Reflexiones a 78 años del decreto de la Unión Soviética, sobre el reasentamiento de los “Alemanes del Volga”

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Leandro Hildt, presidente de la Asociación de Descendientes de Alemanes del Volga de Gualeguaychú, en comunicación con El Observador, reflexionó y opinó a 78 años del “Decreto del Presidium del Sóviet Supremo (Unión Soviética), sobre el reasentamiento de los Alemanes del Volga”.

“En Rusia, el Partido Comunista se consolidó mediante la violencia y el terror. Fue creador del ‘Ejército Rojo’, que en 1922 ganó la Guerra Civil contra los ‘blancos’. Tras la victoria se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Los alemanes que habían vivido 160 años en ambas márgenes del río Volga, en el Imperio de los Zares, se transformaron en una República, a partir del 20 de febrero de 1924: la República Autónoma Socialista Soviética de los Alemanes del Volga (RASSAV). A la muerte de Lenin, en 1924, el partido Bolchevique se disputaba la sucesión del poder en las personas de León Trotski y Iósif Stalin. Trotski fue expulsado de la URSS en 1929 y Stalin se quedó con el poder absoluto, convirtiéndose en uno de los más terribles dictadores de la historia. La RASSAV gozó de estabilidad política y económica hasta que la Alemania de Adolf Hitler invadió a la Unión Soviética, el 22 de junio de 1941. Esta invasión desencadenó en el destierro y la expulsión de los alemanes que vivían en Rusia. El régimen desarraigó y deportó a territorios orientales a varios grupos étnicos minoritarios que habitaban la Unión Soviética, entre los que se cuentan también los coreanos, finlandeses, karachais, calmucos, chechenos, ingusetios, balkarios, tártaros de Crimea, turcos mesjetianos, kurdos de Georgia, armenios musulmanes y los griegos pónticos, entre otros. Las autoridades soviéticas dieron como explicación oficial que estas acciones se tomaron en respuesta a una supuesta traición y deslealtad de los mencionados grupos hacia la URSS. A los Alemanes del Volga se les oficializó la deportación el 28 de agosto de 1941, fecha en que se dictó el decreto de expulsión. Al día siguiente de la publicación del funesto decreto, todas las familias de todas las aldeas fueron informadas que debían abandonar sus animales, casas y pertenencias, porque serían deportados en las horas siguientes. Algunos no tuvieron más que 20 minutos para prepararse. En poco tiempo llegaron soldados en carros para cargar a las personas y llevarlos a la estación de tren, desde donde serían enviados. Los que pudieron, habían preparado equipaje con ropa, comida y cosas que consideraron necesarias, pero a los que tenían mucho equipaje, los soldados se los quitaban y tiraban. Los ancianos y niños podían ir sentados en los carros, el resto iba caminando. Algunos sobrevivientes cuentan que en las aldeas donde se demoró más la partida, podían ver el sufrimiento de las vacas con las ubres llenas de leche, sin que nadie pudiera ordeñarlas, porque eran vigilados por los soldados que no les permitían hacer nada. Los que tuvieron tiempo, aprovecharon para hornear pan para el viaje. Cuando llegaron a la estación, estuvieron sentados en el piso, algunos a la intemperie, amontonados y rodeados por los soldados. Cuando llegó el tren, vieron que eran vagones para transporte de animales. Todos tuvieron que subir. Lo hicieron llorando y quejándose por el maltrato… La Alemania de Hitler causó daños irreversibles a las comunidades alemanas en la Unión Soviética. Durante la Segunda Guerra Mundial, la URSS aplicó con vigor la etiqueta de ‘fascistas’ a sus grandes grupos minoritarios alemanes. A diferencia de casi todos los demás pueblos deportados, a excepción de los Tártaros de Crimea, los alemanes étnicos se convirtieron en un blanco asociado con el nacionalsocialismo, el mortal invasor militar y el principal rival ideológico del comunismo soviético. En la guerra contra el nazismo, los alemanes étnicos en la URSS recibieron severas sanciones legales y un estatus de ‘paria’. Era cierto que algunos alemanes étnicos en la Ucrania soviética participaron voluntariamente en la brutal ocupación nazi, pero otros, especialmente a lo largo del Volga, no tuvieron nada que ver con eso. Los alemanes étnicos se encontraron atrapados entre poderes ideológicos y militares… La deportación de los Alemanes del Volga finalizó en enero de 1942. Se desplazó a toda la colectividad de 379.630 personas de ascendencia alemana en la cuenca media del Volga y otros grupos germanos de la URSS, sumando un total aproximado de 1.084.828 personas a Kazajistán y Siberia. Aunque el decreto indicaba que proveería a los deportados asistencia estatal en los territorios orientales, los alemanes del Volga -como los otros pueblos deportados- en realidad se enfrentaron en la nueva ubicación a trabajos forzados y deplorables condiciones de vida. Fueron destinados a los terribles Gulags de la era soviética. Las consecuencias de las políticas de deportación y reasentamiento fueron mortales. Los funcionarios expresaron poca preocupación por el bienestar de las poblaciones deportadas, en consecuencia, alrededor del 33% de los alemanes étnicos deportados, perecieron durante el exilio soviético… En Moscú, el 25 de febrero de 1956, en sesión cerrada del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, Nikita Khrushchev pronunció su Informe Secreto y dijo: “…La Unión Soviética se considera con justicia el modelo de un Estado multinacional, porque hemos asegurado en la práctica la igualdad y la amistad de todas las naciones que conviven en nuestra tierra. Tanto más monstruosos, por eso, son los actos cuyo iniciador fue Stalin y que constituyen una vil violación de los principios básicos de la política nacional del Estado soviético, tal cual la enunció Lenin. Aludimos a las deportaciones en masa, que alejaron de su tierra natal a naciones enteras…” reconociendo de esta manera la inocencia del pueblo alemán del Volga y otras etnias. Pero el daño ya estaba hecho. Además, había impedimentos para volver a las aldeas del Volga, ocupadas mientras tanto por los rusos. La URSS jamás indemnizó a las víctimas y sus familiares por haberles quitado la salud, los bienes, el honor, su identidad y la vida”.

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