Un jugador de Patronato propuso casamiento en el encuentro ante Alte. Brown

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e_1360050359Durante el entretiempo del partido entre Patronato y Almirante Brown, el domingo pasado en el estadio Presbítero Grella, de frente a la platea, dos gurises que ofician de alcanza pelotas durante el partido, sostenían un cartel. En el fondo blanco resaltaban las letras negras y delgadas. El nombre de ella en gran tamaño, para ser detectado de un vistazo, luego los dos puntos y la frase, sencilla y directa, un mensaje de amor. Un pedido.

“Samy: te casas conmigo”. Abajo, a la izquierda, en letras más pequeñas, se leía la firma: David.

En la tribuna las chicas codeaban a sus maridos. “Viste, mirá, ese sí que es un romántico, a ver cuándo me sorprendés con algo vos”.

La mayoría del público se retiró del estadio con la desilusión de un empate aburrido y la incógnita acerca de quién había sido el fulano que planeó su propuesta de casamiento y la introdujo en medio de un partido de fútbol. Quién era el tal David y quién la tal Samy. Los protagonistas.

“Yo sé quién es, bueno, eso creo, porque la vi a ella bajar la tribuna a los saltos y darle un beso a él”, revela una chica del club a este cronista y pide 10 minutos de tiempo para confirmar la historia.

No hay ningún David entre los jugadores de Patronato, al menos nadie tiene esa gracia de primer nombre. Se especuló entonces con algún amigo de un futbolista que utilizó su relación con un protagonista para insertar su historia de amor en medio de un empate en cero. Pero no.

“Es Carlos Morel, el arquero”, confirma la chica. El arquero de Patronato, claro, se chequeará después, se llama Carlos David Morel, de 26 años, nacido en Barranquera, provincia de Chaco.

“Sí, fui yo”, reconoce el jugador. Y narra: “Se me vino a la cabeza, en realidad lo tenía pensado desde el año pasado, pero no se me dio la posibilidad de que venga mi mujer, mi vieja y la nena de mi señora, no se me daba de que estén las tres juntas”. Eso hasta el domingo a la noche. Toda su familia vino esta vez, entre otras cosas o, fundamentalmente, porque Carlos David había cumplido sus 26 años el sábado 2 de febrero.

“No se lo esperaba, no habíamos hablado nada, cuando llegamos acá a casa le di el anillo”, completa. Ella se llama Samanta, su apodo es Samy y no esperó ni dos minutos para responder. Bajó de inmediato desde la tribuna, como en esas comedias románticas, cinco segundos antes de la palabra fin, y le dijo que sí con un beso difícil entre el alambrado.

“Dice mi vieja, que estaba al lado, que se quedó pálida y muda cuando vio el cartel. Bajó en el medio de los alambrados, nos dimos un beso y me dijo que sí”, narra el arquero a El Diario.

Carlos Morel cuenta que conoció a Samy en un restaurante de Buenos Aires y desde entonces, dice, “no nos despegamos más”. Él estaba a la espera de un contrato por firmar en Chacarita y ella vivía allá en Buenos Aires hasta que se conocieron. De aquel primer encuentro ya pasaron más de tres años. Si ése fue el punto de partida de la historia, Carlos Morel resolvió que el nuevo mojón en la vida sentimental de la pareja, resultara entonces, más fuerte e inolvidable. De qué manera sino, que en su propio terreno y con sus herramientas a mano: un cartel en medio de un partido, de un empate anodino y sin gracia, que con la curiosa propuesta del arquero, dejó una nota de ternura y misterio. Eso hasta ahora, que se conoce el nombre del hombre que se animó a declarar su amor en un estadio repleto y conquistó el éxito que no pudo alcanzar su equipo esa noche. Un éxito más profundo y prolongado, claro. Un auténtico golazo que nadie pudo ver, más allá de la admiración generalizada por lo sorpresivo de la jugada.

El Diario

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