Familias que luchan, pero siguen adelante: Hoy la historia de Mirta Martínez

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Nuestra cultura se ha ensañado en demostrar que con fuerza de voluntad se pueden vencer todos los obstáculos y es posible alcanzar cualquier meta que una persona se fije, sin importar cuán utópica sea. A criterio de cientos de pensadores, esta es una verdad a medias. No basta con tener el conocimiento y la energía suficiente como para determinar qué hacer, si además no se tiene disciplina y constancia en el accionar, porque la voluntad puede ser saboteada en cuestión de minutos por un impulso, echando a perder todo el sacrificio previo. Por eso cuando la vida nos enfrenta a una realidad que nos disgusta, estamos obligados a analizar el presente con serenidad y promover el cambio desde la consciencia y el convencimiento. Por estos ejes pasa la historia de Mirta Martínez, quien contrajo matrimonio y vivió en esta ciudad durante 10 años, hasta que en 2007 aproximadamente decidió divorciarse y radicarse en Paraná. Su problema conyugal la afectó emocionalmente, pero por sobre todas las cosas le permitió advertir que padecía un grave cuadro de diabetes, que la llevó a que le amputaran 2 dedos del pie derecho. En diálogo con El Observador, comentó los difíciles momentos que atravesó al enterarse de la enfermedad: “Cuando me separé tuve episodios de estrés muy intensos, que seguramente hicieron que se me bajaran las defensas. Estando ya en Paraná, un día me levanté muy mal, transpirada, con la pierna morada e inmediatamente fui al Hospital San Martín. Ingresé con 600 mg/dl de glucosa, cuando el nivel máximo en un organismo normal es 110 mg/dl. Me dejaron internada casi un mes y medio, porque tenía una infección interna en la pierna derecha producto de la diabetes. Los médicos me dijeron que debían operarme, pero que no sabían si iba a volver a caminar. Les pedí a ellos que no me dejaran sin mi pierna ni mi pie y me encomendé a Dios antes de ingresar al quirófano. Cuando se me fue el efecto de la anestesia sentí que tenía ambas piernas y me comunicaron que me habían amputado el dedo pulgar y el que le sigue del pie derecho. Para sorpresa, durante la operación habían encontrado en medio de ambos dedos un quiste y tuvieron que abrirme, produciéndome una herida de varios centímetros, que según el cirujano sanaría al año aproximadamente, dado el alto nivel de azúcar en sangre que tenía. Al principio me asusté, pero tuve mucha fe y me propuse que mi recuperación sería mucho antes. Incluso le dije al médico que pronto volvería al consultorio manejando mi auto. Él me dijo que ya iba a llegar el momento, pero sólo para alentarme, porque sabía que mis expectativas eran casi imposibles de que se hagan realidad”.

Desde entonces Martínez no sólo cumplió a rajatabla el tratamiento indicado por los profesionales. Durante 6 meses la ambulancia la buscó de su domicilio a las 5.00, para trasladarla hasta el hospital para hacerle las curaciones. Paralelamente cambió su estilo de vida, transformándose en una persona metódica y consciente de lo saludable que es cada alimento y bebida que ingiere, incorporó la actividad física a su rutina y todo eso la llevó a abandonar rápidamente las muletas. A poco de empezar a caminar, se impulsó a retomar sus conocimientos de manejo y lo logró. “Fue una emoción muy grande y una satisfacción para mí ir al hospital conduciendo yo misma. Cuando el médico me vio llegar, me dijo: ‘esa es la voluntad que todos deberían tener y no la tienen’. A partir de que volví a hacer mis actividades habituales, comencé a investigar sobre la diabetes, porque sé que existen muchísimas personas que tienen esa enfermedad y ni siquiera lo saben. O bien, si se la diagnosticaron creen que todo está perdido y no es así”, contó Martínez.

Abordando este tema con mucha responsabilidad, tal como deben ser asumidas las distintas patologías, esta mujer dedicó su tiempo a recopilar publicaciones médicas acerca de la diabetes, buscar estadísticas, entrevistarse con médicos especialistas, evaluar diferentes tratamientos y esa sed de conocimientos la llevaron a estudiar y recibirse de dietóloga, una instancia previa a la licenciatura en Nutrición. Con esa base de saberes, Martínez se encuentra próxima a lanzar un libro de su autoría, destinado a aquellos pacientes que padecen diabetes: “Poco a poco lo fui redactando, para dejar plasmada mi experiencia, que bien puede ayudar a muchos. El escritor Orlando Britos se encargó de las correcciones y me estuvo ayudando en la compaginación y edición del libro, que estimamos va a ser presentado antes de que finalice el mes de mayo. Se va a llamar ‘La diabetes y sus dificultades’ y trata cada una de las tantas consecuencias que acarrea la enfermedad cuando no está controlada”.

Si bien Mirta cuenta con el certificado nacional de discapacidad, que le permite obtener ciertos beneficios y le ayuda a solventar algunos gastos, ella no se siente disminuida en sus posibilidades, pese a las condiciones de su pie. “Convivo con mi enfermedad y me considero una persona tan normal como aquellas que no la sufren. Soy consciente de que siempre tendré que controlarme y cumplo con las indicaciones de los médicos, porque descubrí lo bien que puedo estar aún con el riesgo latente del daño que puede producirme la diabetes si me descuido”, dijo Martínez.

 

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