Francia: una masiva huelga abre las puertas a una ola de paros

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Liderada por los ferroviarios, la medida de fuerza desafía a Emmanuel Macron, y sumerge al país en un caos.

El presidente de Francia Emmanuel Macron se juega su reputación y sus reformas al confrontar este martes una huelga múltiple, que deja a los franceses sin trenes, con basura en sus calles y cortes de luz y de gas durante los próximos tres meses. Una de las medidas de fuerza más larga de la historia es el proyecto. Los ferroviarios frenarán la liberalización de la economía francesa, como en tantos otros gobiernos, o el pequeño Margaret Thatcher francés los desafiará uno a una a los sectores y no cederá.

El “martes negro” ha comenzado espectacularmente. Al menos 4,5 millones de franceses se quedaron sin trenes porque el 75 por ciento de los trabajadores ferroviarios se plegaron a la huelga. Dos de cada cinco días en la semana no habrá trenes en Francia hasta el 28 de junio para protestar contra el cambio del status de ferroviarios, que le permite un trabajo para toda la vida, con una jubilación a los 50 años. Los ferroviarios se oponen que la SNCF, la compañía ferroviaria estatal seriamente endeudada, se abra para aceptar las reglas de competencia de la UE. El gobierno sostiene que el estado seguirá siendo su propietaria pero cotizará en bolsa. El temor gremial es que sea privatizada.

Un pasajero aguarda en una plataforma durante una huelga ferroviaria nacional de la SNCF en la estación de tren Gare de Lyon./ EFE

El gobierno niega esta privatización y argumenta que lo que está en juego es su modernización y eficiencia. Los nuevos ferroviarios que ingresen tendrán otro status, como cualquier trabajador francés y no los actuales privilegios del sector. Pero no cambiarán la estructura de la compañía.

“Nosotros estamos defendiendo el servicio público francés, no solamente los ferroviarios” dijo Emmanuel Grondein, el jefe de Sud, uno de las agrupaciones sindicales detrás de la acción, pero que mantiene un diálogo con el gobierno.

El gran test es para Macron y para la CGT, que ha pasado de ser la primera a convertirse en la tercera fuerza gremial francesa por su radicalización y la pérdida de militantes. Los ferroviarios son el sector más riesgoso a la hora de las reformas y el más duro. Macron deberá demostrar que no va ceder. Aunque el riesgo es caer en la confrontación del año 1995, que llevó al entonces primer ministro Alain Juppé a abandonar las reformas y finalmente, a renunciar.

El presidente francés permanece optimista. En su fin de semana en su casa de la playa en Touquet, estaba exultante cuando al regresar de su partido de tenis, un transeúnte le gritó: ”No ceda con el SNCF”. ” No se inquiete”, dijo, tras posar para varias selfies.

Emmanuel Macron saluda a seguidores en Le Touquet./ AFP

En esta batalla de relaciones públicas, el gobierno quiere que Francia abandone su cultura de huelgas y busca abrir un diálogo abierto con los gremios.

Esta vez los sindicatos han abandonado la marcha, que tenía olor a naftalina en Francia en los últimos tiempos, para reemplazarla con un abierto desafío en la radicalización de la acción, su duración y la multiplicidad de apoyos.La última gran marcha fue el 22 de marzo.

En esta larga duración de la huelga se juega el “tour de force” entre el gobierno y los gremios . En una semana ya la opinión pública comenzó a cambiar de humor:antes la apoyaba el 42 por ciento, ahora el 46 por ciento la considera justificada a la medida de fuerza.

Pasajeros pasan junto a trenes parados en Marsella./ AP

La dirección dijo que el 33,9 por ciento apoya la huelga contra el 35,4 por ciento el pasado 22 de marzo. En una encuesta de la revista Le Point de este martes, el 51,1 por ciento no la considera justificada y el 48,9 por ciento sí. En esa evolución de los sondeos se centralizará la posibilidad de unos y otros.

Macron quiere hacer de la SNCF el espejo de su revolución reformadora. En este combate se juega la voluntad del estado de mantener las reformas sin ceder o correr la misma suerte que sus antecesores.

EFE