Onicofagia: Los principales 5 peligros por la “mala costumbre” de morderse las uñas

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Morderse las uñas es una “mala costumbre” que muchas personas desarrollan en su infancia y que la siguen teniendo ya de mayores, generando efectos contrarios para su salud. La onicofagia, que es el nombre que se le da a esta práctica, afecta a 4 de cada 10 niños y a un 10% de los adultos.

La Asociación Americana de Psiquiatría decidió reclasificarla hace algunos años “como una forma de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)”. La mayoría de los estudios desarrollados a nivel mundial señalan que entre las principales causas, está la ansiedad, pero con el pasar de los años, se convierte en una “manía”. Los principales peligros son 5, advierten profesionales médicos, entre los que se cuenta la paroniquia, infección de la piel que ocurre alrededor de las uñas. Mientras se mastica las mismas, “bacterias y otros microorganismos pueden entrar a través de pequeños desgarros o abrasiones, causando hinchazón, enrojecimiento y pus”. Esta condición, muy dolorosa, “podría requerir ser drenada quirúrgicamente”.

Por otra parte, como las uñas son un lugar ideal para que las bacterias prosperen, como la E. Coli y Salmoinella, al entrar las mismas en contacto con la boca, llegan directamente al organismo y terminan afectando. Morderse las uñas también puede interferir en la “salud bucal”, ya que con esta práctica de manera constante y sucesiva, los dientes se salen de su posición natural, se deforman y desgastan prematuramente y con el tiempo se debilitan.

Asimismo, la onicofagia tiene consecuencias a nivel psicológico. La persona no solo experimenta un fuerte sentimiento de culpa “sino que a menudo piensa que no es capaz de controlar sus impulsos, como resultado, su autoestima se afecta y pierde la confianza en sí misma”.

Este mal hábito que pareciera inocuo y que es muy común en las personas, provoca en general un deterioro de la calidad de vida, lo que debería ser motivo de una consulta médica. El especialista determinará primero las situaciones que lo provocan, para empezar el respectivo tratamiento.

Un estudio realizado en el Instituto Tecnológico de Israel demostró que las “señales visuales” son muy útiles para dejar de “comerse” las uñas. Los psicólogos y demás investigadores trabajaron con personas que padecían onicofagia. La mitad de ellas fue sometida a una terapia aversiva tradicional, mientras que el restante 50% utilizó recuerdos visuales no removibles (por ejemplo, envolverse los dedos con cintas o en el caso de las mujeres, pintarse de colores fuertes). Al cabo de 5 meses, se pudo apreciar que las personas que usaban las señales visuales obtuvieron mejores resultados. La idea es que cuando se está a punto de llevarse las uñas a la boca, vea la señal de advertencia e interrumpa ese gesto de manera consciente.

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