Familias que luchan, pero siguen adelante: Hoy la historia de la familia Arévalo

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Como todos saben, no tener padres es ser huérfano. Perder al cónyuge es entrar en la viudez. Pero sufrir el fallecimiento de un hijo, no tiene nombre o un adjetivo calificativo. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero a veces las circunstancias hacen que los recuerdos se transformen en enormes espinas, que punzan profundamente el corazón, alma y espíritu cada vez que aparecen. Aún así, hay quienes tienen la suficiente fuerza de voluntad como para sobreponerse a las adversidades del destino, sin reproches a Dios, lamentos o sed de venganza, depositando sus energías en un nuevo propósito que es ni más ni menos que encaminar una nueva vida. En esta edición, El Observador decidió destacar la historia de Rubén Arévalo, un padre y abuelo ejemplar, que aprendió que las nubes grises también forman parte del paisaje. En abril de 2009, su hija Romina fue apuñalada en 6 oportunidades por su esposo Miguel Medrano, tragedia que le causó la muerte en forma inmediata, dejando solo a su pequeño hijo de 4 años. Lejos de poder tomarse el tiempo necesario para elaborar un duelo, Rubén y su esposa Miriam Canosa debieron hacerse cargo del niño, ya que su padre había quedado preso y años después fue condenado a cadena perpetua. Desde aquel tremendo día de dolor, la familia se llamó al silencio, sin dudas tratando de asimilar lo sucedido y fundamentalmente preservando el bienestar psicológico de su nieto.

Esta semana Arévalo habló con El Observador y recordó el principio de este desafío que le planteó la vida: “El 8 de abril van a ser 3 años que estamos criando al niño con mi esposa. Perdimos una hija y nos encontramos con nuestro nieto, que pasó a ser un nuevo hijo. Por suerte la adaptación fue tranquila. Desde que nació, nosotros teníamos un contacto permanente con él. Mi mujer lo cuidaba cuando la mamá se iba a trabajar. Con nosotros convive también mi hijo más chico, que tiene 14 años y al no ser tan grande la diferencia de edades entre ellos (actualmente el hijo de Romina tiene 7) se llevan muy bien. Comparten juegos y se divierten”.

Todo parece haberse encausado, pero las dudas y temores siempre están latentes: “Algunas veces sentimos que no teníamos fuerzas. No sabíamos si lo íbamos a poder llevar adelante y nos preguntamos muchas veces cómo criarlo, si lo estábamos haciendo bien, si lo educábamos a nuestra forma que es un poco a la antigua o si debíamos darle las libertades que se les dan hoy a los chicos. Vamos aprendiendo día a día y lo único que queremos es lograr que sea una persona honesta, con valores y con un buen corazón”, dijo Arévalo.

En pocos días más, el niño comenzará el ciclo lectivo en el Colegio Sagrado Corazón, donde ha cursado hasta ahora. “Es muy inteligente, no tiene problemas con ninguna materia, su comportamiento también es bueno y lo ayudamos para que siga así. Sabemos que va a salir adelante y que le va a ir bien en el trabajo o la profesión que elija”, expresó orgulloso su abuelo. Asimismo, comentó que la familia guarda los pagos de asignaciones que le corresponden, para que llegado el momento, el chico pueda iniciar la carrera universitaria que más le guste, sin que los gastos o la falta de recursos económicos le impidan forjar su futuro.

Caracterizados por la templanza y el sentido común, el matrimonio Arévalo nunca realizó manifestaciones sobre su yerno y aseguran que tienen un buen trato con la familia de Medrano. Acerca del modo en que continuaron los vínculos después del asesinato, Rubén comentó: “Pedimos justicia, sin cargar tintas sobre nadie. Mientras se cumpla la condena, es decir los 25 años de prisión, sin que se le concedan beneficios, estaremos más tranquilos, porque es todo lo que podemos hacer. Nuestro nieto está al margen de toda esta historia. Nos preguntó en alguna oportunidad lo que había pasado, pero le decimos cosas como para que él pueda entender, sin generarle sentimientos negativos hacia nadie. Le explicamos que su mamá se fue al cielo y le contamos excusas de por qué no está su papá. Con mi señora nos cuesta mucho evitar las emociones, sobre todo cuando nos acompaña al cementerio. Nos pregunta por qué su mamá está ahí y es difícil responderle, pero lo hacemos de la mejor manera posible, tratando de no llorar frente a él. Tal vez cuando sea más grande, le contaremos toda la verdad, si es necesario. Pero por ahora se merece una niñez sana y lo más feliz posible”.

Lamentablemente cada día son más y más las familias entrerrianas que viven tristes historias similares, a las cuales Arévalo emocionado les transmitió un mensaje: “En mi caso soy católico y con mi mujer le pedimos a un sacerdote que nos bendiga la casa cuando pasó todo. Hay que tener mucha fe y a quienes atraviesen por esto, les decimos que traten de luchar para salir adelante. Es muy difícil perder un hijo, pero si pasó, ya nada puede volver el tiempo atrás. Sólo queda buscar realizar esos sueños que tenían y que quedaron sin cumplir. Hay que hacerse fuertes por los que quedan y más si son niños…”.

 

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