Medina: “Hace más de 60 años que no veíamos una explosión poblacional de langostas como la de ahora”

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En Argentina, la langosta sudamericana no es una plaga novedosa, ya que se tienen registros de que cientos de años atrás, hubo casos en los que afectó gravemente a la agricultura. “Es un problema histórico”, afirmó el coordinador del Programa Nacional de Langostas y Tucuras del SENASA, Héctor Medina, quien alertó que “hace más de 60 años que no veíamos una explosión poblacional como la de ahora, en la región”.

Se trata de un insecto versátil, con una gran capacidad de dispersión (puede moverse hasta 150 kilómetros en un día) y voracidad (se alimenta de distintas especies vegetales). “Según los registros que tenemos, hay 8 provincias perjudicadas con distintos grados de afectación”, señaló Medina. A escala nacional, el grado de dispersión es alto. Cabe acotar que Entre Ríos por el momento no está afectada por esta plaga y suponen especialistas que el riesgo de que lleguen a este territorio, es bajo, aunque la posibilidad está.

A principios de 2017, Bolivia y Paraguay alertaron sobre la presencia de mangas y bandas de la langosta sudamericana. Se estima que, a fines de junio de 2017, ingresaron a la Argentina desde Paraguay y provocaron los primeros ataques a cultivos en el norte del país. “Hoy la superficie de vigilancia es muy extensa, abarca los 400.000 kilómetros y tenemos un mapa que muestra las zonas afectadas”, indicó Medina.

Con el objetivo de contener su avance y evitar la formación de mangas que migren a otras zonas productivas, el SENASA declaró la emergencia fitosanitaria. “El anuncio difundido en agosto de 2017 prevé que la plaga va a seguir, al menos, hasta agosto de 2019”, expresó el coordinador, quien añadió que “es un problema que no se va a solucionar de un día para el otro”.

Es un insecto que se caracteriza por su gran facilidad para migrar de un  sitio a otro y se reproduce muy rápidamente. “En el mundo, cada 15 ó 20 años se dan condiciones que favorecen el crecimiento exponencial de estas poblaciones”, explicó Medina, quien advirtió que, en la mayoría de los casos, el clima tiene un rol central.

En este sentido, Eduardo Trumper, especialista en manejo de plagas del INTA e integrante del comité interinstitucional de crisis por emergencia de la langosta comandado por el SENASA, analizó los factores que se combinaron para la expansión: “Un invierno con temperaturas medias elevadas y con precipitaciones más frecuentes que el promedio histórico contribuyeron a que las langostas adultas anticipen la interrupción de su letargo invernal y reinicien su fase reproductiva”, expresó.

En consecuencia, se cumplieron tres generaciones de langostas en un mismo año, en lugar de una o a lo sumo dos. “Esta es la condición demográfica necesaria para que se cumpla un proceso de crecimiento exponencial de la población y se dispare el cambio de fase solitaria a fase gregaria”, detalló Trumper.

Las langostas pertenecen al orden de insectos ortópteros, poseen patas posteriores largas para saltar y un aparato bucal masticador potente que le permite alimentarse de hojas y de otros órganos de plantas. Asimismo, se caracterizan por su gran capacidad migratoria y alta tasa reproductiva, lo que les confiere el potencial para convertirse en plagas devastadoras y afectar la vegetación de grandes extensiones de terreno.

Las langostas y la mayoría de las tucuras (palabra que significa ‘parecido a langosta’ en guaraní), poseen tres pares de patas y en estado adulto desarrollan alas, a excepción de algunas especies como las del género Bufonacris. Sin embargo, la principal diferencia entre langostas y tucuras es la capacidad de pasar de un estado solitario a uno gregario, producto principalmente, a un aumento de la densidad. Este cambio de fase implica la alteración del tamaño, color, comportamiento de la plaga y aumento de su capacidad de dispersión y voracidad.

De esa manera, pueden dispersarse a otros territorios y evitar la competencia por el alimento. “Con viento a favor, una manga de langostas puede moverse hasta 150 kilómetros en un día”, ejemplificó Trumper.

Como es un problema que depende de múltiples factores, el comité interinstitucional de crisis por emergencia de la langosta comandado por el SENASA advierte sobre la necesidad de realizar el monitoreo permanente de los lotes y denunciar la presencia de langostas lo antes posible a los organismos involucrados.

Para Medina, “el control de la plaga se debe realizar con la mayor premura posible y es independiente de la denuncia o aviso de presencia”. “Contener el avance de la plaga dependerá de todos los actores involucrados”, aseguró.

De acuerdo con los especialistas, el momento óptimo de control para evitar la explosión demográfica y posterior dispersión territorial es el estado ninfal. De todos modos, frente a una situación extrema, indican que el control debe hacerse en todos los estadíos para frenar o relentizar el aumento poblacional de la plaga.

Las langostas en estado de ninfas no tienen capacidad de vuelo, por lo que el monitoreo es al ras del suelo. “Se deben observar periódicamente los sitios de posturas para verificar nacimientos y los daños en malezas o cultivos”, manifestó Medina.