Dr. Tonnelier habló sobre “El vaso de la muerte”

Aunque pocos se animen a reconocerlo públicamente o a repudiarlo, el alcohol es en estos tiempos una tremenda droga de circulación masiva, que lamentablemente está cada vez más integrada a la vida cotidiana de la sociedad y cuenta con las mejores promociones en los medios de información. La población adolescente y juvenil es la más sensible al consumo, quizás porque entre las nuevas generaciones los excesos no producen rechazos entre pares. Es más, hasta pareciera ser una “viveza” que está de moda y de la cual no hay que quedarse afuera. Muy por el contrario, la ingesta de alcohol en grandes cantidades repercute negativamente en el organismo y las consecuencias son sufridas por quien toma y también por terceros, al ser blancos de sus actitudes desmedidas. Basta con revisar las noticias policiales semana a semana, para constatar cómo conductores ebrios provocan accidentes, golpean a policías, generan disturbios en la vía pública o evaden controles de tránsito.

El Observador dialogó acerca de este flagelo con el especialista en medicina familiar, Dr. Matías Tonnelier, quien expresó: “Hay que diferenciar 2 situaciones: la intoxicación aguda y la intoxicación crónica, conocida como ‘alcoholismo’. El primer caso, refiere a la ingesta en niveles tóxicos. El etanol (alcohol) ejerce su acción más importante sobre el Sistema Nervioso Central, causando depresión. La sobredosis aguda se inicia con un cuadro desinhibitorio, caracterizado por la alteración en la percepción, ligera falta de coordinación motora, seguido de ataxia y otros estados que provocan el deterioro progresivo de los sentidos, hasta llegar al coma. La dosis puede ser letal, pero dependerá de la velocidad con que fue ingresado al organismo, la tolerancia que presente el paciente y el tiempo que transcurra entre su descompensación y las primeras atenciones médicas. El tratamiento se basa en la implementación de soportes vitales, para lo cual la internación deber realizarse en una unidad de terapia intensiva, para asegurar el monitoreo de sus funciones primordiales. Muchas veces se cree que esto le ocurre sólo a quienes están a menudo borrachos, sin embargo la experiencia nos indica que hay un número considerable de personas que llegan a este estado sin ser dependientes del alcohol. Sucede que en ocasiones especiales como reuniones, celebraciones, casamientos, cumpleaños y hasta las fiestas que casualmente se aproximan, toman altas dosis de alcohol. Por supuesto, que el grupo poblacional particularmente expuesto a accidentes por exceso de alcohol, son los adolescentes, especialmente durante los fines de semana. La otra situación a diferenciar es el alcoholismo, que es una de las adicciones más frecuentes en la población general. La Asociación Psiquiátrica Americana comenzó a utilizar el término ‘dependencia de drogas’ para estos casos, en lugar de ‘adicción’, dado que el etanol genera en el paciente un uso compulsivo e imposible de controlar para muchos. El alcoholismo es una enfermedad cuyo origen generalmente radica en la imposibilidad de resolver problemas familiares, educacionales, legales, financieros y de diversa índole. Emborracharse comienza siendo ‘una escapada’ y termina convirtiéndose en una batalla inmanejable”.

Cabe recordar, que los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte en los jóvenes y que la alcoholemia elevada se asocia a más del 50% de esos fallecimientos. Tonnelier también destacó que muchas adolescentes y jovencitas están embarazadas, período en el que deben abstenerse totalmente de tomar alcohol, debido al riesgo de efectos tóxicos que este acarrea sobre el feto.

Asimismo, el profesional señaló otras consecuencias orgánicas que desata el consumo de alcohol en grandes cantidades: “A nivel dérmico, se notan foliculitis, piel rosácea, se desarrollan psoriasis, eritema palmar y arañas vasculares, sobre todo en las mujeres. En el sistema digestivo, las náuseas y vómitos matinales reiterados pueden provocar una úlcera, a veces se observan casos de reflujo esofágico con eventual sangrado, diarrea recurrente, anorexia y en términos más grave la cirrosis, insuficiencia hepática por destrucción del tejido y cáncer de hígado. El sistema nervioso se ve afectado por estados de insomnio u otros trastornos del sueño, ansiedad o depresión. En lo que refiere al sistema cardiovascular, el alcoholismo es la causa más frecuente de hipertensión secundaria, que puede ir acompañado de palpitaciones, taquicardia o arritmias. En el sistema endocrino y genitourinario las altas dosis provocan hiper o hipoglucemia, disfunción sexual eréctil y depende del género del paciente irregularidades menstruales y atrofia testicular. Pensando en embarazadas o en el neonato, la ingesta excesiva de alcohol retrasa el crecimiento intrauterino, de manera que hay disminución en el peso del bebé por nacer, con todas las consecuencias que ello acarrea. Normalmente es conocido como el síndrome de alcoholismo fetal”.

Alcohólicos Anónimos, Al-Anón, Grupo GÍA, son diversos espacios creados para el tratamiento y cura de esta adicción, pero la mayor dificultad radica en que los jóvenes reconozcan tener el problema, para así recibir ayuda. Como ocurriría ante cualquier enfermedad tradicional, son las familias y fundamentalmente los padres, los que deben dar el puntapié inicial para una consulta. Es hora de dejar de ver como normal o de moda, que los jóvenes lleguen al hogar en estado de embriaguez, puesto que no siempre se les pasará con un baño frío, largas horas de sueño o un poco de café. Lejos de ser una vergüenza, abordar y actuar frente al tema debe ser tomado como un acto reflejo del amor hacia sus hijos, porque nadie sabe si la próxima borrachera quizás sea la última de su vida. Pero para entonces, ya será tarde para lamentos y arrepentimientos.

 

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