Francisco habló de los abusos en la Iglesia: “Nos quitó credibilidad”

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El papa Francisco afirmó hoy en una carta a los obispos de Estados Unidos que los abusos sexuales minaron la credibilidad y debilitaron a la Iglesia católica, “especialmente por el deseo de disimularlos y esconderlos”.

“La credibilidad de la Iglesia ha sido fuertemente cuestionada y debilitada por estos pecados y crímenes, pero especialmente por el deseo de disimularlos y esconderlos, lo que ha generado un mayor sentimiento de inseguridad, desconfianza y falta de protección en los fieles”, reflexionó.

“La actitud de ocultamiento, como sabemos, lejos de ayudar a resolver conflictos, ha permitido a los mismos perpetuarse y herir más profundamente la trama de relaciones que hoy estamos llamados a tratar y recomponer”, amplió el Papa. “En los últimos tiempos la Iglesia en Estados Unidos se vio sacudida por múltiples escándalos que tocan su credibilidad en lo más profundo. Tiempos borrascosos en la vida de tantas víctimas que sufrieron en carne propia el abuso de poder, de conciencia y sexual de parte de ministros ordenados, consagrados, consagradas y fieles laicos; tiempos borrascosos y de cruz para estas familias y todo el pueblo de Dios”, escribió.

La larga carta, fechada el 1 de enero, fue enviada a los obispos de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos en ocasión de los Ejercicios Espirituales dirigidos por el predicador de la Casa Pontificia, padre Raniero Cantalamessa, en curso en el Seminario de Mundelein, arquidiócesis de Chicago, del 2 al 8 de enero.

En la misiva el papa dice que hubiera querido ir a Estados Unidos para ayudar a la Iglesia local a afrontar el escándalo, pero que no fue posible por problemas de logística, y la carta quiere reemplazar de algún modo ese viaje. “Somos conscientes -prosiguió el papa- de que los pecados y los crímenes cometidos y todas sus repercusiones a nivel eclesial, social y cultural crearon una impronta y una herida profunda en el corazón del pueblo fiel”.

“Lo llegaron de perplejidad, desconcierto y confusión -agregó-, y esto sirve también muchas veces como excusa para desacreditar continuamente y poner en duda la vida donada de tantos cristianos que ‘muestran el inmenso amor por la humanidad inspirados por el Dios hecho hombre'”.

Según Francisco, “cada vez que la palabra del Evangelio perturba o se vuelve un testimonio incómodo, no son pocas las voces que intentan hacerla callar señalando el pecado y las incongruencias de los miembros de la Iglesia y aún más de sus pastores”.

Una “impronta y herida que se traslada también al interior de la comunión episcopal, generando no exactamente la sana y necesaria confrontación y las tensiones propias de un organismo vivo, sino la división y dispersión, frutos y mociones no del Espíritu Santo sino ‘del enemigo de naturaleza humana’ (San Ignacio, Ejercicios Espirituales, n. 135), que saca más ventaja de la división y la dispersión que de las tensiones y disensos lógicos típicos de la coexistencia de los discípulos de Cristo”.

“La lucha contra la cultura del abuso, la herida en la credibilidad, así como el desconcierto, la confusión y el descrédito en la misión exigen, y exigen de nosotros, una actitud nueva y decidida para resolver el conflicto”, escribió el papa a los obispos estadounidenses.

La lucha contra la “cultura del abuso nos pide la decisión de abandonar como modus operandi el descrédito y la deslegitimación, la victimización y el reproche en el modo de relacionarse”. “Y esto exige no solamente una nueva organización, sino también la conversión de nuestra mente (metanoia), de nuestro modo de rezar, de gestionar el poder y el dinero, de vivir la autoridad y también de cómo nos relacionamos entre nosotros y con el mundo”.

“La herida en la credibilidad exige un enfoque particular puesto que no se resuelve con decretos voluntaristas o estableciendo simplemente nuevas comisiones o mejorando los organigramas de trabajo como si fuéramos jefes de una ‘agencia de recursos humanos’, afirmó el pontífice, según el cual ‘una visión semejante termina por reducir la misión de los pastores de la Iglesia a una mera tarea administrativa-organizativa en la ‘empresa de la evangelización'”.

“Digámoslo claramente -agregó-, muchas de estas cosas son necesarias, pero insuficientes, porque no consiguen asumir y afrontar la realidad en su complejidad y corren el riesgo de terminar por reducir todo a problemas organizativos”.

Hablando de “conversión de nuestra mente” propiamente dicha, y de “conversión misionera y pastoral”, Jorge Bergoglio explicó a los obispos que “sin esta clara y decidida focalización todo lo que se haga corre el riesgo de estar teñido de autorreferencialidad, autopreservación y autodefensa, y por lo tanto condenado a caer como ‘un saco vacío'”.

“En medio de la desolación y la confusión que viven nuestras comunidades”, Francisco invocó “un modo colegialmente paterno de asumir la situación presente que proteja -sobre todo- de la desesperación y la orfandad espiritual al pueblo que le fue confiado”. “La credibilidad será fruto de un cuerpo unido que, reconociéndose pecador y limitado, es capaz de proclamar la necesidad de la conversión”, concluyó (Fuente: El Intransigente).