La breve vida de Rafael Nahuel, el joven asesinado por la Prefectura

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Tenía 21 años y se encontraba en Villa Mascardi para acompañar a algunos familiares y amigos en la comunidad que fue violentamente desalojada el jueves. Además, participaba en actividades solidarias y comunitarias y hacía trabajos de herrería para subsistir.

Rafael Nahuel tenía 21 años. Si bien no integraba la comunidad Mapuche, estaba en Villa Mascardi para acompañar a algunos familiares en la comunidad desalojada. El joven que fue fusilado por la Prefectura en medio de un operativo de represión, participaba en actividades solidarias y comunitarias y hacía trabajos de herrería para subsistir.

La rama paterna de su familia, sí integraba la comunidad y militaba dentro de ella. Su tía, María Nahuel fue una de las tantas mujeres detenidas durante el violento desalojo del jueves. Rafael entonces, se había acercado hasta la comunidad Lafken Winkul para acompañar a familiares y amigos. En una casilla de palos y nylon lo sorprendió el avance represivo de la Prefectura, que lo asesinó de un tiro por la espalda.

El jóven “vivía en una casa y una familia muy vulnerada, muchos problemas”, detallaron los referentes de organizaciones que compartieron actividades y proyectos con Rafael Nahuel. Rafael participaba además del proyecto Semillero del Colectivo Al Margen, donde aprendía el oficio de carpintería. Este año había comenzado a participar de esa actividad, y con la misma organización conoció el distante Cerro Catedral, bajo el programa Esquí Social.

“Hacía changas con todo lo que había aprendido”, cuenta Alejandro Palmas, referente de Al Margen. “Era un pibe re de barrio, changueaba como podía para ayudar a la familia”, contó y contó que ese día “Iba a ir un rato al campo, le dijo a la familia, a acompañar a algunos familiares y amigos. No era militante mapuche, pero tenía clara la lucha territorial que se estaba dando. Cada tanto participaba de algunas ceremonias”.

Fernando Fernández Herrero, referente del San José Obrero, una fundación que trabaja en la integración de los chicos de la zona, contó al sitio En Estos Días, que Rafael se acercó al espacio con sólo 15 años: “Rápidamente aprendió el oficio de herrero, le ponía muchas ganas al taller”, recordó y agregó: “Era el típico pibe de familia muy golpeada que anda por la calle solo y que se las arregla como puede. Muy buen pibe”.

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