Aseguran que desde el punto de vista financiero y comercial, es un año clave para sembrar trigo

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Analistas agropecuarios señalan que el impacto de la sequía en la productividad de los cultivos de soja y maíz, condujo a que la situación financiera de muchos productores esté seriamente comprometida y en ese contexto, la implantación del cereal lidera el centro de atención, siendo clave para muchos de ellos.

Julio Manuel Castellarin, técnico del INTA, recordó que “existen ensayos de larga duración en la región pampeana, que reafirman que la inclusión de trigo y maíz en la secuencia de cultivos, mejora las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo, al tiempo que cada uno de los cultivos de la rotación, rinde en promedio un 10% más que si cada uno de los mismos se hiciera en monocultivo. Además, esta variación, permite un control más eficiente de aquellas malezas denominadas comúnmente como duras”. El técnico no dudó en advertir que “el monocultivo de soja genera una pérdida continua de la materia orgánica del suelo, que incide negativamente en la economía del agua y limita seriamente su capacidad productiva”.

En cuanto a las cuestiones climáticas, Castellarin citó al Servicio Meteorológico Nacional (SMN), señalando que “para el trimestre mayo-junio-julio hay una alta probabilidad de que las precipitaciones sean entre lo normal o inferior a lo esperado y con temperaturas superiores”. Frente a este pronóstico, el especialista destacó la importancia de contar con “un correcto entendimiento del desarrollo del cultivo” para decidir cuándo sembrar, como así también predecir el momento óptimo para efectuar algunas prácticas de manejo y ubicar las etapas más sensibles del cultivo en condiciones ambientales menos riesgosas.

En cuanto al manejo de malezas, Juan Carlos Papa, profesional de la misma institución, aseguró que “no existen recetas fijas, protocolos o procedimientos universalmente válidos para su manejo exitoso” y que si bien “las especies de malezas que pueden afectar al cultivo son otoño-invernales, variarán en función de las condiciones agro-edafo-climáticas imperantes”. De todos modos, recomendó comenzar temprano con las prácticas de control, generalmente en el corto barbecho previo a la siembra, con herbicidas de acción total y eventualmente, la participación de un herbicida residual. A su vez, sugirió la integración de los herbicidas con métodos culturales de control tal como las rotaciones o bien los arreglos espaciales competitivos. En este sentido, destacó aquellos cultivares de trigo capaces de competir ventajosamente con las malezas.