Tony Vergara, “El Negro” Gottig, Ariel Cuello y “El Paisano Juan” contaron en “Grandes Reportajes” sus mejores recuerdos como músicos

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Visitaron el “Centro Periodístico de Entre Ríos”, el cantante solista Tony Vergara, el músico Waldemar “El Negro” Gottig y Ariel Cuello y su papá “El Paisano Juan”, quienes en diálogo con el Cont. Fernando A. Huck, director de El Observador y conductor del programa “Grandes Reportajes” que se emite por Canal 6 ERTV, repasaron sus extensas trayectorias en la música y contaron sobre esta actividad, que sigue teniendo un gran auge y con cada vez más cultores en Crespo y la región. 

– Desde muy jóvenes se inclinaron a esta actividad…

– (Vergara) Sí, en mi caso tengo 66 años y llevo 50 dedicados a la música. Empecé a cantar siendo muy joven y si bien tuve un parate por el servicio militar, he tenido una activa participación como solista y en grupo, con 12 discos y en muchos de ellos, con canciones propias. El último se titula “Es mi vida”, porque precisamente la música es parte de mi vida.  

– (Gottig) Tengo 68 años y a los 14 ya tocaba la armónica y a los 18 el acordeón. Nunca canté y no participé de grupos con otros cantores, porque eso exigía de muchos ensayos, viajes y demás. Sí participo por invitaciones que me hacen para animar musicalmente casamientos, fiestas, cumpleaños y de distintos géneros, como paso doble, chacarera, cumbias, vals, chamamé y a todo eso, lo aprendí ‘de oído’. Me gustaba mucho el acordeón, fui una noche a ver a Los Henkel y al otro día ya estaba tocando un tema que me habían enseñado. Al bar de mi papá iban músicos a tocar el acordeón, un día me compraron uno y ahí empecé. Me juntaba con músicos amigos que me acompañaron, como Lucho Puntín, con Videla de Ramírez, con Luis Fenoglio, con Pepe (Machovec) y Rolando, quienes me enseñaron muchísimo. Lo que no me gusta es viajar, no tengo obligación de andar de gira, por lo que participo en fiestas cercanas, para colaborar con la Iglesia, con las escuelas…

– (Cuello) Yo arranqué a los 6 años y ya llevo 30 en la música. Mi primer festival fue el de Diamante, haciendo un sapucay. Somos tres generaciones de la familia Cuello en esta actividad, mi papá (El Paisano Juan) fue el primero, con el grupo Los Tres del Taragüí (chamamé). Me sumé a él y a los 14 años empecé a tocar la guitarra y recorrimos muchas provincias. Con el tiempo me dijo que tenía que seguir por mi camino y me integré a Los Chamarriteros, el grupo de los Hermanos Cuestas…

– (El Paisano Juan) Tengo 71 años y desde muy chico estoy dedicado a la música. Soy nacido y criado en la zona de Molino Doll. Recuerdo que iba a los bailes y me sentaba al lado del que tocaba la guitarra, lo miraba y así fui aprendiendo. A los 21 años compré un acordeón, llegué a mi casa a las 19.00 y para las 23.00, ya había sacado 7 temas. Siempre me gustó probar los instrumentos, en casa hay quenas, armónicas… Uno está feliz de lo que ha hecho en su trayectoria musical, pero considero que es hora de dar un paso al costado. Tengo 56 años en la música. Ya los kilómetros cuentan, en especial cuando hay que subirse a un auto e ir a festivales. Lo único que quería era tocar en mi pago, pero se fueron dando oportunidades…  

– ¿Se puede vivir de la música?

– (El Paisano Juan) No, pero en mi caso, me ayudó a vivir…

– (Cuello) La música es una profesión como cualquier otra, que lleva horas aprender. Tenemos que viajar, tocar a veces el viernes y hacerlo al otro día o tener dos show en una misma noche. Una de las cosas más importantes de la música es que abre puertas. El año pasado fuimos a Uruguay de gira y después a Chile. Personalmente no me esperaba llegar a dos países con esta actividad, que es un arte y al que le gusta y lo lleva en el corazón, le llena el alma.

– (Vergara) Los viajes, más a nuestra edad, son cansadores. Demanda esfuerzo, tiempo y creo que es importante cobrar por lo que uno realiza, más allá de que muchas veces uno lo hace porque le gusta y lo apasiona. Tuve la oportunidad de pasar momentos muy buenos, como los 20 años que tuvimos con Cuarteto Sol. Tocábamos por todos lados y todos los fines de semana, por lo que hicimos una buena moneda en ese tiempo. Ahora estoy como solista melódico, con temas que nunca pasan de moda… 

– ¿A quiénes tienen como ídolos o referentes?

– (Paisano Juan) Tuve la oportunidad de ser un seguidor de un grande de la música, con quien luego tuve además una gran amistad: el “Rey del chamamé”, Don Tarragó Ros, el padre de Antonio. Me enseñó un montón de cosas…

– (Cuello) En mi caso tuve admiración por Carlos Santa María, músico diamantino que está radicado en Ecuador actualmente. Es como un Atahualpa Yupanqui, pero de Entre Ríos. También me gusta la música de Raúl Barbosa y por supuesto Los Hermanos Cuestas, porque tengo una gran amistad con ellos y por la chamarrita.

– (Vergara) Para mí los referentes son Los Iracundos. La primera canción que canté fue de ellos, “La distancia es como el viento” o “Puerto Monn”, que es su himno o “Chiquilina”, “Marionetas de cartón”… Me gustan mucho las canciones de Pomada, Los Ángeles Negros o de los genios del cuarteto, que son los cordobeses y todo lo que es música melódica, como Chayane, Carlos Baute, Ricardo Montaner…

– (Gottig) De chiquito me gustaba como tocaba Aurelio Wendler (acordeón). Fue mi referente. Con él, una sola vez tocamos juntos…

– Crespo se destaca por la cantidad de grupos musicales… 

– (Vergara) Siempre van saliendo generaciones nuevas de chicos y eso es muy positivo, de música alemana, rock, cumbia, entre otros. De Crespo hay recuerdos hermosos en cuanto a esta actividad, incluso de gente que ya no está con nosotros. Podemos hablar de Hugo Ramírez, quien fue uno de los primeros que comenzó a hacer música alemana; Marcos Merlo, quien tocaba el bandoneón…

– ¿Es difícil llegar a la grabación?

– (El Paisano Juan) En nuestro caso tenemos grabaciones, incluso del tiempo que se hacía en casettes, hasta que empezaron a llegar los CD… Para acceder a compañías a nivel nacional es muy difícil para la gente del interior, a la que le es muy importante llegar para poder difundir lo que uno está haciendo. 

– (Cuello) Pero más allá de las grabaciones, hay muchos festivales y eventos para desarrollar este idioma universal que es la música. Todo el mundo entiende este idioma. Con la música, la gente baila, hace palmas y se olvida de todos los problemas en ese momento. Hay festivales multitudinarios, como Diamante, Jesús María o Cosquín. El año pasado estuvimos en un festival en la República Oriental del Uruguay que juntó 45.000 personas. Son recuerdos gratos que deja esta actividad…  

– (Vergara) Subir al escenario y cantar con Los Ángeles Negros, con Pomada, con Los Iracundos, con Beto Orlando y con otros grupos reconocidos, fue un honor. Cuando vino Juan Ramón a Crespo, se estaba haciendo la prueba de sonido, él estaba sentado en el medio de las butacas del salón municipal, me llamó y me dijo “Tony, probá el sonido con el tema Cariñito” y lo canté. A la noche, cuando estaba el show, me llamó y me hizo subir al escenario y canté con él esa canción.

– Debe haber cientos de anécdotas…

– (El Paisano Juan) Sí, recuerdo que en Uruguay, nos pusimos a hacer un tema instrumental y en un momento dado, vi una cosa que voló y cuando levanto la mirada, solo aprecié que era algo blanco. En el grupo, él único viejo era yo, los demás eran todos jovencitos. No sé si se lo tiraron al bajista o al baterista, lo cierto es que era un corpiño y me quedó enganchado en mi sombrero aludo. Yo movía la cabeza y nada, no lo podía bajar, mientras seguía tocando. Son lindos recuerdos y anécdotas que uno va sumando en esta hermosa profesión.