Padre Abalde y la educación actual: “La excelencia tiene que ser la calidad de vida, los valores y no tener la nota máxima”

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El Padre Ricardo Abalde (Paraná) encabezó la semana pasada una charla con padres de alumnos de la escuela primaria del Colegio Sagrado Corazón de Crespo. El sacerdote hizo principal mención en cómo desde la casa y las escuelas se debe ayudar a los estudiantes y fue muy claro al decir que “la excelencia tiene que ser la calidad de vida, los valores y no tener la nota máxima y el figurar”. Acotó que “algunos padres quieren que sus hijos sobresalgan comparativamente, que sean mejor que otros, les exigen a los chicos que se saquen un 10 para tener la bandera, cuando lo importante es lo que logró aprender, que es la base que le permite después defenderse en la vida. En el fondo, esas cuestiones también son una forma de violencia, porque le piden al chico que realice algo quizás en contra de lo que son sus propias capacidades” dijo en diálogo con Valeria Torresín (FM Latina 97.5). “Yo comenté en la charla una experiencia que me tocó pasar, cuando en un colegio me encontré que estaban reunidos 6 abogados contratados por padres de estudiantes de sexto grado, sacando promedios y discutían entre ellos, para ver quién era el abanderado. También sobre el caso de una mamá que sostenía que le correspondía a su hija la bandera y como el promedio no le daba, le sacó fotos (con el pabellón nacional) e hizo unos grandes cuadros para ponerlos en el living de su casa. Años después, por otro motivo, fui a visitarlos y le pregunté a la mamá, ‘¿cómo está su hija con la bandera si no había sido…?’ Se le exige al chico algo que no puede dar, lo que le genera un sufrimiento enorme. Llegar a ese punto, es un absurdo”.

Abalde aseguró que “las buenas palabras hacen que el chico se sienta gratificado, decirle ‘te quiero’, darle una caricia o un abrazo, el papá y mamá lo deben hacer siempre y resaltarles sus logros, de felicitarlos si sacó una buena nota, aunque sea un 7 ú 8, pero tampoco exagerar, diciéndole ‘sos un genio’, porque limpió la cocina, que a eso lo tiene que hacer, porque forma parte de la familia y debe colaborar. Y en cuanto a lo negativo, hay que usar las palabras justas. Hubo un caso de un padre que le decía siempre que era un inútil a su hijo, hasta que él intentó suicidarse porque se había convencido en que no servía para nada. Una palabra bien dicha hace que el chico crezca y una mala, hace que quede ‘aplastado’ y en eso, debemos tener mucho cuidado”.

En ese sentido, el sacerdote dijo que “necesitamos hacer un trabajo en conjunto, papás y escuela, no señalar a nadie con el dedo, no culpar y decir frases acusativas. Debemos tener en claro que nuestra finalidad es que los chicos sean buenas personas y que puedan desarrollarse en la vida. Yo trabajo en Crespo desde hace más de 20 años en el nivel terciario del Colegio Sagrado Corazón, pero colaboro con el secundario y con el primario. En este encuentro con los padres, la idea era hablar fundamentalmente sobre el bullying y cyberbullying, pero lo ampliamos a otras cuestiones, para no acotarlo solamente a esos temas, que sabemos que son preocupantes, por el hecho en sí y por lo que genera después. Vivimos en un mundo muy violento y lo que debemos trabajar es para que nuestros chicos no aprendan a vivir en ese clima”.

– ¿Esas cuestiones se corrigen en la casa y también en las escuelas?

– El trabajo es en conjunto, casa y escuela, porque para nosotros también es un deber como docentes cuidarlos. Necesitamos que se lleven bien entre ellos, que se protejan, que no se golpeen, porque empujar a otro y hacerlo caer, ya no es una broma, sino que es el primer indicio de violencia que en un futuro puede generar cosas peores. Hay que corregirlo ahora, que son chicos, hablar con ellos, tratar de ver qué les está pasando, pero es fundamental que los papás también lo hagan en sus casas, porque ellos hacen lo que ven. Si están en un ambiente hostil en su entorno familiar, después se van a manejar con sus pares de la misma manera.