Gutiérrez: “Lo más grato que te deja el fútbol, no se vincula netamente a los resultados”

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foto 3Los archivos se abren y emergen de sus hojas amarillentas, recuerdos interminables. Lejos de ordenarse cronológicamente, se van acomodando según cómo los recupere la memoria. Mientras cada uno se ubica en su lugar, automáticamente surge otro episodio que lleva el recorrido a otro lugar y tiempo completamente alejados de los que estabas rememorando. Con diferentes protagonistas, con escenografías distintas y situaciones cambiantes. Todo sirve para ilustrar el sendero de la vida de una persona.

Humberto Beto Gutiérrez tuvo un mano a mano con El Observador Deportivo para narrar cada una de sus vivencias como futbolista, de las que se destacaron los momentos más brillantes, como también aquellos que suelen cubrir de tonos grises el andar del hombre. No fue para alimentar la nostalgia, sino más bien para resaltar al adolescente que sorteó una interminable cantidad de barreras para destacarse en lo que siempre quiso hacer: jugar al fútbol. El aspecto sacrificado aquí narrado, fácilmente puede emplearse como ejemplo en cualquier aspecto de la vida cotidiana.

El wing derecho que nació futbolísticamente en Unión de Crespo, terminó su carrera en Cultural, ayudó en la formación de Gabriel Heinze y llegó a jugar en el fútbol grande de la AFA con un equipo tucumano, habló de cada uno de sus pasos, de las caídas y de los triunfos, reflexionó sobre la dirigencia y la conducta de los futbolistas, se emocionó con los recuerdos de su gran técnico (Hugo García) y del presente con su amigo del alma (Carlos Unrrein), dos cuestiones ubicadas entre lo mejor que le dio el fútbol, lejos de los resultados.

Si lo conoce, revivirá aquellos momentos futbolísticos de los 70, 80 y 90 junto a los nombres de quienes aparecían en los diarios y revistas del país. Si no tenía mayores datos sobre él, igualmente será atrapado por su historia.

– ¿Cómo llegaste a Rosario Central?

– Hice las inferiores en Unión de Crespo y a los 15 años debuté en Primera de la Liga Paranaense. De allí me fui a las inferiores de Rosario Central donde estuve de 1976 hasta mediados de 1978, cuando me compró Atl. Concepción de Tucumán. A Rosario me llevó Miguel Zapata, a una prueba en el 75. Ese año no quedé porque no había lugar en la pensión. Insistimos al año siguiente y me tomaron.

– ¿Con quiénes compartiste campos de juego?

– En la Cuarta División, con la que salimos campeones, el DT era Marcelo Pagani (un conocido empresario textil). Allí jugaban Omar Palma, Sperandío, Castro era el 9… Llegué a jugar en Tercera y hasta tuve algunos entrenamientos con la Primera.

– ¿Dónde te quedabas?

– Estaba en la pensión. Vivíamos en calle Mendoza. El club nos daba hospedaje y la comida. Íbamos a comer en la sede de calle Mitre. Todos los días viajábamos a practicar en colectivo, eso lo “bancábamos” nosotros.

– ¿Qué vivencias recordás?

– Tengo grandes recuerdos, experiencias vividas con chicos que después llegaron a trascender en Primera. Además de los que te nombré, estaban Walter Fernández que fue figura en Racing Club, Balbi o Daniel Teglia con quien todavía seguimos en contacto porque hicimos una gran amistad.

– ¿Llegaste a codearte con los de Primera?

– Sí, te cuento una anécdota. A veces no teníamos plata para tomar el colectivo desde el centro hasta la Ciudad Deportiva en Granadero Baigorria. Entonces hacíamos dedo en una garita y quien nos llevaba varias veces era Mario Kempes, que venía de jugar en Instituto de Córdoba y lo había traído Carlos Griguol, el DT de la Primera Canalla. Nos cargaba en un Torino 380 blanco que tenía, era una joyita, un furor ese auto en aquellos tiempos. Era un tipazo. Llenaba el auto de chicos y nos íbamos a entrenar.

– También había que ahorrar unas monedas.

– Practicaba a la mañana y por la tarde trabajaba en el club. Daba una mano en lo que fuera. Estábamos sin un peso, el club nos daba comida y pensión, para el resto teníamos que rebuscárnosla.

foto 4 a– ¿Qué hacías?

– Juntaba pasto, carpía, le ayuda a un señor que mantenía en condiciones la cancha y otras instalaciones. Nunca me olvido la imagen: él iba manejando un tractorcito y yo iba tirando el pasto arriba del acoplado. Así me ganaba unos pesos. Volvía a la pensión, me bañaba y salía para la escuela porque había dejado en 3º año y quería terminar la secundaria. Pero no era sencillo.

– ¿Cómo llegaste a practicar con el plantel superior?

– En divisiones inferiores tuve como técnicos a Pagani, a Jorge Indio Solari y a Francisco Pancho Erauskin (coordinador de todas las categorías). Todas las semanas, Pancho le daba como premio a un chico que se había destacado, la posibilidad de entrenar con la Primera. Tuve la suerte de ir un par de veces al estadio de Arroyito. En el vestuario me cambiaba con Kempes, Aimar, Killer, Aldo Poy, González, un uruguayo marcador de punta. Calladito, escuchando lo que decían, nada más. Teníamos un gran respeto, los tratábamos de “usted”. Eso sí, en las prácticas nos jugábamos la vida porque nos estaba viendo el DT de Primera y eso nos servía mucho para seguir progresando. Recuerdo en una ocasión, terminada la práctica, Griguol separó un grupo de jugadores para una especie de torneo de penales, el que convertía seguía participando. Entre ellos quedamos Kempes y yo. El arquero era Carlos Biasutto, una bestia, enorme…Con 16 años me temblaban las piernas. Naturalmente ganó Mario, la metía en todos lados.

– Kempes todavía no había explotado…

– Tenía 22 años y lo había traído Griguol de Córdoba. Era desconocido en el fútbol grande. En el primer partido la rompió, metió un par de goles y la gente de inmediato se dio cuenta que era crack. Cuando Carlos lo tenía en el banco, el hincha lo pedía.

– ¿Cómo era el Kempes futbolista?

– Reunía muchas condiciones, era hábil con la pelota y potente. Un zurdo formidable que solía tirarse atrás para empezar la jugada, pero con mucha llegada y gol. En la actualidad no hay, creo que tampoco hubo, alguien como él. Sacando claro, a pesados como Maradona o Messi. Tenía una gran fuerza, era imparable. Fue uno de los mejores jugadores del mundo que vi.

– ¿Y vos?

– Siempre fui delantero. En los últimos años cuando volví acá (Crespo), jugué como volante. En aquellos años se empleaban tres hombres en ofensiva, era 4-3-3 el dibujo táctico. Dos por afuera y uno por el medio. Yo era delantero derecho, extremo. Era veloz para desbordar y asistir, también llegaba al gol, tal fue así que en Tucumán, durante el segundo año que estuve allí, salí goleador de la Liga.

– De Rosario a Tucumán siendo un adolescente.

– Pasé a Atl. Concepción de Tucumán que estaba jugando la Liga cuando tenía 19 años. En ese tiempo el club mantenía un convenio con Rosario Central, algo similar a lo que se ve hoy entre Colón de Santa Fe y Unión de Crespo. Informaron que buscaban un delantero y me llevaron. Personalmente quería quedarme en Central, anhelaba debutar en Primera y sentía que estaba haciendo bien las cosas. Pero tuve una serie de lesiones, un desgarro muy importante que me afectó en el rendimiento. Entonces no tenía continuidad. Me salió esa oportunidad y me fui. Me hablaron de un contrato, de dinero y tomé la decisión. Fueron los primeros pesos que gané jugando al fútbol. En Tucumán di el gran salto en mi carrera. Nadie daba un centavo por ese equipo, era una entidad humilde en la banda del Río Salí a 3km de San Miguel. En ese tiempo lo respaldaba el ingenio azucarero de la ciudad. Era la empresa que solventaba al equipo. Ganamos la Liga y pasamos a jugar el Regional que te daba el ascenso a los viejos Torneos Nacionales de Primera División de la AFA. Esos Regionales eran eternos, fuimos a jugar a Cipolletti de Río Negro, Andino de La Rioja, Altos Hornos Zapla de Jujuy, Atl. Ledesma de Jujuy… Era muy difícil ascender, sin embargo lo logramos con gran humildad, sacrificio y un técnico enorme como Hugo García que luego fue DT de Colón (Santa Fe) y lamentablemente falleció en un accidente automovilístico. Él me enseñó todo en el fútbol, inclusive cuando pasó a dirigir a Ledesma me llevó con él. Era un padre para todos nosotros.

foto 5 a– Tenías 19 años, te fuiste solo a Tucumán, lejos de todo, afectos, casa, amigos. Es difícil hasta para los chicos de hoy.

– Estaba convencido de que quería ser jugador. Eso lo tenía muy claro en mi cabeza.

– Ese Concepción era un grupo compacto.

– Totalmente, combativo y unido. No había alguien que se destacara fuertemente sobre el resto. Cada uno sabía la función que debía cumplir y la teníamos que respetar. Formamos un equipo notable, no nos podía ganar nadie.

– De Tucumán a Primera…

– Fue increíble, nadie tenía tanta fe en nosotros. Jugamos el Nacional. De una Liga del interior pasamos al fútbol grande, imaginate. El sueño de todo jugador. Nos medimos contra Independiente, Ferro, Quilmes, Newell’s, ni más ni menos. El Rojo, equipo muy copero de aquellos años, formaba con Clausen, Villaverde, Trossero y Mario Killer; Giusti, Osvaldo Pérez y Bochini; Alzamendi, Galliussi y Clariá.

– ¿Pudiste demostrar tus condiciones contra alguno de esos equipos?

– A Newell’s le ganamos 4 a 1. En las viejas síntesis de El Gráfico salí figura con 9 puntos, está la foto mía al pie de esa crónica. El periodista me dijo que no me dieron un 10 porque no hice ningún gol. Le dimos un buen golpe a ese gran equipo. El DT de la Lepra era Teófilo Cubillas y jugaban Gallego, Daniel Killer, Yazalde…

– ¿Por eso te llamó Newell’s?

– Cubillas me puso el ojo y me marcó. Fue así: vine de vacaciones a Crespo, estaba en mi casa de barrio Guadalupe y un amigo recibió un llamado telefónico donde le dijeron que querían ubicarme. Era Cubillas pidiendo que me pusiera en contacto. Había un solo teléfono en toda la cuadra, imaginate lo complicado que se hacía, no era como en estos días. Este amigo me dio un número telefónico al que tenía que llamar. Primero no lo creía, pero llamé y era verdad, me atendió un intermediario de apellido Santos que me dijo que preparara el bolso porque se iban de pretemporada a Monte Hermoso. Me fui a Rosario solo y con un bolsito. Tenía 21 años.

– ¿Qué pasó?

– Cuando llegué a Newell’s, me abrieron la puerta y me enteré que Cubillas no era más el entrenador, no renovó y se había ido a Olimpia de Paraguay. El entrenador era Juan Carlos Monte. Mi error en ese caso fue no haberlo llamado a Cubillas directamente para decirle que estaba en condiciones de ir a jugar. Monte no me había pedido. “Vamos igual a la pretemporada y ahí evaluamos”, me dijo. Pero yo no había ido a probarme, sino porque me habían llamado.

– Habían muchachos de peso.

– Subí al colectivo, levanté la cabeza y estaban el Tolo Gallego, Killer, Simón, Yazalde, Santamaría…Me encontré con esos jugadorazos después de haber salido de barrio Guadalupe, me temblaban las piernas realmente.

– ¿Cómo te trataron?

– Compartí la habitación con Roque Alfaro, otro entrerriano que también se había incorporado al equipo. Escuchábamos a Los Hermanos Cuesta y nos cargaban todos porque no los conocían. “De dónde m…sacaron esa música”, nos decían. Pero más allá de eso, en una ocasión me hicieron ir a una habitación donde estaban Gallego, Killer, Yazalde y Santamaría, los que manejaban el equipo, eran los verdaderos líderes. Me sentaron en la cama y me dijeron: “Pibe, nosotros te venimos viendo, andás bien, así que quedate tranquilo que vas a tener nuestro apoyo. No te preocupes por nada”. Unos fenómenos. Me hicieron sentir como uno más, eran líderes de verdad. Yo les expliqué que era complicado para mí compartir un plantel con tantos buenos jugadores y demás. Jugué inclusive un par de amistosos, entre ellos nos enfrentamos a River Plate en Trenque Lauquén donde me marcó Tarantini.

– ¿Qué te dijo Monte luego de la pretemporada?

– Al retornar a Rosario, en la primera práctica en Parque Independencia, el profe de Monte se acercó y me dijo que no me iba a tener en cuenta. Entendí como venía la mano, no era jugador de él. No me había pedido. Después de eso volví a Concepción donde jugué otro Nacional y luego pasé a Atl. Ledesma de Jujuy.

foto 6 a– Te fuiste con Hugo García.

– Él me llevó a Ledesma, no nos fue demasiado bien. Luego de salir campeón de la Liga, jugamos el Regional donde perdimos un par de partidos y lo echaron injustamente. Era apenas una mala racha, no le dieron tiempo a nada. Me acuerdo que la última charla táctica que nos dio, contra Altos Hornos Zapla, la hizo llorando. Eso me tocó muy fuerte, como él había estado a muerte conmigo, en el entretiempo me cambié y no salí a jugar. “¿Qué hace Humberto?”, me dijo. “Me voy con usted”, le respondí. Fue un error porque pudieron más los sentimientos hacia Hugo que el profesionalismo que uno debe tener. Además eso provocó que los dirigentes de Ledesma dieran miles de vueltas para darme el pase.

– Finalizó la experiencia de esas tierras.

– Retorné a Entre Ríos para jugar en Patronato en 1984. Tenía 26 años. Jugamos la Liga y el Regional. La Pulga Ríos era el entrenador y jugaban Armando Sosa, Vicente, la Mona Pesoa, Avellaneda, Silva, Romero, Julio Schmidt de Crespo, Miguel Schmidt era el arquero, Carlos Alcides González quien recién arrancaba su gran carrera. Él venía de Cultural y jugaba como volante central o por derecha. Reunía marca y buen manejo de pelota. Una gran virtud suya era el cabezazo, tenía un salto notable.

– ¿Había acompañamiento de la gente?

– Sí, tenían muchas ilusiones. Pero mirá vos cuándo recién se le da el ascenso a Patronato. Pasaron varios años. Lo que sucedía en aquellos días, era que se cambiaba el cuerpo técnico en todos los torneos, no había una continuidad de trabajo, una base de equipo. Lo que sí se vio en estas últimas temporadas cuando llegaron al Nacional B.

– Ahora en los encuentros de la Liga, va muy poco público.

– En Patronato, la gente que ves en la cancha hoy, antes nos seguía en la Liga. Por supuesto que en menos cantidad, pero tenías un gran respaldo. En Crespo también sucedía lo mismo. Se jugaban clásicos con las tribunas colmadas. Después se fueron dando numerosos motivos que llevaron a que el hincha comenzara a alejarse de los estadios. En ese aspecto todos somos culpables, dirigentes de la Liga, directivos de los clubes, jugadores, el simpatizante… Los futbolistas deben ser más profesionales a pesar de jugar en un mundo amateur. Profesional en el cuidado antes del partido y en acudir a los entrenamientos. En la época que salimos campeones con Cultural, si jugábamos el domingo no salíamos a bailar. Hoy un chico de 16 ó 17 años que está en Primera, va al boliche hasta las 4 ó 5 de la mañana. Tenemos que ayudar entre todos para que esto mejore.

– ¿Por qué debutaste tan joven en Unión?

– Debuté a los 15 años con David Pfharer como entrenador. Venía jugando en Cuarta como le decían en aquellos años a la Sub 20, y en un partido ante Banfield hice 7 goles…

foto 9– …

– Fue un récord, salió un recorte en El Diario inclusive. El partido terminó 8 a 0. Una de esas tardes en las que te sale todo lo que hacés. Ahí subí a Primera y no largué más. Jugaba con Ruso Bruner, Tacuara Miño, Rubén Zapata, Rubén Goette…un equipazo. Volví a Unión luego de pasar por Patronato. Lo hice para jugar y trabajar en las divisiones menores. Siempre digo que quienes nos desenvolvimos en las inferiores en esa época, sembramos una semilla que actualmente está dando resultado. Yo pedía 20 pelotas para practicar con los chicos y se reían. Por suerte ese tema mejoró muchísimo, ahora tienen elementos para trabajar con tranquilidad y hacer diversos ejercicios. Inclusive cuentan con profesores en cada división, está muy bien. En mis años fue una lucha fuerte para lograr esas cosas. De esas divisiones infantiles de Unión, salieron Juanjo Jumilla, Javier Roth, Cachito Weinzettel y demás.

– ¿Y después? Te cruzaste de vereda sin escala.

– Fui a Cultural con el mismo proyecto: jugar en Primera y trabajar en las divisiones menores. En Unión no arreglé para continuar y me llamó ADyC. Estaban Jorge Heinze, Rubén Alba y Cleto Gareis, los tres con sus respectivas señoras eran los principales dirigentes. Ahí se dio el primer contacto con el Sonry (Gabriel Heinze) cuando tenía 8 años. Por fortuna Jorge era muy futbolero y todo lo que le pedía, lo trataba de conseguir. Tal fue así que en una ocasión hicimos el primer viaje largo con los chicos para jugar un torneo en San Miguel de Tucumán. Fuimos en un colectivo del club, eran más de 40 pibes arriba y yo me acomodé en el pasillo porque no había más lugar.

– ¿Viajó Gabriel?

– Sí. De esa experiencia recordamos siempre una anécdota. Al Sonry le tocó ir a dormir a Yerba Buena, una localidad al pie del cerro, en una vivienda muy humilde. Cada chico era hospedado en casa de familia. Tenía el baño afuera y no había ducha. Entonces Gabriel no quería ducharse. Imaginate, tenía que ir afuera, bañarse en un fuentón y demás, el pibe se dio un par de chapuzones y listo… Estoy hablando del Sonry Heinze, para que veas cómo arrancó un jugador que luego llegó a triunfar como lo hizo.

– ¿Sus condiciones eran las que se vieron como profesional?

– Sí, reunía sacrificio, entrega y voluntad. Igual que hoy. En un partido por la Liga con su categoría, yo tenía los 11 jugadores justo y me faltó el arquero. No sabía qué hacer, estaba a las vueltas hasta que él se levantó, me miró de frente y me dijo: “Beto, yo atajo, yo soy el arquero”. Jugaba en cualquier ubicación. Originalmente era defensor por izquierda, pero ocupó el puesto de defensor central o de volante por afuera. Cuando veía que el equipo no llegaba al arco rival, se sumaba al ataque, empujaba de una manera increíble y con apenas 8 años. Eso fue real, no lo cuento porque triunfó, quienes lo conocieron de chico saben de lo que hablo. Obviamente que era muy travieso también, lo eché varias veces de las prácticas. En la cancha a veces era calentón, sobre todo a la hora de defender a sus compañeros, no quería que nadie lo pasara por encima, ni a él ni a nadie del equipo. También era muy ganador, no le tenía temor a ningún rival y ordenaba a sus compañeros. Ese carácter lo fue demostrando a lo largo de la carrera. Lo que cosechó lo hizo gracias naturalmente a las cuestiones futbolísticas, pero también a su temperamento. Yo pienso que si no hubiese sido jugador de fútbol, igualmente hubiese triunfado en cualquier campo de la vida que emprendiera. Porque la persona tiene que ser así como lo es él. Se nace de esa manera y también te lo inculcan los padres.

– Igualmente nada fue de color de rosas en su carrera…

– Para nada, le costó muchísimo llegar hasta donde está hoy, fundamentalmente en los primeros años. Nada le vino de arriba. Cuando estaba en la pensión de Newell’s, a veces lloraba todo el día porque extrañaba a Crespo, su familia y sus amigos. Estoy seguro que en esos años, los chicos de la pensión no comían ni dormían con comodidad. Era un sacrificio enorme. No es para cualquier adolescente de 15 ó 16 años. Están quienes después llegan y quienes se quedan en el camino, es una elección que debe hacer la persona dejando muchas cosas de lado. Pero en la vida misma es así, optar por uno u otro camino.

foto 7– Se dice que comúnmente debés tener algo de suerte…

– Sí, son varias cuestiones que se deben dar, tenés que reunir condiciones y estar preparado para aprovechar las oportunidades que surjan. Cuando estaba el Sonry, se lesionó Daniel Fagiani, el lateral zurdo titular que tenía Newell’s, creo que el reemplazo natural andaba con problemas y ahí fue que lo convocaron cuando jugaba en Tercera. Sacó todo lo que él era. Tenía que demostrar sus condiciones, esa era la oportunidad. Hizo lo que estaba a su alcance y lo aprobaron dejándolo en el primer equipo. Posteriormente cuando triunfó en Europa, fue gracias a su gigante profesionalismo. Fue campeón en las mejores ligas del mundo. Una persona que se mentalizó para estos objetivos.

– Varios colegas lo eligen como referente o líder positivo. Recuerdo palabras de Fernando Gago o Daniel Osvaldo, que lo tuvieron como compañero en Roma.

– Es verdad, lo mismo opinan otros jugadores que estuvieron con él en la Selección o hasta el propio Diego (Maradona) dice maravillas del Sonry. Por algo, Marcelo Bielsa, uno de los mejores técnicos del mundo, lo convocó a la Selección por primera vez. Hizo todo un seguimiento cuando la prensa porteña no lo conocía, después escribían artículos de “¿Quién es Heinze?”. Para convencer a la gente, le costó. Inclusive todavía es criticado y ni hablemos de parte del periodismo de Buenos Aires, que aún no le reconoce lo que ha obtenido.

– ¿Qué pensás de las críticas de los periodistas?

– Él no se casó jamás con ninguno. Siempre fue de esa manera y algunos no te lo perdonan. No se hizo amigo de nadie. Tenés que ser una especie de político en ese ambiente para no ser criticado, manejarse de cierta forma. Pero el Sonry era espontáneo y natural. Sé fehacientemente de dos periodistas que toda la vida lo mataron porque no les daba ni la hora. En nuestra época no sucedía ese tipo de cosas, el periodista hablaba mal o bien de lo que veía en la cancha y punto, sin una amistad fuerte con el protagonista. Pero el fútbol se ha convertido en un enorme negocio, en el que el futbolista debe saber cómo declarar, qué decir y qué no. En las trasmisiones te das cuenta cuando un periodista no quiere a un jugador. Si lo critica reiteradamente, es porque algo pasó en el medio. También sucede en el caso contrario cuando “infla” sus condiciones llenándolo de elogios. Algo hay detrás. La gente a veces no se da cuenta de esas cuestiones y asimila los conceptos del relator o comentarista, los incorpora y les cree.

– Volviendo a tu carrera, parece que siempre apuntaste al norte…

– De Cultural me fui a San Martín de Tucumán en 1987, equipo que jugaba en la Liga Tucumana. Estaba Nelson Chabay de técnico quien después lograría el ascenso a Primera, lo golea a Boca Juniors en la propia Bombonera y en 1995 lo asciende también a Colón de Santa Fe. Tuve mala suerte, llegué y a los 20 días me fracturé. Fue la misma lesión de Maradona en Barcelona, me rompí los ligamentos del tobillo y tuve fractura de peroné. Me operaron y estuve 8 meses parado, volví, no me sentí bien durante mucho tiempo hasta tal punto que pensaba que no iba a jugar más. Igualmente retorné, pero me fue mal y jugué muy poco. Pasé a Argentino Quilmes de Rafaela, que actuaba en la Liga. Primero intenté suerte en Atlético Rafaela de esa ciudad pero sin fortuna. En 1990 me volví definitivamente a Crespo. En 1996 salimos campeones con Cultural en la Liga Paranaense. El primer y único título del Celeste.

– ¿Cómo formaba ese equipo?

– Daniel Waigel; Güttlein, Germán Gareis, Laicker, Aníbal Vergara; Elvio Schaab, Hugo García, Cristian Diel; yo, Cacho Silva y Lescano, era la base. Un gran equipo, dirigidos por Mario Lía.

– ¿Bajaste la persiana?

– Estaba en eso y unos amigos de Valle María me invitaron a jugar con ellos, como uno es apasionado a la pelota acepté. De modo que actué en Atlético Valle María un año, luego en Dep. Strobel con un amigo del alma como Carlos Unrrein y también pasé por Atl. Diamantino. En este equipo jugué con Ariel Robles, hoy intendente de Crespo, y Carlitos era el DT. Tenía grandes condiciones Ariel, no llegó a más en el fútbol porque simplemente no se lo propuso, pero era un futbolista notable. Posteriormente estuve dos años sin jugar porque me suspendieron…

Foto 2 atl. concepcion nacional– ¿A quién le pegaste?

– Me agarré a trompadas con un árbitro en la Liga Diamantina.

– ¿Dónde terminaste jugando?

– En 1997 jugué por última vez en un clásico ante Unión, vistiendo la camiseta de Cultural. Fue en cancha de Sarmiento, perdimos por penales. Estaba con una hernia, no podía jugar pero lo hice igual. El que ganaba ese encuentro iba al Argentino B.

– ¿Cómo fue la primera experiencia como entrenador?

– Dirigí a Cultural en 1999. En 2002 me recibí de Director Técnico Nacional en la primera promoción de la escuela de Paraná. En 2009 trabajé nuevamente en Cultural, pero en el banco de la Sub 20.

– ¿Nunca surgió otra posibilidad?

– No, quizás me ven demasiado exigente. Lo cierto es que actualmente es muy difícil trabajar, nuestro fútbol es completamente amateur. Tenemos que ir mejorando en muchos aspectos. Uno no pretende que se transforme en algo profesional, simplemente que se cumpla con cuestiones básicas como la responsabilidad en un proyecto de trabajo. Estoy hablando de todo el ambiente, dirigentes, futbolistas, etc.

– Quizás trabajándolo desde las inferiores…

– En todos los aspectos. En 2009 hice debutar a Retamar, Piray, Matías Exner, Joaquín Gross, entre otros. En la actualidad de esos chicos, muy pocos están en la Primera. Algo pasa. Es verdad que años atrás existía solamente el fútbol, hoy tenés rugby, tenis, básquet, etc. Existen otras cuestiones que los distraen del deporte como el fenómeno de la play station, antes de ir a practicar algunos se quedan horas con los juegos. Es muy difícil comprometer a los adolescentes. Lo lográs demostrándoles que estás haciendo un trabajo fuerte y serio. Mirá el caso de Unión, tiene un convenio con Colón de Santa Fe. Quien está jugando allí, sabe que está cerca de un club de Primera de AFA. Le demuestra al chico que hay un trabajo importante.

– ¿Cómo eran los clásicos de Tucumán?

– Con Concepción enfrenté a Atlético y a San Martín. Después cuando jugué en San Martín, tuve la suerte de jugar otro clásico pero de Liga ante el Decano. Iba un gran marco de público. La hinchada de San Martín era como una mini “12”, la de Boca. Eran bravos, daban un fuerte apoyo.

– ¿Tuviste que defenderte a trompadas alguna vez?

– No. Sí recuerdo en Jujuy una ocasión en que se armó una batahola y me corrieron como 5 jugadores…Imaginate, nunca jamás corrí tanto. Me escondí detrás de un policía para que no me mataran.

– ¿Cuál fue la cancha más complicada?

– La Liga Tucumana era jodida. Por ejemplo íbamos a jugar a Famaillá o Morteros y eran lugares complicados de verdad. En Aguilar, cerca de San Miguel, entrabas a la cancha por un pasillo con la gente de un lado y del otro. Era cualquier cosa. Metían la mano y te agarraban del pelo o tiraban agua caliente. Cuando llegábamos en colectivo, teníamos que ir agachados porque nos tiraban de todo. Esa era presión de verdad. Por eso repito que fue una sensación enorme haber llegado a jugar con Independiente o Newell’s en el Nacional, después de haber vivido todo eso.

– El mejor equipo que hayas conformado.

– Atl. Concepción del primer Torneo Nacional que jugamos.

– Un compañero de equipo en el fútbol grande.

– Alberto Coria, volante zurdo y rosarino. Jugó en Concepción y reunía muchas condiciones. Por acá, en Patronato, me encantaba la Monita Pesoa (Américo), un jugador extraordinario.

– Un entrenador.

– Hugo García. Me enseñó todo. Arranqué con una buena escuela en Rosario Central y después pasé por las manos de García quien, como antecedente, solamente había jugado en inferiores de Quilmes. Una persona fenomenal.

– ¿Cómo te enteraste de su muerte?

– Se mató en un accidente automovilístico cuando estaba en Colón de Santa Fe. Arregló su contrato y el club le dio un Renault 21 nuevo con el que se fue de vacaciones. Cuando volvió de Buenos Aires, se fue a la banquina, tumbó y se desnucó. En ese tiempo yo trabajaba haciendo viajes, iba en una camioneta escuchando una radio de Santa Fe y dieron la noticia. Quedé mudo. Paré, estacioné y estuve un tiempo pensando sin reaccionar. Un golpe tremendo. Teníamos una gran relación, inclusive me quiso llevar como ayudante de campo a Colón, pero en ese momento no me convencí para ir. Fue el DT que me marcó para toda la vida. Era muy similar a Bielsa, quien es para mí otro referente en la actualidad. Veo y siento el fútbol como lo vive él, también en cuanto a lo táctico.

foto 12 a– ¿Qué defensor mejor te marcó en Primera de AFA?

– El Colorado Killer (Mario). Te presionaba bien. Era un caudillo en Independiente. Yo era muy rápido, pero igual resultaba demasiado difícil pasarlo, era otro nivel. De esa defensa de Independiente, eran todos unos genios, Villaverde, Trossero… También lo tuve como marcador a Tarantini, pero en un amistoso con River Plate. El Conejo era todo glamour, facha, unos rulos…le sentías el olor a perfume cuando te marcaba.

– Un amigo que te dio el fútbol.

– Carlos Unrrein.

– ¿Qué fue lo más importante que viviste en esta profesión?

– Son tres cosas puntuales. Haber jugado el Torneo Nacional de Primera División de AFA, enfrentándome cara a cara con todos los monstruos con un club tan humilde. Haber jugado contra Maradona en un partido amistoso. Lo enfrenté cuando todavía estaba en Boca Juniors. Y haber conocido a Carlitos Unrrein, es el gran amigo que me dejó el fútbol, un hermano de corazón. Por suerte tengo muchos amigos del ambiente, pero Carlitos es el que siempre estuvo, tanto en las buenas como en las malas. Tampoco puedo dejar de lado el hecho de haber colaborado al menos minimamente en la formación del Sonry. Las cosas más gratas no se vinculan netamente a los resultados futbolísticos.

– ¿Se te erizó la piel con Diego enfrente?

– Ja. Fue un encuentro amistoso entre Boca Juniors y la Selección de la Liga Tucumana. Cuando jugaba en Atl. Concepción me convocaron para ese equipo. Estaba en el banco e ingresé en el complemento. Recuerdo que en un tiro libre en contra, me ubiqué delante de la pelota para que Diego no jugara rápido. Me puso la mano en el pecho empujándome hacia atrás como diciendo “salí de acá”. No tengo una foto con él porque no lo pudimos agarrar, cuando terminó el partido se quedó un instante pero detrás de él estaba una enorme cantidad de gente y se fue. Se jugó en la cancha de San Martín.

– ¿Qué se le puede decir al chico que está formándose como jugador?

– Que lo tome con responsabilidad, como toda carrera que uno estudia. Actualmente hay grandes posibilidades de llegar para los chicos del interior. Lógicamente que no es fácil, pero hay más puertas. Y cuando llegás con una sola venta, hacés una buena diferencia económica que te ayudará en todo el futuro.

– ¿Cuál fue el golpe más duro que viviste?

– En la cancha de Altos Hornos Zapla (Jujuy). No me olvido más. Fue cuando jugamos aquel partido donde Hugo García lloró durante la charla técnica porque lo habían despedido de Atl. Ledesma. Fue muy fuerte y muy triste porque era injusto. Fueron un par de malos resultados y no le dieron tiempo a nada. Estábamos todos en silencio escuchándolo, él venía despidiéndose tratando de mantenerse firme pero no aguantó y se quebró. No quería irse, amaba lo que hacía.

foto 10 a– ¿Qué afecta negativamente al fútbol?

– No sé si decir que era algo negativo, sí te puedo hablar de algunas cuestiones donde el jugador no la pasa bien. En mi caso recuerdo que en Concepción, quien ponía el dinero era una empresa de ingenio azucarero y para ellos éramos un empleado solamente, un número. Nos tenían tres horas esperando a que se dignen a pagarnos. La dirigencia, en ese sentido, debe cambiar en cuanto al trato con el jugador.

– ¿Y los árbitros de tus tiempos?

– Igual que ahora. Te encontrabas con algunos que eran localistas, otros regulares, algunos buenos, de todo. Si uno era sobornado o no, para eso debías contar con pruebas. En ese sentido, creo en la gente.

– ¿Los rivales te sacaban de las casillas?

– Sí. Era bastante temperamental, pero como jugaba como delantero por afuera estaba en una posición donde no existía tanto roce como sucede en la mitad del campo. Con el pasar de los años, me fui volviendo más chinchudo. Actualmente estamos jugando con los veteranos de Cultural en el Complejo de Chapino en Paraná. Entro a la cancha y mentalmente todavía me siento el mismo. Creo que estoy jugando en la Liga Tucumana o Paranaense. Cuando dirijo, estoy haciéndolo como si fuera la Selección Argentina, me olvido de todo y lo hago con pasión. Grito y quiero ganar de la misma forma que antes. Los muchachos me dice: “Beto, frená un poco, tenemos 50 años y vos querés que hagamos pressing en todo el campo. No embromés”. Es una pasión.

– ¿Qué te saca de lugar?

– Como técnico, cuando no lográs en la cancha lo que practicaste durante la semana. También el jugador que está distraído, tenés que estar concentrado todo el partido. Es tanta la paridad que existe, que no podés darte ese lujo.

– ¿Existe el jugador que vaya para atrás?

– No, yo defiendo a muerte al jugador de fútbol. Eso es mentira.

– ¿Nunca viste algo raro en un vestuario?

– De eso, jamás. Sí me tocó una vez que recibimos un incentivo para ganar un partido. Fue en Tucumán. Eso sucede a menudo. Si aceptás o no, es otra historia. Recuerdo que nosotros no lo hicimos, teníamos una mentalidad ganadora natural con Concepción. Esa actitud estaba respaldada en la educación de Hugo García, debíamos ganar porque era lo que teníamos que hacer. Ahora, para perder, jamás existió.

– ¿Tu hijo era mejor jugador que vos?

– Jaja… Cristóbal jugaba muy bien, tenía enormes condiciones y un gran futuro. Le faltó la pasión y el compromiso que se necesita para llegar al profesionalismo. Pero muchas veces, con eso se nace. Jugó bárbaro hasta los 14 años, hasta que un día me dijo: “Papi, no quiero jugar más porque no quiero prohibirme de salir con mis amigos”. Fue sincero y lo respeté porque si iba a ser jugador, tenía que olvidarse de todo y no es sencillo. Tuvo varias pruebas en clubes y siempre anduvo bien.

foto 11 a– Tenés que dejar muchas cosas de lado.

– Personalmente cuando tenía 16 años y salió lo de Rosario Central, no lo pensé dos veces. Llegué a Rosario y no sabía qué hacer, era un mundo completamente distinto. No sabía cómo tomar el colectivo, me fijaba en el de adelante para saber cómo pagar. Ahora el chico tiene acceso a todo, está más cerca de los afectos con las formas de comunicación que hay. En ese sentido es más sencillo. Las pensiones de los clubes mejoraron de una manera formidable…Ojo que también más allá de que te cuidás, te sacrificás, se te puede abrir la puerta como no. Por eso el jugador tiene que seguir estudiando porque no sabe lo que puede suceder mañana. Está bien lo que hacen los equipos grandes de Primera al exigir a los chicos de las inferiores, que rindan en la escuela. El Viejo Griguol ya lo hacía en Central, no permitía que entrenaran aquellos chicos que no andaban bien en la parte educativa. Pedía los boletines y los controlaba. Yo dejé de jugar al fútbol y tuve que salir a laburar sin saber bien de qué. A remarla de cero. Tenés que estar preparado por cualquier cuestión. No es fácil porque muchas veces entrenan doble turno y los tiempos no alcanza.

Humberto Primo Gutiérrez contó su vida y obra. Es otro ejemplo de lo que significa el precio de la historia. Las hojas de los archivos podrán tener el tono amarillo, podrán archivarse, podrán rasgarse fácilmente, pero lo que allí está volcado nunca podrá borrarse, porque sucedió, pasó, es real y se puede traer a este presente en un chasquido de dedos. Gracias a la memoria, gracias a que alguien pudo escribir un camino y puede dar testimonio de ello.

Finalizada la entrevista, Beto se levanta y va en búsqueda de los recortes, revistas y el mural con el Sonry Heinze. Con el sentimiento a flor de piel recorre cada página comentando cada foto y artículo periodístico. Beto sale de la redacción hablando de fútbol y de las cuestiones que rodean el ambiente. Beto puede estar hablando aún de este deporte porque brota con pasión de sus poros. Y sería un gusto escribir más líneas sobre sus ideas y recuerdos.

VIDA Y OBRA

– Nombre completo: Humberto Primo Gutiérrez.

– Fecha de nacimiento: 13/05/1958.

– Edad: 54

– Debuta en Unión de Crespo a los 15 años.

– En 1976 ingresa a las inferiores de Rosario Central.

– En 1978 pasa a Atl. Concepción de Tucumán, con el que logra el ascenso al Torneo Nacional de AFA.

foto 1– Hugo García lo lleva a Atl. Ledesma en 1982.

– Desembarca en Patronato en 1984.

– En 1985 vuelve a Unión de Crespo. Juega y trabaja con las divisiones inferiores.

– En 1986 va a Cultural como jugador y formador del fútbol menor. Lo tiene a Gabriel Heinze en la cantera.

– En 1987 es adquirido por San Martín de Tucumán. Sufre una fractura de peroné.

– En 1988 deposita sus valijas en Argentino Quilmes de Rafaela.

– En 1990 vuelve a Cultural. Logra el campeonato de Primera en la Liga Paranaense.

– Juega seguidamente en Atl. Valle María, Dep. Strobel y Atl. Diamantino en la Liga Diamantina.

– Cierra su campaña en ADyC en 1997. Su último partido es un clásico ante Unión.

– En 1999 se desempeña como entrenador de la Primera de Cultural.

– Vuelve a dirigir en 2009, nuevamente a ADyC pero en Sub 20.

Fotos:
1- Con la camiseta de Atl. Concepción. Jugaba como puntero derecho.
2- La Revista El Gráfico lo eligió como figura tras una goleada ante Newell’s.
3- Hugo García. El DT que llevó a Concepción al fútbol grande.
4- Recorte de El Diario cuando arribó a Patronato.
5- Con Cultural dio la vuelta de la Liga Paranaense.
6- Recorriendo los archivos y recortes en El Observador.
7- Plantel de Concepción que hizo historia. 
8- Síntesis de su último cotejo en el archivo de El Observador. Fue en un clásico crespense.
9- Foto publicada en El Gráfico. El pie de foto lo define muy bien.
10- En el partido final de su carrera, con la casaca de Cultural, vio la roja ante Unión.
11- El mural con la división infantil donde estaba Gabriel Heinze, quien aparece con la camiseta del París SG.
Mauricio Jacob

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