¿Cuáles son las principales plagas que en cada campaña ponen en alerta al trigo en el país?

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La producción de trigo en la campaña 2017/18 en la provincia fue de 751.335 toneladas, lo que representó un 11% menos que en el período anterior. Los rendimientos departamentales más altos se detectaron en Victoria y Gualeguay, que superaron en 327 kg/ha a la media provincial, que fue de 2.523. En cambio, los más bajos se orientaron hacia el Norte y Este del territorio (Federación, Feliciano y Concordia). Las enfermedades, especialmente royas y fusariosis, atacaron fuertemente algunos lotes, por lo que se no se dieron los resultados esperados en algunas zonas.

 

Los “enemigos”

 

En la Región Pampeana en general, el cultivo de trigo es afectado fundamentalmente por 4 complejos de “insectos plaga”: gusanos blancos, pulgones, orugas y chinches. Cada uno de los mismos causa daño en diferentes etapas fenológicas del trigo y su incidencia dependerá de los niveles de abundancia que desarrollen.

Entre los primeros, la especie más relevante es la conocida vulgarmente como “bicho torito”. Forma parte de la fauna de suelo y se caracteriza por presentar coloración blanca-amarillenta, cabeza marrón rojiza, esclerosada y de ancho similar al de su cuerpo. La larva se alimenta de semillas y raíces, siendo la del tercer estadío la más voraz. Esta última se la encuentra desde mayo a octubre alcanzando un tamaño superior a los 5 cm. de longitud. Se conoce que una larva es capaz de consumir las raíces de una planta de trigo por semana.

Los “gusanos blancos” están estrechamente vinculados a la siembra directa, dado que la ausencia de labranzas hace que estos insectos no queden expuestos a predadores como las aves o a las contingencias climáticas, encontrando en este sistema las condiciones ideales para su desarrollo.

Los pulgones en tanto, son insectos fitófagos, de tamaño reducido, de entre 1 y 4 mm, la mayoría de ellos. Poseen gran capacidad reproductiva, lo que les permite desarrollar colonias importantes en este cereal. Al alimentarse, succionan grandes cantidades de jugos vegetales e incorporan saliva tóxica, produciendo manchas, clorosis y muerte del tejido. Algunas especies de áfidos pueden ser vectores de enfermedades, tal como el virus del enanismo amarillo de la cebada. En la década del ‘70 la especie más relevante era el “pulgón verde de los cereales” (Schizaphis graminum), que provocaba severos ataques durante otoño e invierno. Posteriormente se sumaron otros 2, el “pulgón amarillo” (Metopolophium dirhodum) y el “pulgón de la espiga” (Sitobion avenae).

 

Acciones del INTA

 

Para mitigar el impacto de estas plagas, el INTA llevó adelante un programa que tenía como finalidad desarrollar e implementar un sistema de control integrado de los pulgones de los cereales en la región pampeana. Mediante las investigaciones realizadas, se logró disminuir considerablemente la incidencia de los áfidos en la producción cerealera argentina, a través de la incorporación de herramientas de manejo, novedosas para la época. Dentro de ellas cabe mencionar la obtención de cultivares de trigo resistentes/tolerantes a pulgones, la determinación de fechas óptimas de siembra, la importación de enemigos naturales (predadores y parasitoides) y el uso de insecticidas selectivos. No obstante, quizás vinculado a cambios en el sistema productivo, se identificaron nuevas especies, como el “pulgón negro de las gramíneas”, el que fue registrado por primera vez en Entre Ríos, en septiembre de 2002. Cada una incide en diferentes etapas fenológicas del cultivo. Así, el “pulgón verde” se manifiesta durante el período de emergencia y macollaje, los “amarillo y de la espiga”, desde encañazón a espigazón y el “negro de las gramíneas”, desde macollaje hasta el estado de grano lechoso. Los dos primeros se ubican preferentemente en el envés de las hojas, la tercera especie se localiza en la espiga, alimentándose de las raquillas lo que dificulta la llegada de savia a los granos en formación.