Además de ratas, la Leptospirosis es transmitida por perros, vacas, cerdos, gatos y caballos (parte II)

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La Leptospirosis alarma a muchos, porque continúa siendo una enfermedad que puede atacar a cualquier persona que tenga contacto con animales infectados. En la última semana un joven falleció por esta enfermedad y otras 2 muertes están siendo estudiadas en Entre Ríos, para confirmar la sospecha. En esta edición, El Observador publica la 2da. parte del informe, para hacer conocer aspectos tal vez desconocidos por la mayoría, a fin de evitar un contagio. En todo el mundo la incidencia de la enfermedad es mayor en hombres que en mujeres, afectando principalmente a la población comprendida entre los 20 y los 40 años. Afecta a numerosas especies animales, salvajes y domésticas, que son el reservorio y la fuente de infección para el hombre. Los más afectados son los roedores salvajes, perros, vacas, cerdos, caballos y esporádicamente gatos y ovejas. Los animales infectados eliminan el germen con la orina, contaminando terrenos y aguas. Las leptospiras (bacteria causal), pueden permanecer durante largos períodos en sus túbulos renales, siendo excretados mediante la orina, sin estar el animal enfermo. Incluso perros inmunizados pueden expulsar leptospiras infecciosas en la orina durante largo tiempo. La mayor fuente de infección para el ser humano la constituye la exposición directa a orina de esos animales o el contacto con agua y/o suelo contaminados con las mismas.

Peligro de contagio en las siguientes actividades:

Actividades ocupacionales: como el desempeño laboral de veterinarios, ganaderos, tamberos, carniceros, trabajadores de frigoríficos, agricultores, trabajadores de la red de saneamiento, limpiadores de alcantarillas, pescadores, deportistas, guías turísticas e isleños.

Actividades recreativas: darse baños en lagunas, arroyos o en la ribera del río, pescar, practicar deportes acuáticos, acampar en zonas barrosas o islas.

Actividades cotidianas: cortar el césped, manipular residuos, higienizar el comedero y bebedero de animales domésticos y de granja, cortar leña, limpiar galpones, tomar agua que no proviene de la red potable o que aún siéndolo, fue dejada en el vaso durante la noche, dado que podría haber tenido contacto con algún roedor.

La infección por leptospira puede ser asintomática, pero normalmente los médicos encuadran ciertos síntomas como un subdiagnóstico, que los lleva a sospechar la presencia de la enfermedad. Después de un período de incubación que es de 2 a 26 días, generalmente se inicia con escalofríos, fiebre elevada, dolores musculares y cefalea intensa, que aparecen en forma brusca. Predomina el dolor de pantorrillas, columna y abdomen. Paulatinamente surgen náuseas, vómitos, con menos frecuencia diarrea, postración y ocasionalmente disturbios mentales. La congestión conjuntival es característica, aunque no constante, pero de importante ayuda diagnóstica. Puede ir acompañada de fotofobia, dolor ocular y hemorragia de la conjuntiva. A diferencia de las conjuntivitis bacterianas tradicionales, no hay pus ni secreciones. Las lesiones cutáneas son variables, dependiendo de la sensibilidad de la dermis de cada persona. Como ninguno de los síntomas es específico, con frecuencia se plantean otros diagnósticos: gripe A, meningitis aséptica, encefalitis, hepatitis anictérica, dengue, brucelosis, toxoplasmosis, malaria, tifoidea, encefalitis, etc. El antecedente epidemiológico en la zona, unido al conjunto de las manifestaciones clínicas despiertan la sospecha de Leptospirosis y llevan a solicitar los estudios serológicos correspondientes, que son los que confirmarán el cuadro. La evolución posterior va a ser variable. En las formas leves, el enfermo se recupera totalmente en 3 a 6 semanas. En las formas más severas, el curso de la enfermedad puede ser prolongado, desarrollándose una nueva fase con manifestación de meningitis, parálisis de nervios craneanos, neuritis periférica, convulsiones e insuficiencia renal. Son posibles los infartos encefálicos isquémicos, las hemorragias oculares, tos seca y complicaciones respiratorias, que pueden causar la muerte.

La leptospira es predispuesta a morir en condiciones adversas como deshidratación, exposición a detergentes y a temperaturas que superen los 50°C. Por estas razones, es importante evitar la acumulación de agua en recipientes, mantener higienizados todos los elementos de uso cotidiano y hervir el agua que será para consumo familiar.

Si se confirma la Leptospirosis en una mascota, las medidas a tomar dependerán de la naturaleza de los contactos de la familia con el animal. Las actividades diarias no significan riesgo de transmisión. Sin embargo, se debe evitar el contacto directo o indirecto con la orina, sangre y otros tejidos durante el período de infección. Por ejemplo, ayudar en un parto animal es una actividad de alto riesgo en caso de tratarse de una hembra infectada.

 

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