INTA Paraná realiza pruebas con aviones no tripulados para monitorear los cultivos

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1440 drones [1600x1200]El INTA Paraná y la empresa D&E están experimentando aplicaciones para una nueva generación de aviones no tripulados, comúnmente denominados drones, con el fin de ser utilizados en “Agricultura de Precisión”. En ese marco, el Ing. Agr. Ricardo Melchiori de dicho Instituto, recibió al empresario Luis Adrover, para sobrevolar con uno de estos equipos un lote de producción de maíz, a fin de mapear y reconocer la distribución espacial de plantas tempranamente, como criterio de calidad de la implantación lograda. Esto, junto a mediciones más tardías, permitiría inferir sobre los rendimientos de los cultivos, aseguraron.

Melchiori informó que “en el INTA Paraná estamos trabajando sobre lotes del campo experimental hace varios años, contamos con información antecedente, lo que nos permite caracterizar las variaciones de producción y la respuesta esperable en los cultivos. También queremos ver, en parte, patrones de distribución espacial de las plantas. Si se pueden estar reconociendo tempranamente o no, infiriendo sobre posibles diferencias de rendimiento del cultivo. Esa es la idea de este primer trabajo”.

En cuanto al avión no tripulado, Adrover sostuvo que es tecnología de última generación y remarcó que “volamos con máxima precisión y logrando una muy alta resolución. Se obtiene una gran cantidad de fotos que en conjunto, nos permiten mapear los lotes de producción, reconocer las plantas de manera individual, además de componer la topografía de terrenos, alturas y desniveles y hasta signos de erosión”.

Melchiori agregó que “con D&E compartimos una larga experiencia en el desarrollo y uso de sensores remotos con fines de diagnóstico del estado nutricional de cultivos. Con esta nueva herramienta que se dispone, vamos camino a desarrollar aplicaciones para complementar el uso de sensores montados en aplicadores autopropulsados”.

 

Experiencia nacional

 

Equipados con cámaras para sacar fotografías o filmar en alta definición, estos equipos pueden ser aviones, helicópteros o tener otra forma. Entre los usos más destacados, se encuentran los relevamientos topográficos, que ayudan a identificar zonas del terreno susceptibles de erosión y a confeccionar mapas detallados de las labores agrícolas, lo que le permite al productor elaborar estrategias para hacer más eficiente el uso de insumos en el campo.

Los drones pueden detectar malezas sobre rastrojos, estimar rindes, daños por heladas y pérdidas por granizo, realizar un seguimiento del cultivo a partir de imágenes multiespectrales, detectar enfermedades, insectos, malezas en el cultivo y hasta el desplazamiento del ganado. Por otro lado, la integración de dispositivos de geoposicionamiento global, permite direccionarlos bajo un recorrido preestablecido y no depender de la pericia del piloto que lo maneja desde tierra con un control remoto.

“Existen drones equipados con GPS que pueden salir desde una base, realizar el vuelo con un día y hora prefijado y una vez terminada la tarea pueden volver a la base para cargar la batería y quedar listos para el próximo vuelo”, indicó el técnico del INTA Manfredi, Andrés Méndez, quien explicó que “algunos pueden estar sincronizados con los datos de alguna estación meteorológica que habilite el vuelo en tiempo real, según las condiciones del clima”.

De plástico, fibra de carbono, aluminio o hasta de una especie de gomaespuma densa, los equipos voladores no tripulados pueden hacer que los productores reemplacen la tradicional recorrida a pie por el campo, donde a veces es difícil caminar por los cultivos, por un dron que le va a permitir hacerlo desde el aire y con mayor precisión. El peso, la estabilidad y el equipamiento que se quiera tener, determina el costo de los equipos que pueden variar desde U$S 300 a U$S 70.000. Uno de los factores que define el precio es la cantidad de motores que posea. “Cuántos más tenga, mayor será la estabilidad que se logre y por lo tanto, mejores imágenes se obtendrán”, añadió Méndez.