¿Cálculos en la vesícula? Sepa qué hacer y qué comer

El Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires difundió una investigación que llevó a cabo en conjunto con la Facultad de Medicina de la UBA, mediante el cual se estima que el 25% de las mujeres argentinas presenta cálculos en la vesícula biliar en alguna etapa de su vida. Los cálculos son básicamente depósitos duros y similares a cristales de roca, que se forman dentro de la vesícula biliar y que difieren en su tamaño de una persona a otra. Pueden ser tan pequeños como un grano de arena o tan grandes como una pelota de golf.

La población más susceptible es aquella que ingresa a los 40 años y las posibilidades de padecerlos aumentan en un 50% a partir de los 70. Las causas de esta enfermedad son atribuidas a factores dietéticos, dado que cada vez se come desde más jóvenes mayor cantidad de “alimentos chatarras” y a antecedentes genéticos, que deben ser controlados. El trastorno es silencioso y su aparición es casi imposible de prevenir, puesto que presenta una importante cantidad de factores de riesgo, que elevan las probabilidades de tenerlo: la obesidad es uno de ellos, sobre todo en las mujeres. El exceso de estrógenos debido al embarazo, la terapia hormonal sustitutiva o las píldoras anticonceptivas parecen incrementar los niveles de colesterol de la bilis y disminuir la movilidad de la vesícula, siendo ambas cosas causantes de cálculos. El consumo de medicamentos que reducen el colesterol de la sangre sin la debida prescripción médica, pueden aumentar los niveles de colesterol segregados por la bilis. Las personas diabéticas también son propensas, ya que generalmente tienen niveles elevados de ácidos grasos (llamados triglicéridos). El ayuno durante largas horas reduce la movilidad de la vesícula biliar. Las dietas express también son contraproducentes, dado que cuando el cuerpo metaboliza la grasa de una persona que adelgaza rápidamente, hace que el hígado segregue una cantidad extra de colesterol en la bilis.

Habitualmente no aparecen mayores síntomas que el fuerte dolor abdominal, tipo cólico hacia la parte superior derecha del mismo, lo que debe motivar la rápida consulta al médico gastroenterólogo. Algunos signos complementarios de advertencia, pueden ser estados febriles, dolor en la espalda entre los omóplatos o en el hombro derecho, coloración amarillenta de la piel, heces color arcilla, náuseas y vómitos en casos avanzados. Mediante estudios como la colecistografía (rayos X que muestran el flujo de un líquido de contraste desde el intestino hacia la vesícula biliar), ecografías, ultrasonidos, exámenes de laboratorio en sangre y otros procedimientos médicos, pueden ser detectados tempranamente, evitando complicaciones futuras.

Tener cálculos vesiculares no implica someterse a una intervención, ya que sólo entre el 30% y 40% de los casos llegan a operarse, dependiendo del grado de formación que tenga el mismo, entre otros factores. Existen también medicamentos, ácidos químicos en diferentes presentaciones y tratamientos muy efectivos.

Como la enfermedad se basa en la formación natural e interna de un cuerpo que obstruye el normal funcionamiento del órgano, después de un tratamiento o de haberse eliminado el cálculo por alguna vía, la posibilidad de que vuelva a desarrollarse continúa latente. Por esa razón, es fundamental ser estrictos con la alimentación y la bebida que se consumirá a partir de ese momento. El agua debe transformarse en el primer aliado, ya que ingiriendo de 2 a 3 litros diarios, se evitará el almacenamiento de residuos en los riñones y la vesícula.

Alimentos permitidos: pescado, pollo o carne magra a la plancha, al horno o a la parrilla. Puré de calabazas, zanahoria o verduras hervidas. Puré de manzanas. Guisos sin grasa y sólo unas gotas de aceite para que no se adhieran a la olla. Papas, calabaza y zanahorias al horno. Sopas de verduras. Sopas de carne o pollo desgrasado con verduras y fideos. Jamón magro. Pastas. Arroz cocido, con moderación ya que puede causar sequedad de vientre. Tortillas de verduras o de papa, pero con poco huevo y cocinadas en el horno. Ensaladas. Manzanas asadas o en compota. Frutas crudas. Licuados de fruta. Gelatinas. Merengue. Mermelada. Lácteos descremados, como leche, yogur y queso magro.

Alimentos prohibidos: Las grasas en todas sus formas. Todo tipo de frituras. Embutidos en general. Mayonesa, excepto la 0 colesterol. Porotos, garbanzos o habas. Coliflor y repollo. Tomate. Lácteos enteros como manteca, crema de leche y quesos. Productos de panadería y pastelería. Chocolates. Helados. Café. Jugo de naranja.

Cada profesional evaluará el cuadro clínico de su paciente y dependiendo de otros factores sumará o restará alimentos. Lo importante es llevar a cabo una dieta saludable y con un aporte energético que permita de forma progresiva normalizar el peso en caso de sobrepeso u obesidad. La ingesta debe fraccionarse en las 4 comidas diarias, sin saltarse ninguna, ya que el ayuno como el exceso son contraproducentes.

Para que la comida resulte más apetitosa, se pueden emplear diversos condimentos, como vinagre de manzana o vino y zumo de limón. Es aconsejable evitar las especias fuertes, como pimienta y pimentón, porque no serán bien tolerados. Asimismo, consumir la menor cantidad posible de ajo, cebolla y puerro, dado que estimulan las secreciones digestivas. Las hierbas aromáticas como laurel, tomillo o romero, le darán un toque particular y atractivo a las preparaciones, ayudando además a la correcta digestión.

Todo plan alimentario debe estar acompañado del ejercicio físico diario, que en pacientes con cálculos tendrá que ser suave y de leve impacto. Pasear y gimnasia de mantenimiento de la movilidad muscular, que no impliquen grandes esfuerzos, son buenas alternativas.

 

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