Desaparición de José Gill, su esposa y 4 hijos menores sigue siendo un gran misterio

GillLa reciente trágica muerte (en un accidente) del dueño del campo donde vivían José Rubén Gill, su esposa Norma Gallegos y sus 4 hijos, desaparecidos desde el 2002, volvió a poner en el tapete provincial un misterioso caso sin resolución judicial y sobre la que se tienen, en realidad, muy pocas pistas. El 12 de enero de ese año, los Gill fueron a Viale, para participar de un velorio, siendo esa la última vez en la que fueron vistos. El dato más llamativo es que pasaron tres meses para que el dueño de la propiedad donde vivían en Crucesitas Séptima) preguntara entre los familiares del matrimonio si sabían de ellos ya que les había dado vacaciones y nunca regresaron. Según el estanciero, iban a pasar unos días con unos familiares de Santa Fe, pero nunca habrían llegado a ese destino.

La denuncia, hace 14 años, fue formulada por la hermana de José, Luisa Eva Gill. Hubo distintos operativos, procedimientos, pero no se pudo establecer en realidad qué pasó con esas personas, que literalmente se las “tragó la tierra”.

Carina Gill, sobrina del hombre desaparecido, en diálogo con FM Libertad 98.3 dijo que “nuestro sentimiento sigue siendo el mismo, de mucho dolor, incertidumbre e incógnita, porque no sabemos dónde están. Hace 14 años que pasó esto y no sabemos lo que sucedió. Esta noticia de la muerte del dueño de la estancia, nos generó sentimientos encontrados y si esta persona hizo algo o conocía algo más, se lo llevó a la tumba. Pero también, las personas que han tenido miedo, que no han querido hablar por temor, pueden llegar a hacerlo, por lo que se abre una luz de esperanza”.

Carina recordó que a los Gill se los vio por última vez a mediados de enero y según el dueño del lugar habían salido de vacaciones. “Es muy raro que si tenés un trabajador que tiene que volver un día ‘X’ y no lo hace, le pregunta a la familia recién a los 2 ó 3 meses, todo es muy confuso. Me acuerdo que el dueño del campo vino para Pascuas a preguntar qué había pasado que mi tío no volvía a trabajar”.

– En ese tiempo, antes de que los visitara el dueño de la estancia, ¿ustedes no habían intentado tener algún contacto con José y su familia?

– Lo intentamos llamar en marzo, para organizar el cumpleaños de mi otro tío y en el teléfono entraba directamente el contestador. Sospechas de que le había pasado algo no teníamos, porque tampoco había una comunicación todos los días, sí estábamos en contacto. Como no contestaba los llamados, me comuniqué con mis primos de Santa Fe y tampoco había ido por esos lados. Si uno se va de vacaciones, te llevás bolsos con ropa y supuestamente cuando se hicieron los rastrillajes, se vio que estaban todas las cosas ahí en la casa, no se hizo una mudanza de cama, ropero y demás elementos…

– Se dijo había dicho que habían viajado a Paraguay…

– Se dijeron muchas cosas. Si uno se lleva mal con tu familia, es entendible que te quieras ir sin dejar rastros, pero no había mala relación con sus hermanos… Lo raro es que los chicos no figuran en ninguna escuela, no hay datos oficiales de ellos. Hace algunos años, en los registros de ANSES, salieron beneficiados con las asignaciones familiares o sea que alguien había hecho el trámite, pero después dijeron que era un error, que no era verdad. Hay muchas dudas y falencias…

– Por ahora se habla de desaparición de personas en la causa…

– Creo que se debería cambiar, porque en 14 años no es que no encontraron a una persona, son 6, o sea una familia entera. Yo no sé si mis tíos estarán vivos, creo que por ahí los chicos pueden estarlo y tenemos esa esperanza. Los queremos encontrar.

– ¿Cree que hay que seguir buscando en la estancia?

– Los rastrillajes en el campo se hicieron casi un año después, es decir que pasó mucho tiempo. El último procedimiento fue hace 2 ó 3 años y no se halló nada que permita conducir al esclarecimiento. Se encontró supuestamente sangre en ese lugar, pero los análisis determinaron que no era compatible con la de mi tío. Hay muchas cosas que descreemos, por ejemplo los dichos de un gomero de la zona de La Picada, que había visto a mi tío en un auto (un Chevrolet Súper azul), siendo que mi tío el único medio de movilidad que tenía, era la bicicleta de los chicos y de ellos. Auto no tenían. Yo a ese hombre no le creo nada de lo que dice y si me equivoco, que Dios me perdone…

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