Condena a Lucas Carrasco: 9 años de cárcel por abuso sexual para el periodista entrerriano

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Se lo considera autor penalmente responsable del delito de abuso sexual agravado. El tribunal ordenó la detención del bloguero paranaense. El hecho es un punto de inflexión en el marco de violencia sexual dentro de relaciones consentidas.

El abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez afirmó que “en la medida que se pruebe que existió una relación sexual no consentida y forzada, la condena está conforme a derecho. Evidentemente el Tribunal evaluó que el imputado tenía la capacidad de comprender la negativa de la víctima y a pesar de ello irrumpió, tuvo un acceso carnal sin respetar la negativa de la víctima”.

Sobre la sentencia de 9 años, Gil Domínguez cree que es ejemplificador y que “la pena, en este caso, tiene el agravante por violencia de género, lo que incrementa la condena”. Profesor de Derecho Constitucional en la UBA, el letrado no desconoce “los tiempos que vivimos en los que el feminismo, la palabra de la mujer, el #NiUnaMenos y el #NoesNO fueron ganando un merecido espacio que antes no tenían. No está de más señalar como parámetro que un homicidio simple tiene penas a partir de 8 años, y esta persona (Carrasco) fue condenada a una pena que es mayor al mínimo de un homicidio simple”.

El peso en este tipo de delitos está en las palabras de la víctima de abuso sexual, que por lo general carece de testigos y cámaras que comprueben el delito. “El derecho de la defensa no tendría que quedar relegado. Garantizar plenamente los derechos de las mujeres, especialmente en situaciones de violencia de género y abuso sexual, no debe implicar destruir el sistema de garantías del debido proceso”, agrega Gil Domínguez.

Agrega que “en estos tiempos es vital que las jueces y los jueces tengan perspectiva de género para analizar este tipo de situaciones. Pero la presunción de inocencia se sigue aplicando y tener claro que la duda favorece al acusado”.

Para el abogado Ignacio Mahiques, “condenas como la de Carrasco cambian el paradigma, gracias al movimiento feminista que aceleró las reformas en la Justicia. La Argentina firmó acuerdos y compromisos internacionales que, de a poco, hicieron que se vayan sancionando leyes que hicieron, también, que la mirada de la prueba haya cambiado. Antes se pedían pruebas diabólicas que eran imposibles de obtener”, remarca.

Profesor de Derecho Penal en la UCA, Mahiques explica que “las pruebas diabólicas son imposibles de conseguir en un ataque sexual. ¿Cómo conseguís un testigo, una videograbación en una violación? Hoy la ley afirma que el testimonio de la víctima tiene que ser valorado como una prueba importante. Después, sí, lo que hay que buscar son presunciones concordantes y coherentes que vayan en el mismo sentido de lo que denuncia la víctima”.

Mahiques cree que este tipo de denuncias y fallos pueden empezar a verse más seguido “simplemente porque hay muchas más denuncias que antes, sobre todo a partir del caso de Thelma Fardín. Hoy la mujer puede acceder a tener relaciones sexuales y luego decir ‘hasta llegué’ o ‘por esta vía no’ o ‘sin preservativo, no’, y el consentimiento desaparece, ya no existe más”.

Respecto de la situación de la defensa, Mahiques cree que no queda rezagada de antemano. “Cuando se hace una acusación, hay que buscar todas las prueba que hacen al contexto de la denunciante, quien se somete a una serie de entrevistas y peritajes con psicólogos y psiquiatras especialistas, que hacen pruebas y tests, que advierten inmediatamente la veracidad o no de los hechos a través de lo que se llama el paralenguaje”.

Para Natalia Gherardi, directora ejecutiva del equipo Latinoamericano de Justicia y Género, “la violencia sexual también se puede dar en el marco de relaciones de pareja o que se iniciaron de manera consensuada y que derivan en relaciones sexuales violentas. Es muy importante que la Justicia dé cuenta de estas situaciones valorando el consentimiento. Es parte de los nudos críticos de las violencias en los que hay que trabajar”.

Sobre si cree que la condena sentará un precedente acerca de las violaciones en el interior de las relaciones sexuales consentidas, Gherardi afirma que “no”, y amplía: “Si son consentidas, no hay violación. Si hay violación es porque el consentimiento se perdió. Puede empezar como una relación consentida pero después hay fuerza o sometimiento sexual, entonces ahí hay violación. Se trata de prestar atención, de dar relevancia , de ser respetuoso de la otra parte en la relación” (Con información de Clarín).

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