la estación, para que viajen hasta su destino. Fuiste tambero de los que ordeñaban a mano, alumbrado por la luz del lucero en las crudas mañanas invernales. Es por muchos bien conocido que, en más de 30 años, ni un solo día faltaste a ese trabajo. Ni sábados ni domingos, ni fríos ni lluvias. Fuiste lechero de los que, mientras el tordillo tiraba de tu carro, llamabas a tus dientes, al grito de ‘Lecheroooo’, para dejar en las ollas limpias, además de tu sonrisa, leche pura recién ordeñada. Fuiste músico, de aquellos que, para tomar sus clases, tenían que ensillar un caballo. Con los rudos dedos de un labrador, acariciabas tu querido bandoneón, transformando notas musicales en las dulces melodías que siempre interpretabas’. Por eso, nuestra gratitud y reconocimiento, a quien a lo largo de su vida, desde el Urdinarrain de las calles de tierra, ha reflejado la cultura de una época. Especialmente, la cultura del amor a la familia y a los amigos; al esfuerzo y al trabajo; a su bandoneón y a la música, a la que definió como ‘el pan del espíritu’. Por todo esto, ‘Chacho’ querido, hoy podemos evocar tu ejemplo y tu legado cuando vemos la frondosidad con la que crece el árbol que vos mismo plantaste en el parque, en aquel último homenaje que te dedicó Urdinarrain. Emocionados, Jorge y Miguel Tommasi, tus amigos de orquesta”.

 

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