Este viernes los arquitectos festejan su día

arquitectosDesde 1996, el 1 de julio se celebra el Día del Arquitecto Argentino, profesional que se encarga de proyectar edificaciones o espacios urbanos y de velar por el adecuado desarrollo de las construcciones. En el sentido más amplio, el arquitecto es quien “interpreta las necesidades de los usuarios y las plasma en formas arquitectónicas habitables y posibles de concretar, desplegando técnica, artística y práctica”.

A nivel mundial, se estableció este día, por disposición de la Unión Internacional que los nuclea. En 1996, una nueva asamblea de esta organización decidió trasladar el festejo al 1 de octubre, con el objeto de hacerla coincidir con el Día Internacional del Hábitat, intentando “fortalecer la responsabilidad de los arquitectos, en la construcción de ciudades y comunidades más saludables”. Pese a esta modificación, la Federación Argentina de Entidades de Arquitectos (FADEA), decidió mantener en nuestro país el 1 de julio como el Día del Arquitecto Argentino, “por hallarse ya enraizado en el calendario festivo local”.

En Entre Ríos, a fines de la década del 80, se creó el Colegio de Arquitectos (CAPER), en un contexto histórico de participación y democratización de las instituciones del país, donde diversos grupos, tras la recuperación de la democracia, buscaban afianzar su identidad e intentaban organizarse en su actividad profesional. Actualmente, la presidencia está a cargo de Mario Coulleri de Chajarí, acompañado en la comisión por representantes de las distintas regiones de la provincia.

Los arquitectos entrerrianos formaban parte hasta en ese entonces, del Colegio de Ingenieros, conformado por distintas profesiones afines, como agrimensores, técnicos, agrónomos y otros. Si bien las distintas matrículas poseían actividades relacionadas, el directorio era un espacio común donde cohabitaban matrículas que tenían especificidades diferentes, con necesidades distintas. Así es como un grupo de arquitectos comenzaron a pensar en la necesidad de conformar un espacio gremial propio y se comenzó a gestar en la provincia la idea de organizar un Colegio autónomo e independiente.

Por aquellos años, funcionaba la Sociedad de Arquitectos, que era una identidad con personería jurídica que se ocupaba del tratamiento de temas que el Colegio de Ingenieros no podía abarcar, “como la realización de actividades paralelas a las tareas administrativas, tanto técnicas como culturales, que formaban parte de los intereses exclusivos de los arquitectos”.

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