Juan Dugone, fue el primer aviador de Crespo

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ESCRIBE ORLANDO BRITOS ESPECIALMENTE PARA “EL OBSERVADOR”

La familia de Don José Dugone y de Doña Balbina Rosso, estaba compuesta por sus dos hijos: Juan y César. La propiedad de los Dugone era el triángulo que está enmarcado por las calles Tratado del Pilar y las Avenidas Independencia y Humberto Alfredo Seri. Allí estaba su casa y tenía José un almacén. Juan había nacido el 23 de julio de 1903. Fue el primer aviador de Estación Crespo.

La noticia de “La Acción” de Paraná del 11 de enero de 1922, lo reflejó claramente en el título: “NAVEGACIÓN AÉREA. SE RECIBIÓ HOY EN SAN FERNANDO UN NUEVO PILOTO CIVIL”. En la nota decía: “En el aeródromo de San Fernando, que dirige el aviador Lawrence León, rindió esta tarde examen para optar al brevét de piloto internacional, el ex alumno de aquel instituto, Juan Luis Dugone. Es el más joven de cuantos actúan en el ambiente de nuestra aviación. Nació en Crespo (Pcia. de E. Ríos) y realizará en breve una gira por el interior, efectuando vuelos con pasajeros en su Curtis J. N. 90HP.”.

El avión era propiedad de Juan Dugone y escribió debajo de sus alas el nombre que había elegido para él: “El Churrasco”. La noticia corrió como “reguero de pólvora” por el pequeño poblado: Juan vendría con su avión a Crespo. Era tema obligado de toda conversación entre los pocos habitantes del pueblo. Entonces llegó la noticia de que Juan, estaba preparando un “raid” aéreo que iniciaría en los campos de aviación de San Fernando y que tendría como objetivo marcar el punto terminal en su pueblo, Estación Crespo. Para ello estaba preparando “EL CHURRASCO”. La fecha ya estaba elegida: el 3 de febrero de 1922 y lo haría con Podestá Casares, piloto también diplomado junto a Juan Dugone. En Crespo se comenzó a organizar una comisión de recibimiento y también una de damas. La gente se anotaba voluntariamente a los grupos de trabajo. La población de Estación Crespo quería demostrarle a su hijo pródigo, el orgullo que representaba tener un piloto de aviación internacional tan joven, el más joven de Sudamérica. Se organizó un banquete en el Hotel Crespo, de Andrés Spoturno, en su honor, y se convocó a todo el pueblo a recibirlo en el lugar donde aterrizaría Juan Dugone con su ya famoso “Churrasco”.

El día anterior llegó al pueblo el mecánico Luis Sotelo, para elegir el terreno donde debía aterrizar el avión. Se eligió el campo que estaba ubicado al costado de la casita del guarda-aguja, hoy calle Rocamora y el Churrasco empezaría a tocar tierra aproximadamente unos trescientos metros antes (Dorrego y Rocamora), por lo que es hoy Rocamora y en sentido Este-Oeste o en la misma dirección que tiene hoy el tránsito de esa calle.

Partieron el 2 de febrero con rumbo a Rosario, donde llegaron 2 horas después. Por la tarde completaron el viaje en 2 hs. 40 minutos. La distancia total recorrida fue de 570 kilómetros. El raid San Fernando- Rosario- Crespo lo efectuaron sin ningún inconveniente. El pueblo de Estación Crespo, como es lógico suponer, se sintió intensamente conmovido y sin distinción se aprestó a recibir dignamente al joven piloto, que vino a ser orgullo del vecindario. Se la recibió con banda de música, organizándose una manifestación que lo acompañó hasta su domicilio, donde su apreciable madre, grandemente emocionada, derramaba lágrimas de alegría.

En lo que es hoy Pasaje Echagüe, estaba el pueblo entero. Cuando bajó Juan acompañado de Isaac Podestá Casares, la gente rodeó “el Churrasco”, la organización fue desbordada, hubo apretujones, aplausos, levantadas en andas, besos, lágrimas y abrazos. La gente lo llevó a Juan por la calle que bordeaba el alambrado del complejo del Ferrocarril Central Entre Riano, por la actual avenida Humberto Alfredo Seri, hasta su casa, en Tratado del Pilar. Allí el pueblo seguía como enloquecido, quería saber algo del piloto, de sus cosas, de su máquina. La gente había festejado la gloria, el triunfo, la perseverancia y por qué no decirlo, también la aventura. Volaba sobre Crespo con su mecánico paseando entre las alas del frágil avión. Todo el mundo quería estrechar en un abrazo y felicitar al piloto de aviación más joven de Sudamérica en el banquete ofrecido. Al otro día, el aviador Dugone realizó vuelos sin pasajeros que eran festejadas por el público, que se dio cita en una gran cantidad. El domingo lo hizo, tal como estaba programado, con pasajeros, siendo tanta la gente que quería volar en ese avión, que tuvo que hacer mas ascensiones el lunes y el martes. El diario “La Acción” de Paraná decía luego: “Crespo ha estado de grandes fiestas honrando así a uno de sus hijos predilectos”.

En 1925, volando en un pueblo de Santa Fe, Juan no vio unos cables tendidos y las ruedas del Churrasco lo tocaron cuando estaba por aterrizar, cayendo la frágil máquina y destrozándose su débil estructura, casi totalmente. Juan Dugone salvó su vida y el avión nunca más volvió a surcar los cielos argentinos y sus restos volvieron a Crespo, siendo depositados en un galpón de chapas de zinc, que la familia Duigone tenía sobre la Avenida Tratado del Pilar.

 

 

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