¿Un cambio mental puede mejorar su calidad de vida?

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Hay enfermedades que médicamente son consideradas incurables o difíciles de tratar y con pronósticos poco alentadores, circunstancias en las que muchas personas comienzan a pensar en la calma que podrían tener con pensamientos o hábitos espirituales. Pese a que algunos creen que poco o nada la fe tiene que ver con el bienestar del ser humano, la Organización Mundial de la Salud (OMS), que no está vinculada a ningún movimiento o creencia religiosa, ha destacado en su último Congreso, la importancia de la espiritualidad en personas que atraviesan estados críticos.

Elizabeth Santángelo de Gastaldi, portavoz de la Ciencia Cristiana, con sede central en Rosario, hizo llegar a la redacción de El Observador, un informe vinculado a esta premisa, que publicamos a continuación:

“Sin dudas la espiritualidad tiene resultados prácticos, que pueden darse a corto o largo plazo. Cuando la persona carece de salud, se da cuenta de la trascendencia que tiene la confianza y la seguridad, ya sea en sí misma o en los profesionales que la diagnostican o tratan. Porque a través de ellos, el poder de Dios llega a quien lo necesita como única salvación o mejoría. En mi propia experiencia he podido comprobar que el dedicar tiempo al desarrollo de mi consciencia, ha sido fundamental para ir abriéndome a la posibilidad de liberarme de un gran número de temores. Quitarme los complejos superficiales de la vida diaria, siempre me da paz y serenidad al corazón. Este cambio en mi forma de pensar me prepara para enfrentar las adversidades que se me presenten, sabiendo de que con la oración, Dios guiará mi proceder. Este cambio profundo que necesitamos hacer desde el interior de nosotros mismos, produce cambios notables en la manera en que se desenvuelva una sociedad. No hay que plantearse grandes metas, sino pequeños objetivos alcanzables, como modificar el carácter, hecho que generará un impacto en la salud y en el trato con las demás personas. Me permito ilustrar con un ejemplo esta idea: en el trabajo tenía un compañero en la oficina con el cual discutía mucho y la situación me enojaba, al punto de querer tener siempre la razón y no escuchar sus razones u opiniones. Pensé entonces qué habría hecho Jesús en una situación similar y decidí ver a mi colega en su verdadera esencia. Me esforcé entonces por identificar las debilidades de carácter que teníamos el uno y el otro y aunque me costó, pensé los episodios desde el lado opuesto. Para mi sorpresa, empecé a descubrir frente a mí a una persona humilde, dócil, sincera y comprensiva. Hasta esos días antes tenía manchas en mi piel y una constante comezón. Después del acercamiento hacia mi compañero, no sólo las rutinas se hicieron más amenas, sino que la dermis comenzó a tener una apariencia normal. Indudablemente la tensión, los malos pensamientos y sentimientos, me generaban estrés y se manifestaban de esa manera. La tensión y el enojo fueron desapareciendo completamente al igual que las manchas de mi cuerpo. Casos como estos hay cientos, los cuales no encuentran una solución en el consultorio, sino en la armonía del corazón, la mente y el espíritu. Un estudio de la Asociación Estadounidense de Psicología, señala que en dicho país el 43% de los enfermos adultos hospitalizados utiliza la oración como mecanismo de defensa natural, registrándose importantes mejorías en sus problemas de salud. Todos tenemos la posibilidad de experimentar un cambio en nuestro estilo de vida, pero debe nacer desde el corazón. Encontrar paz interior, pedir perdón, exhibir alegría y dar amor, son valores que no tienen costo, pero que nos hacen mejores personas. Quizás muchos descubran como yo, que siempre tenemos a nuestra alcance una buena alternativa para mejorar nuestra calidad de vida y a veces nos rehusamos a emplearla hasta último momento”.

 

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