Alumnos y padres se preparan para el primer día de clases

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En pocos días más las vacaciones se transformarán en un recuerdo. Para los niños y adolescentes, quedarán atrás los juegos, las comidas a deshoras y la falta de obligaciones como estudiante. Llega el momento de enfrentar en familia un nuevo desafío: el ingreso o la vuelta a la escuela, el jardín de infantes o la guardería. El comienzo de un nuevo ciclo lectivo supone una etapa previa cargada de cosas por hacer, desde comprar guardapolvos o uniformes, útiles escolares, encargar los manuales, coordinar quién llevará y buscará a los niños y una infinidad de compromisos, que exigen un esfuerzo mutuo de padres e hijos. La familia debe prepararse para que el reajuste a la nueva rutina que se extenderá hasta diciembre, transcurra sin mayores alteraciones y se desarrolle de manera disciplinada, para lo cual la planificación es una herramienta fundamental.

Si bien durante el transcurso de las primeras semanas muchas instituciones educativas entregan un listado de útiles necesarios para el ciclo lectivo, los padres pueden anticiparse y adquirir aquellos elementos básicos que están seguros que sus hijos utilizarán. De dicho modo podrán distribuir mejor los gastos, comparar precios y calidad, aprovechar descuentos, liquidaciones y promociones especiales. Es sabido que existen artículos que deberán reponerse en los meses venideros, como lápices o biromes, cuadernos o remas de hojas, gomas, pegamento, entre otros, que si se adquieren al por mayor a principio de año, posiblemente generen un ahorro de dinero importante a futuro. No obstante, si el alumno es de corta edad, un adulto debe fraccionarle la entrega, inculcándole que no los pierda u olvide en cualquier parte, que sea cuidadoso y responsable con su utilización.

Los niños pierden rápidamente las energías puestas durante el año anterior, por lo que en los días previos resulta necesario que el contexto familiar genere en los más pequeños expectativas e ilusiones de lo que está por venir. Padres y educadores deberán transmitir una impresión positiva de lo que representa ir a clases, para que cada vez que suene el despertador se levanten con entusiasmo y no renegando. En las primeras semanas la paciencia y la comprensión deben estar a flor de piel, porque sin importar la edad del alumno, el proceso de adaptación lleva su tiempo. Para los jardineros es el difícil momento se separarse de papá, mamá y los hermanitos; empezar a obedecer a la “seño”, una autoridad nueva en su vida; la primera oportunidad de relacionarse con decenas de chicos de su misma edad, pero quizás con hábitos y personalidades muy distintas; el puntapié inicial de transformar un cúmulo de información en conocimiento propio, entre otras primerizas experiencias. Empezar un nuevo ciclo de primaria también tiene sus pormenores no muy amenos, de hecho habrá una nueva maestra por conocer, las exigencias serán mayores y habrá que olvidar los malos resultados del año anterior, para arrancar con impulso. El secundario o terciario implica cierto temor a aprender a vincularse con un abanico de profesores, cuyos criterios de evaluación pueden ser distintos entre sí; aumentará el número de materias y por ende los períodos de tiempo que se le dedica al estudio. Tanto para el ingreso como para la vuelta a la escuela, es fundamental que el niño se sienta acompañado por su familia, que sea consciente de que puede pedir ayuda y de que será apoyado ante cualquier dificultad. Construir lazos de confianza y diálogo fluido evitará complicaciones durante el año.

Aunque muchas veces no lo exterioricen, los más chiquitos también se ponen nerviosos y ansiosos, porque se sienten a prueba. Resaltar sus capacidades, habilidades y destacarle con un gesto cada logro es una manera de fomentar su autoestima y conseguir que no se frustre. Los límites y las penitencias en post de mejores resultados son buenas medidas a adoptar, siempre y cuando sean acordes a la edad y a las posibilidades del niño. No son aconsejables las comparaciones, porque se sentirá menospreciado e incapaz; antes de hablar de lo excelente alumno que es un compañerito o un hermano, mejor apuntar a la superación personal y al mejoramiento de sí mismo.

 

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