El 80% de los residuos agropecuarios podría convertirse en energía

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mario-bragachiniSegún la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en el mundo las principales fuentes de emisión de gases (efecto invernadero), son la producción y el procesamiento de alimentos (45%), el metano que libera la digestión de las vacas (39%) y la descomposición del estiércol (10%). La intensificación de las producciones pecuarias trae aparejado un aumento y la concentración de efluentes y sin un adecuado tratamiento, generan un fuerte impacto ambiental.

Graciela Magrín, del Instituto de Clima y Agua del INTA, dijo que “la amenaza más grande es el cambio del uso del suelo y los impactos en el calentamiento del planeta… Tuvimos un cambio en las medias de los valores climáticos, pero también en la variabilidad del clima”.

Según el especialista del INTA, Marcos Bragachini, “la bioenergía puede ser una solución inmediata al límite de crecimiento o desarrollo que tiene una gran región del país por falta de energía, ya sea aprovechando residuos pecuarios o agroindustriales o generando cultivos energéticos para ese fin”.

En la producción pecuaria, la alimentación se basa principalmente en maíz, soja, sorgo, trigo y pasturas. “El sistema digestivo del animal no es tan eficiente como para aprovechar toda la energía o la proteína que tienen estos forrajes, por lo que en el desecho (estiércol y orina) quedan partes de nutrientes y energía no aprovechados por el animal”. Por eso, no manejar los residuos implica, además del deterioro ambiental, una fuga de energía que podría aprovecharse para producir biogás y biofertilizantes.

Nicolás Sosa del mismo Instituto, indicó que “la intensificación y concentración de la producción en los sistemas pecuarios argentinos, trae aparejado el problema de la generación y acumulación de efluentes y residuos sólidos”. El objetivo es disminuir su carga de contaminante para no ocasionar daños y aprovecharlos como insumo productivo.

En su proceso de degradación natural, el estiércol del ganado emite metano y óxido nitroso. Karina García, del INTA Rafaela, dijo que “si estos residuos y efluentes van a un reservorio cerrado, lo que se conoce como biodigestor, se genera biogás, producto de toda la actividad microbiológica y de la descomposición de esta materia orgánica”. Ese material es captado y tratado para disminuir sus impurezas. Para usarlo como gas, se le extrae el ácido sulfhídrico y para generar energía eléctrica, se puede aumentar el porcentaje de metano, quitándole el dióxido de carbono y el vapor de agua, para hacerlo eficiente.

El criadero Yanquetruz, en la provincia de San Luis, se constituyó, a escala nacional e internacional, en una planta modelo de generación de energía en base a efluentes de un sistema de producción intensivo de cerdos –entre 20 y 35 metros cúbicos gas/ton sustrato– y cultivos energéticos. Se trata de un proyecto de producción de biogás, electricidad y energía térmica de la Asociación de Cooperativas Argentinas.

Según Bragachini, “para solucionar el problema del efluente y producir su propia energía, para utilizar en los equipos de riego, las instalaciones porcinas y en la planta de generación de alimento balanceado, tratan los efluentes de las 1.500 madres”. Con 150 metros cúbicos diarios más 50 toneladas de materia verde de silo de maíz o sorgo pueden producir una potencia de 1,5 MW de electricidad e igual cantidad de energía térmica para autoconsumo y para vender el remanente a la red eléctrica de una región que posee déficit de este recurso.

Un estudio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la Secretaría de Energía y el Ministerio de Agricultura de la Nación, con participación del INTA, comprobó el potencial biomásico de la Argentina debido a la disponibilidad de recursos y residuos aprovechables para uso energético.