Familias que luchan, pero siguen adelante. Hoy: La historia de Araceli Lauck

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Existen personas a quienes el destino los pone a prueba, planteándoles dificultades o situaciones inesperadas. Pero lejos de abatirse por las adversidades, a fuerza de voluntad, perseverancia y optimismo, consiguen sobrellevar una vida plena, que los hace sentirse felices. El Observador presenta esta semana la historia de Araceli Lauck, una niña de tan sólo 8 años, que desde que nació le permitió aprender a su familia, que las diferencias son sólo características y que en realidad no existe la “normalidad” sino la diversidad de capacidades.

Viviana y Sergio Lauck son papá de Candela (9) y Araceli (8), a quien a las pocas semanas de haber nacido se le diagnosticó Incontinencia Pigmentaria, afección cutánea que se manifiesta a través de la formación de ampollas y cambios en el color de la piel. Recordando esas primeras consultas médicas, la mamá comentó: “Pensamos que era algo normal, tal vez por la época de calor, hasta que la pediatra sospechó de esta enfermedad, poco usual en las mujeres y comenzaron a hacerse los estudios correspondientes. A los 8 meses fue confirmado el diagnóstico y también empezamos a notar que Araceli comenzaba a mover con dificultad sus miembros derechos. Al ir creciendo, esas dificultades se acentuaron y un neurólogo empezó a darle tratamiento a su trastorno neurológico. Posiblemente por falta de oxígeno en algún momento mientras estaba en el vientre materno, sufrió una lesión en el hemisferio izquierdo, afectándole la movilidad del lado derecho. Sus primeros pasos llegaron a los 3 años”. Los tratamientos interdisciplinarios fueron constantes y de hecho, Araceli está siendo contenida por un equipo de profesionales que controlan su evolución y promueven que poco a poco ella puede realizar la mayor cantidad de acciones posibles de manera independiente, aún aquellas que comprenden una sensibilidad motríz fina.

Los años transcurrieron sin mayores complicaciones, hasta que hace 2 años comenzó a tener convulsiones, que se le manifiestan con vómitos cíclicos, episodios sobre los cuales Viviana manifestó: “Sabíamos que le podrían llegar a ocurrir en el algún momento. A causa de ello estuvo 2 o 3 veces internada, hasta que los médicos dieron con la medicación adecuada, gracias a la cual ahora está estable. Van a hacer 4 meses que no ha vuelto a convulsionar”.

Araceli se prepara por estos días para iniciar el ciclo lectivo, año en el que cursará 3º grado en la Escuela Nº 105 “Patria Libre”, a la que concurre desde 1º grado junto a Melisa, su docente orientadora. “El apoyo que nos ha brindado siempre la escuela ha sido más que importante para su integración y aprendizaje. Se la trata de igual manera que a sus compañeros, como lo hacemos nosotros en casa y eso la desafía a superarse. Las maestras están muy pendientes, se comunican con la terapeuta ocupacional, fonoaudióloga, psicopedagoga y kinesióloga, quienes a su vez trabajan en equipo. Hemos logrado una relación muy linda con cada profesional, que va más allá de la simple atención a un paciente. Para nosotros forman parte de nuestra familia y eso hace todo mucho más agradable. Siempre oramos por ellas, para que tengan sabiduría. Sabemos que podemos contar con ellos en todo momento, sin importar el día ni la hora y eso es invalorable”, sostuvieron los padres.

Este tipo de experiencias sin dudas marcan el estilo de vida de un matrimonio, que debe organizarse y acostumbrarse a tener una rutina distinta al de la mayoría. “Dios nos dio el privilegio de tener a Candela y Araceli y creemos que debe ser por algo. Después de casarnos, nuestro primer hijo falleció. Después se perdieron embarazos y luego vinieron Candela y Araceli, que son nuestras prioridades y que nos han unido como pareja de una manera muy especial. Sabemos que Dios tiene un propósito en la vida de Araceli y nosotros tratamos de acompañar eso. Vivimos juntos este camino. A veces nos sentimos cansados, porque tenemos que ir a los médicos y cumplir los horarios de la medicación. Todo genera gastos extras y la situación económica nos preocupa en más de una oportunidad. Pero la ayuda viene de arriba cuando uno más lo necesita. Dios usa a las personas que menos pensamos para ayudarnos y nos ha sido fiel en todo este tiempo”, dijo Sergio Lauck.

Con mucha emoción y orgullosos de su hija, el matrimonio destacó que “Araceli es muy sociable, no tiene vergüenza, se relaciona con todas las personas sin retrotraerse por alguna dificultad. Juega en el barrio, participa en las actividades de la Iglesia Cristiana, se lleva muy bien con sus compañeros en la escuela y siempre irradia mucha alegría. No se cree inferior a otro chico y eso le permite disfrutar de la vida de niña”.

 

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