Falleció el Padre Teodoro Grünewald, quien fuera párroco en Crespo entre 1978 y 1988

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Este jueves 4 de enero falleció a los 84 años, en Esperanza, el Padre Teodoro Grünewald. El sacerdote, quien cumpliera funciones en el Parroquia del Rosario de Crespo, entre 1978 y 1988, nació el 29 de junio de 1933 en Pueblo San José (Buenos Aires). Sus padres fueron Felipe Grünewald y Ana Hait. Ingresó al noviciado, en Rafael Calzada (BA), el 1 de marzo de 1950. Fue ordenado sacerdote el 7 de septiembre de 1958, ejerciendo primeramente su misión en el Colegio San José de Esperanza como sub-prefecto y docente.

En 1961 fue nombrado vicario cooperador en la Parroquia Natividad de María de la misma ciudad, siendo trasladado luego a la Parroquia de San Jerónimo Norte, donde se desempeñó como vicario cooperador hasta 1968. Por un año (hasta 1969) fue cura-párroco de la Parroquia de Bandera (Santiago del Estero) y desde allí fue designado para cumplir tareas sacerdotales en Rafaela, donde estuvo hasta 1978. Ese año asumió en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Crespo, misión que la ejerció hasta 1988, dejando su impronta en la ciudad, cosechando cientos de amigos con los que siguió en contacto hasta sus últimos días.

Posteriormente estuvo nuevamente en San Jerónimo Norte, luego en Santa Fe (capital) y tras 40 años de trayectoria, se le pidió integrarse a la comunidad de “San José” de Esperanza, donde siguió prestando servicios de vicario cooperador.

“A lo largo de su vida religiosa misionera se distinguió por ser un buen párroco, que con responsabilidad, entrega y dedicación brindaba sus servicios. Buen planificador y organizador de la pastoral donde contó con innumerables colaboradores y personas que apoyaban la misión. También fue un buen compañero, “maestro-formador” de nuevos misioneros que tras la convivencia con él reconocen que ha marcado sus personas y prácticas” se destacó en un comunicado publicado por la Parroquia del Rosario.

“Era un hombre que poseía la sabiduría de la experiencia de la vida, era sobrio y modesto, pero tenía una delicada picardía que mantuvo hasta el final. El P. Teodoro, hombre de fe y oración, de mucha lectura, preparaba con esmero sus reflexiones que los fieles escuchaban con gusto y provecho… En los últimos meses, su salud se fue se fue deteriorando, tras varias internaciones y con cuidados domiciliarios, sobrellevó este tiempo que lo vivió con tranquilidad y paciencia, siendo su deseo permanecer en esa comunidad a pesar de la gravedad de su estado. Así, tras algunos días de terapia intensiva, cuando su cuadro clínico se había complicado y no se podía intervenir más se decide trasladarlo al H. La Piedad para que allí, de un modo más familiar y cálido viviera este tiempo hasta la entrega definitiva de su vida al Señor. Junto al año nuevo que se nos regala agradecemos su vida religiosa misionera y su ministerio sacerdotal que ha producido muchos frutos de bien por donde pasó”.