El autor de la masacre en escuela brasileña era un joven solitario y fanático de Internet

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Un hombre solitario, raro, introvertido, que pasaba gran parte de su tiempo metido en Internet, y que en los últimos meses se había vuelto un fanático religioso. Así era Wellington Menezes de Oliveira, quien mató a 12 estudiantes e hirió a otros tantos en la escuela Tasso da Silveira (Brasil), por la que los cariocas ya lo han bautizado “el asesino en masa de Río”. Luego se suicidó.

De 23 años, el atacante era huérfano y había sido adoptado de pequeño por una familia con otros cinco hijos. Entre 1999 y 2002, fue alumno de la misma escuela del humilde barrio de Realengo que eligió para cometer la matanza y, tras haber trabajado unos años en un depósito de una empresa de alimentos, estaba desempleado desde agosto del año pasado.

Según una de sus hermanastras, Roselaine, de 49 años, Menezes de Oliveira vivía solo en el vecino barrio de Sepetiba y se había apartado mucho de la familia desde que fue despedido de su trabajo.

“En la época de las elecciones [en octubre y noviembre], vino a mi casa. Nos pareció extraño que tuviera con una barba muy grande. Lo llamé otras veces para almorzar, pero no quiso. Decía muchas estupideces. Estaba todo el tiempo en Internet. No tenía amigos; era muy raro y reservado. Se la pasaba viendo sitios religiosos, con cosas de musulmanes”, señaló la familiar.

De hecho, en la confusa carta que llevaba consigo cuando se suicidó en las escaleras de la escuela, el homicida hizo varias referencias religiosas, pero ninguna vinculada específicamente al islam. Apuntó que quería que su cuerpo fuese lavado y preparado para su entierro por personas vírgenes o que sólo hubieran perdido su castidad después del matrimonio y no se hubieran involucrado en adulterio, y que no quería ser tocado por “impuros ni fornicadores”.

Asimismo, dejó especificado que quería ser envuelto en una sábana blanca que él mismo había colocado en una bolsa en el primer piso de la escuela, y que deseaba ser enterrado junto a su madre adoptiva, Dicéa, que según las autoridades sufría de esquizofrenia y había muerto un año atrás de un infarto.

“Necesito la visita de un fiel seguidor de Dios por lo menos una vez, para que delante de mi sepulcro pida perdón a Dios por lo que hice”, señaló en su misiva.

Sin embargo, al ingresar en la escuela, no hizo declaraciones religiosas ni políticas. De acuerdo con el estudiante Thiago Silva Motta, que lo vio llegar, sólo dijo: “Soy paranoico, pero tomo mis remedios. Vine a dar una conferencia”.

Si bien el subalcalde Edmar Teixeira había dicho que el asesino había dejado escrito que padecía el virus del sida, la carta divulgada a la prensa no tiene esa información. En la casa de Menezes de Oliveira -que él mencionó que donaría a alguna asociación protectora de animales- se encontró otro mensaje de despedida, que no fue revelado. La vivienda estaba totalmente revuelta, con el disco duro de la computadora quemado.

Por su parte, el presidente de la Unión Nacional de Entidades Islámicas de Brasil, Jamel el Bacha, repudió el ataque a la escuela y aclaró que Menezes de Oliveira no tenía vínculos ni con las mezquitas ni con sociedades benéficas islámicas en Brasil, informó La Nación.

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