César Vianco: De jugador a árbitro en tan sólo un paso

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vianco 7César Vianco es uno de los integrantes de la nueva camada de árbitros que se está afianzando no solamente en la Liga Paranaense de Fútbol, sino también en los certámenes de ascenso. Nacional desde 2013, logró debutar en el Argentino B el año pasado.

Nació en Bovril el 25 de septiembre de 1987, se crió futbolísticamente en la escuela de Gerónimo Moro, por donde pasaron centenares de gurises. Depositó su pasión por el deporte en Deportivo Bovril. Autodefinido como aguerrido defensor central, fue tricampeón con la Sub 20. Pasó por todas las divisiones y debutó en Primera, pero rápidamente se inclinó por el arbitraje. Los consejos de un amigo, David Bresler; y una visita inesperada reclutando jueces en el profesorado de Educación Física donde estudiaba, aparecieron como señales para cambiar el rumbo.

De jugador de Paraná Campaña a árbitro de la Liga Paranaense, de ser juzgado a juzgar en un brevísimo lapso de tiempo. Apasionado por lo que hace, pretende afianzarse en este 2015 y seguir progresando junto a un grupo de jóvenes jueces que van marcando un nuevo sendero por estas tierras. Sepamos más de su vida y de sus ideas dentro de un ambiente donde escasean los elogios. Vianco y un mano a mano con El Observador.

– ¿Cómo fueron tus primeros pasos detrás de la pelota?

– Desde muy chico. En Bovril a todos los que nos gustaba jugar en aquellos años, nos iniciamos en la escuelita Alborada de Gerónimo Moro. Tenía 4 ó 5 años cuando comencé. Fui creciendo y me sumé a Deportivo Bovril donde pasé por las tres divisiones que en ese momento jugaban Paraná Campaña: Sub 16, Sub 20 y Primera.

– ¿Hasta qué edad jugaste?

– Debuté en Primera más o menos a los 20 años. En ese momento inicié mi cursado en la Escuela de Árbitros de Paraná. Dirigía a las inferiores de la Paranaense los sábados y los domingos seguía jugando en Paraná Campaña. Cuando arranqué podía hacerlo. Luego cuando me nombraron asistente de Primera tenía que optar entre el fútbol y el arbitraje. De modo que dejé de jugar muy joven para seguir la profesión. Curiosamente inicié mi carrera como jugador bajo las enseñanzas de Moro y el último equipo que integré con Deportivo también lo conducía Gerónimo.

– Una carrera corta pero te diste el lujo de dar la vuelta.

– Integré el plantel de Sub 20 que fue tricampeón 2004, 2005 y 2006. En el primero militaba en Sub 16 y me sumaban a la Segunda donde pude jugar algunos partidos. El siguiente campeonato ya estaba afianzado en la categoría y en el último, jugando mayormente en Primera, me pasaban para reforzar la Sub 20 que tenía buenas aspiraciones al título. De modo que jugué en los tres campeonatos que logró Bovril, primero bajo la conducción del Negro Gentile y luego con José Agüicho López. Si bien los dos conformaban el cuerpo técnico, los dos primeros años estuvo Gentile quien luego se abocó a Primera y López quedó en Segunda.

– ¿Qué características tenías como jugador?

– Era…este…mirá me llegaron a decir “chancho gordo” porque vivía expulsado jaja. Era defensor, jugaba de 2, rústico y a veces reclamaba demasiado. Sin insultar, pero hablaba bastante. En la cancha trataba de dejar todo. Algunos que me veían jugar se preguntan ahora qué hago de árbitro. También era muy rápido para los cierres, eso me ayudaba al ser último hombre. A veces podía quedar muy expuesto en el mano a mano o jugaba al límite. Pero tuve buena consideración de los técnicos quienes por algo me fueron subiendo de categorías o era refuerzo de Sub 20 cuando ya estaba en Primera. Vivía el fútbol muy apasionado, cada partido era especial, tal como me sucede ahora con el arbitraje.

– ¿Temperamental?  

– Puede ser. Los defensores siempre quedan algo expuestos al reclamo. Es un lugar de mucha fricción y siempre tratan de ordenar al equipo. Hablaba bastante, je.

vianco 5– ¿Tenías que jugar con árbitros complicados?

– Cuando era jugador sentía que los árbitros eran más severos con los elencos de la Zona Norte que con los de la Sur. Eran ideas nuestras en aquellos años donde éramos jóvenes y cuando perdés al primero que culpás es al árbitro. Entre los jueces no me gustaba Roberto Lima, por ejemplo. Es un gran tipo en la calle, pero en la cancha mostraba mucha soberbia en el trato con el jugador. Era una forma de arbitrar. A nosotros, al ser los más jóvenes, nos mandaba a callar enseguida. No podíamos decir nada, en cambio con los jugadores de más experiencia podía ser más permisivo o tenía otra forma de tratar. En ese momento la verdad que no le prestaba demasiada atención a la cuestión arbitral, no le daba bolilla.

– Empezaste a dirigir demasiado joven, ¿qué te llevó a esta profesión?

– Por cuestiones familiares soy muy amigo de David Bresler (ex árbitro de larga trayectoria), quien además es de Colonia Avigdor, un pueblo muy cerca de Bovril. En algunas charlas cuando estudiaba profesorado de Educación Física en Paraná, le comentaba que me estaba costando viajar y jugar. Ahí me sugirió que siguiera el cursado de arbitraje debido a mi pasión por el fútbol. Me dijo que si progresaba hasta podía tener un rédito económico. Comencé a prestarle atención a la idea. Precisamente en esos días luego de aquella conversación, en el Instituto de Educación Física, llegaron a dar una charla Adrián Fonzo, representante del SADRA en Entre Ríos, y Hugo Molina, presidente de la Liga Paranaense. Fueron a comentar su intención de reclutar chicos para que hagan el curso de árbitro. ¿Por qué llegaron? ¿Cómo fueron al Instituto? No lo sé, no tengo ni idea. Lo único que sé es que por arte de magia al poco tiempo estaba estudiando para ser árbitro. Comencé a transitarlo y me fue gustando y estoy dedicado a pleno a esta profesión.

– ¿Cuál fue tu debut en Primera de la LPF?

– Fue un AUFI-Cultural en 2011 en cancha de Oro Verde. Sucedió algo muy especial en ese partido, algo que no esperaba y de lo que no sabía. En Sub 20 dirigió Daniel Zamora y estuvo de asistente Oscar Fernández. Cuando voy al vestuario para dirigir la Primera estaba David Bresler. “Yo voy a ser tu asistente”, me dijo. Estaba todo arreglado con la Liga. Él y Fernández fueron los asistentes y Zamora quedó como cuarto hombre. Para mí fue algo muy grato por la relación que me une con David y porque él tuvo que ver en mi inclinación por el arbitraje. También estaban en la cancha mis familiares. No sabía que iban a ir y cayeron sin avisar a ver mi debut en Primera de Liga.

vianco 3– ¿Qué cosas pasaron por tu cabeza antes del debut?

– Son sensaciones raras, encontradas. Desde que te informan que vas a dirigir hasta el momento del pitazo inicial, aparecen diferentes ideas. Después, cuando comenzó a girar la pelota, estás concentrado en tu trabajo. Pero fue algo muy lindo. Por suerte tuve llamadas previas de amigos y colegas que me respaldaron en el debut, me dieron tranquilidad. Estaba con gente amiga en la cancha, fue un debut soñado y lo disfruté desde el principio al final.

– ¿Quiénes te fueron marcando el camino al comienzo?

– Cuando iniciamos el curso estaban Fonzo, Bresler, Sebastián Palacios, Altamirano, Leonardo Neivert, entre otros. Fueron los que nos volcaron los primeros conocimientos. Siempre nos estuvieron dando una mano en la Liga para que nosotros vayamos avanzando en nuestra profesión. Algo muy valioso que formó a ese primer grupo fue la honestidad. Tenían mucha experiencia y te decían honestamente lo que debías corregir. Estaba de instructor Darío García, asistente de Horacio Elizondo en Alemania 2006, y él no dudaba en decirte si servías o no para árbitro. Se armó una muy buena camada de árbitros que estamos ahora en Primera de Liga.

– El 2014 fue un año bárbaro para varios de ustedes porque dieron el salto de categoría y llegaron a dirigir en el ascenso.

– Fue un año muy importante. Luego de lograr el título de Árbitro Nacional subimos en la escala de méritos y eso nos permitió dirigir partidos en el Argentino B. Al principio con Zamora (Daniel, también recibido como Árbitro Nacional), estábamos impacientes porque no nos nombraban y recién salimos en la 5ª fecha del Argentino B. Se hizo esperar pero llegó la primera designación. Una vez que arrancamos se abrió el camino. Durante el año pasado llegué a dirigir cinco partidos del Argentino B, cada vez fueron más importantes porque entraban en etapa de definiciones. Me tocó dirigir a Racing de Córdoba que tiene su historia detrás, una entidad que llegó a estar en Primera División de AFA.

– ¿Cómo fue el primer encuentro del Argentino B?    

– Fue un partido en el que se me puso a prueba, porque tuvo todos los condimentos. Fue entre La Salle Jobson y Ben Hur de Rafaela en la cancha auxiliar de Colón de Santa Fe. Estuvieron como asistentes Gustavo Vilotta, un amigo, y Roberto Busato. Fue un cotejo muy áspero. A los pocos minutos tenía un jugador tirado atrás mío sin saber lo que había pasado, le cobré un penal en favor del visitante, expulsé un jugador local y en estos certámenes intentan hacerte sentir la localía. Fue algo complicado por estas situaciones, pero lo supimos sacar adelante. Terminó empatado 1 a 1.

vianco 6– En el arbitraje también debe darse un buen desempeño en equipo para que las cosas salgan bien.

– Sí. Antes, porque se acostumbraba a eso, quizás era más individualista el desempeño del árbitro. Se decía que uno iba a “manejar el partido”. Es una forma de dirigir a través de la experiencia que tenían. Ahora se trabaja con mayor colaboración de los asistentes. Ayudan a que no se escapen jugadas que el árbitro no puede apreciar, hay códigos, señas, nos aconsejamos. El arbitraje es y debe ser un trabajo en equipo. Buscamos la mejor forma para que el partido salga de buena manera. Hablamos en el entretiempo y también cuando finaliza el encuentro hacemos nuestra propia evaluación.

– ¿Haber sido jugador te favoreció en la formación como árbitro?

– Sí, obviamente. Nos lo decía Darío García, el instructor nacional que nos guió en nuestra formación. Quien haya sido jugador o vivió el fútbol o el arbitraje desde muy chico, le va a resultar más fácil el aprendizaje. Te ayudan a conocer numerosas cuestiones. Te permite diferenciar cuando un futbolista simula y cuando no, o cuando te dicen la verdad sobre una infracción o te mienten. En muchos aspectos ayuda, porque uno ya lo vivió como jugador, se comportó como jugador con la intención de zafar de una infracción o de una amonestación. Eso sí, uno también debe ir adaptándose al fútbol actual y a lo que lo rodea. La forma de expresarse, por ejemplo, ha cambiado. Tenés que estar actualizado.

– ¿Viviste le sensación de haber tomado una sanción apresurada o que no correspondía?

– Sí, uno se da cuenta. Sentís el error. Suele pasar con las faltas o cuando no das la ley de ventaja. Lo importante es que no te saque del partido. Si te diste cuenta de un error, es fundamental olvidarlo y seguir focalizado con el cotejo.

– Así como el jugador siente que la rompió en un partido, ¿tenés alguno imborrable gracias a un buen desempeño?

– Sí, para mí el clásico entre Peñarol y Sportivo Urquiza en cancha de Patronato, fue un buen partido. Por el Torneo del Interior. Fue redondo. A pesar de que algunos señalaron que hubo un penal no sancionado sobre el final, para mí salió perfecto. Cada sanción, cada intervención la sentí como correcta. Además se trató del clásico más convocante, con un marco espléndido. Desde mi punto de vista no fue penal en esa jugada. Resultó el encuentro con más gente que tuve y me sentí feliz cuando terminó porque estaba satisfecho por lo que había hecho.

– ¿Recordás alguno donde las cosas no hayan salido bien?

– Sí, también. Sucedió hace poco. No por el hecho de que haya tenido desaciertos, sino porque sentí que no había dado todo de mí en el partido. Fue en la Promoción de Sarmiento-Paraná. Después de cada encuentro tengo mi rutina, llegar a casa, hablar con mi familia o mi novia de lo que había pasado, tomar unos mates y completar la planilla del encuentro. Ese día me sentí vacío, como que no había estado en plenitud durante el encuentro. Algo me faltó. No me sentí cómodo, llegué a mi casa con bronca.

vianco 2– ¿Quién te gusta del arbitraje nacional?

– Me gusta mucho el trabajo de Germán Delfino. Aplica muy bien la autoridad. Ojo, hay una diferencia enorme entre manejarse con autoridad y ser autoritario. Es un gran árbitro con mucha personalidad. En el clásico de la Sudamericana para mi tuvo un desempeño formidable a pesar de que los hinchas de Boca no quedaron conformes. Es excelente. También Néstor Pitana me parece un muy buen juez. El primero del sindicato, del Sadra, que fue a un Mundial y por algo fue, además cumplió un papel sobresaliente. Es envidiable la capacidad que tienen de llevar adelante los partidos.

– ¿Existe aún el “siga siga” o el ser “castrillista” como pasaba en los 90?

– Nos aconsejan manejarnos en un término medio. No ser tan permisivos, pero manejar el sentido común. Tampoco cortar todas las jugadas. Uno debe tener en cuenta qué medidas tomar para que el hincha tenga un buen espectáculo o para que el partido sea más dinámico dentro de los carriles normales.

– ¿Qué jugadores te llamaban la atención de Deportivo Bovril?

– Los vi como hinchas y también tuve la suerte de compartir minutos en cancha. Por ejemplo, Marcos Ramos. Terminó su carrera en Deportivo y fue mi preparador físico. Lo vi campeón en 1995. Un crack. También con Gustavo Graciani, tremendo delantero y goleador. Sebastián Wulfsohn también lo tengo presente como un gran jugador en la parte ofensiva. Integraba aquel equipo que logró la última clasificación antes de la final del 2013. Otro que recuerdo es a Centurión, tenía una personalidad enorme. Futbolistas que me marcaron muchísimo.

vianco 8– ¿Qué delanteros eran los más difíciles de marcar?

– Saliendo de nombres, a los que marcaba con la vida era a los delanteros de Unión Alcaraz. Ese clásico se debía ganar como sea y sabía que si fallaba en mi puesto, solamente iba a quedar el arquero. Lo jugaba con mucha concentración. Si me pedís nombres, te puedo decir que Mario Misere era complicado porque sacaba ventaja con las infracciones. Cuando el juez no lo veía, te metía una piña y sacaba ventaja. Yo lo enfrenté en la parte final de su carrera, entonces físicamente no estaba en plenitud. Con su experiencia trataba de desmarcarse. Te metía un codito para que no lo sigas. Era bravo. Rubén Bebo Marín era un delantero muy difícil de marcarlo. Recuerdo cuando jugaba en Juventud Sarmiento de Hasenkamp, era muy explosivo y nos costaba tomarlo. Me ha pegado algún que otro baile en su momento. Contra Independiente de Hernandarias se armaban duelos con los hermanos Aguirre, de buen físico donde tenías que marcar con firmeza. Dentro de la cancha cada uno deja la vida, después afuera uno debe actuar con normalidad y mantener la relación que posee con cada uno.

 

Por Mauricio Jacob