Pese a nuevos avances, el Alzheimer no tiene cura y afecta a 24.000.000 en el mundo

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saludSegún estudios mundiales, el Alzheimer afecta a uno de cada 8 mayores de 65 años y a casi la mitad de quienes tienen más de 85. Se trata de una alteración neurodegenerativa primaria sobre la cual, después de 100 años, todavía se está luchando para encontrarle una cura. Se estima que actualmente habría alrededor de 24.000.000 de personas con esta enfermedad en el planeta, cifra que se incrementaría hasta alcanzar los 81.000.000 en 2040. Este aumento se produciría principalmente en las zonas de rápido crecimiento demográfico y densamente pobladas, como China, India y América del Sur.

El Dr. Daniel Heissenberg, médico especialista en geriatría del Sanatorio Adventista del Plata, explicó que “se trata de una enfermedad neurodegenerativa, que se caracteriza en su forma típica, por una pérdida progresiva de la memoria y de otras capacidades mentales y se transforma en un gran trastorno para quien la padece y hasta en mayor medida, para sus familiares y allegados”. El galeno remarcó que “es una de las formas más comunes de los trastornos cerebrales que ocasionan una pérdida en las funciones mentales” y señaló que “esta enfermedad afecta predominantemente a los adultos mayores de 65 años, aunque existen casos de personas más jóvenes. En las etapas iniciales, puede haber cambios del humor y problemas en la comunicación, pero la pérdida progresiva de la memoria es el síntoma más frecuente, como el olvido de palabras conocidas o del lugar donde dejan objetos de uso diario. Estos problemas se van acentuando a medida que la enfermedad avanza, llegando a afectar la realización de las actividades de la vida diaria. En las etapas más avanzadas, se puede comenzar a olvidar la historia personal, se pierde la orientación temporal y espacial, el autocuidado, la higiene y el reconocimiento de familiares y amigos. El cuadro clínico del Alzheimer puede acompañarse además de síntomas psicóticos, como por ejemplo alucinaciones y conductuales, tales como ansiedad, irritabilidad, apatía, trastornos del sueño, entre otros”.

El médico informó que “el diagnóstico de la enfermedad se basa principalmente en una buena evaluación clínica y mental, la realización de determinados tests y pruebas y el cumplimiento de criterios diagnósticos. Además, se deben realizar estudios de imágenes como la resonancia magnética del cerebro y hasta algunos marcadores biológicos”.

En cuanto al tratamiento, Heissenberg dijo que “no hay un curativo de esta enfermedad, sí se utilizan algunos medicamentos con el fin de tratar de retrasar los síntomas o impedir que empeoren por un tiempo limitado. Existen además fármacos para los problemas de comportamiento, confusión, problemas del sueño y agitación. Es bueno también capacitar al cuidador del paciente para la atención óptima del mismo y para manejar las diversas situaciones que se puedan presentar. Es importante la contención afectiva de parte de sus seres queridos, al igual que el apoyo religioso-espiritual, que tiene un papel trascendente, buscando mantener en alto el nivel de confort y la calidad de vida del paciente” destacó.

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