Familias que luchan y siguen adelante. Esta semana la historia de Carlos y Evelyn

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Acevedo eugeniaEl Observador viene publicando desde hace varios años, historias de vida de familias que fueron y son ejemplo de constancia, fortaleza y deseos de superación. En los primeros días de abril, entrevistamos a Evelyn Acebedo, quien junto a su esposo Carlos Laste, llevan 14 años de matrimonio y que a pesar de haber perdido 2 hijos a pocos meses de haber nacido, se aferraron a dar vida. En ese momento esperaban el nacimiento de Eugenia, lo que finalmente se concretó el 2 de julio pasado a las 6.55, para inmensa alegría de sus padres, familiares y una gran legión de amigos que los acompañan en todo momento.

Esta semana, volvimos a hablar con Evelyn, quien explicó que si bien tenían fecha para el 7 de julio, “como había empezado con contracciones y en los últimos controles se veían que la posición de la cabeza de la bebé no favorecía el parto natural, el Dr. Miguel Oneto decidió que era lo mejor una cesárea y fue así que en la mañana del miércoles 2, llegó Eugenia a nuestras vidas”. Recordó que su hija nació a través del sistema de ovodonación, que es la fertilización de un óvulo de una mujer donante y esperma (también de un donante), que se implanta en el organismo de la madre. “Fue un embarazo tranquilo y sano, no hubo complicaciones de ningún tipo” remarcó Evelyn.   

Fueron momentos difíciles los que tuvo que atravesar esta pareja en sus primeros años de matrimonio. Perdieron a Antonella, su primera hija, cuando solamente tenía 3 meses y padecía microencefalia y atrofia cerebral. Su segundo hijo, Juan Manuel, vivió 9 meses, con un cuadro de microencefalia, mucho más grave que el de su hermanita. Tres meses después, tuvieron la posibilidad de recibir a un nene en adopción, pero finalmente esa posibilidad no prosperó. “Cuando recibimos el ‘ok’ en el Hospital Rivadavia (Buenos Aires) para volver a intentar otro embarazo, consultamos con psiquiatras y psicólogos sobre si estaba bien que busquemos otro bebé. Nunca estuvo en nosotros la necesidad de reemplazar a nuestros hijos por otros. Ellos fueron únicos, pero sí nos había quedado esa sensación de vacío… Después de 6 años, una enfermera que tuvo Juan Manuel, se contactó con nosotros, porque sabía de un bebé y una hermanita que sus papás querían cederle la guarda, pero tampoco se avanzó. Un día, una amiga que fue compañera de la universidad, que actualmente vive en EEUU, me comentó sobre la posibilidad de un tratamiento, en el que no se utiliza el material genético propio, sino que es donado. Comencé a buscar en internet, a leer, lo hablé con mi ginecólogo y me recomendó a ciertos profesionales. Fue así que empezamos la planificación, de a poco y decidimos hacernos este tratamiento, de ovodonación”. Remarcó que “la donación de la mujer de los óvulos, es completamente anónima y no se tiene injerencia sobre la selección. Sin embargo, se busca que sean lo más parecido en las apariencias físicas con la madre que lo recibirá y con respecto al donante masculino, uno puede elegir dentro de una lista de donantes o seleccionar a partir de una entrevista que se le hacen a los mismos. En nuestro caso, decidimos que esa selección la haga el Instituto donde iniciamos el tratamiento y si bien es cierto que se guardan códigos de barra para identificar a los donantes, ante una situación de emergencia o por cuestiones de salud, esos datos son reservados”.

Acebedo explicó que “al tratamiento lo hicimos en Buenos Aires, pero lo iniciamos con la Dra. Mercedes Cabrera de Paraná y quien nos acompañó desde un primer momento, fue el Dr. Miguel Onetto y la Dra. Gloria Waigel, quienes son mi ginecólogo y la pediatra de Eugenia. Ellos nos contuvieron a mi esposo y a mí, nos acompañaron en todo el embarazo, en el parto y en la post cesárea. Nuestra historia hacía que el caudal de sentimientos y emociones sean muy grandes y difíciles de manejar por momentos. También quiero agradecer al personal de Clínica Parque, que nos atendieron de la mejor manera y nos acompañaron en cada momento”.

Finalmente, Evelyn contó que están disfrutando cada segundo, cada minuto, cada hora de Eugenia. “Es un sueño y ojalá lo podamos volver a hacer otra vez, porque más allá de todos los miedos que existieron a lo largo del tratamiento y del embarazo, cuando la vemos a ella tan sana y tan bien, tenemos la sensación de que esto para nosotros, recién empieza”.