Algunas anécdotas risueñas del box de Crespo

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ESCRIBE ORLANDO BRITOS, ESPECIALMENTE PARA “EL OBSERVADOR”

Noches de box en lo Dorato:

Pelean en la de fondo, Santiago Fuster contra un diamantino de apellido Luque. Fuster era un pergaminense que había tenido licencia de profesión y que llegó a Crespo como empleado de Obras Sanitarias de la Nación. En esta pelea se impuso por puntos Fuster. En la de semifondo “Pancho” Segovia de Crespo combatió contra Fernández, también de Diamante. El local logró imponerse por Nock Out en el tercer round. Esa noche, en una pelea preliminar, Pedro Beres sufrió un calambre en la boca del estómago, y tiene que abandonar. Su contrincante era Gregorio Espíndola, “la pantera negra”, de la “Ciudad Blanca”.

Félix Segovia, vecino actual de nuestra Crespo, pelea esa noche contra el desaparecido y siempre bien recordado vecino Artemio Izaguirre, el padre de Sergio Izaguirre. El match fue parejo y de buen nivel boxístico, pero tampoco ésta llegaría al final. Izaguirre recibió un fuerte impacto de izquierda que le fractura el tabique nasal. La pelea se suspendió en el tercer round. En esa misma velada se concretó como preliminar una de las peleas que, seguramente, se inscriben como insólitas en las páginas de este deporte. Suben al ring Ramón Stronatti (llegó a ser profesional y peleó con Pascual Pérez antes de que sea campeón mundial, en el Luna Park) que por su escasa altura recibía el apodo de “Tapón” y el desaparecido hace poco tiempo Arturo Heinze, conocido convecino nuestro, cuya altura rondaba los dos metros. Cuentan, quienes vieron la pelea, que Stronatti debía esforzarse con saltos para no pegar en “zonas bajas”. Aunque ambos peleaban muy en serio, la gran diferencia de altura entre ambos convirtió el match en una suerte de espectáculo humorístico. Era el Gigante contra el Enano. La pelea fue a tres round y los jueces dieron ganador a Stronatti.

El boxeo de Crespo está nutrido de innumerables hechos insólitos. Una noche en que los nuestros se presentaban en Hernández, subió al ring Félix Segovia. Su rival era “Kid Hernández”. Félix venía precedido de un buen pergamino de combates. Kid Hernández no tenía peleas realizados, pero sus cualidades demostradas haciendo sombras o pegándole a la bolsa, y su “pinta” de boxeador lo habían catapultado sin un examen previo. Era tan grande la confianza que inspiraba “Kid Hernández” que anunciaban la pelea con grandes afiches (Félix aún guarda, como recuerdo, uno de ellos). Y llegó la hora. La pelea había sido convenida a 4 round. Sube primero Segovia ante una rechifla general. Se dirige a su rincón. Sube “Kid” Herrnández ante un entusiasmo desbordante de sus convecinos. Saludó y en eso, se dió vuelta Félix Segovia que había estado de espalda, quedando de frente al crédito local. Éste, parece que al verlo se asustó y ante el estupor de toda la concurrencia, se bajó apresuradamente, casi corriendo (dispara). Nadie entendía nada. Y nadie en los camarines pudo convencerlo de que vuelva al ring. Así Félix Segovia ganó “la pelea más fácil de su vida”. El árbitro atónito y frío aún no sabía qué hacer y después de un conciliábulo con los jurados resolvió levantarle la mano en señal de triunfo a quien, por lo menos, se había quedado en el ring.

 

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