Columna de reflexión: Salud mental y calidad de vida

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“La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”. Inspirador pensamiento de Gabriel García Márquez, notable escritor, editor y periodista colombiano, que fuera galardonado en 1982 con el Premio Nobel de Literatura.

Un mal recuerdo puede cambiar nuestro día, amargándonos y llevándonos  al plano de la desdicha, o bien los buenos recuerdos ponernos de buen humor, tal vez haciendo memoria de algún hecho pasado o anécdota.

Tener consciencia de lo que somos hoy, es reflejar una individualidad con características espirituales que mantienen nuestro pensamiento activo, porque los malos recuerdos nos paralizan e impiden que sigamos avanzando en el presente.

El amor y el perdón ayudan a sanar un pasado desdichado. Ni el pasado ni el futuro pueden interferir con nuestro avance espiritual, que sólo depende del presente y de la paz mental.

La gratitud por los hechos pasados son señales de bienestar, pero mientras esos recuerdos vengan acompañados de resentimientos a causa de experiencias desagradables, pueden desestabilizarnos emocionalmente. Por eso, es oportuno estar alerta y desalojarlos para poder mantenernos sanos tanto física como emocionalmente.

Los recuerdos ¿pueden afectar la salud física o mental? Tengo una amiga que todos los días, al recordar que su esposo regresaría de la oficina, sentía malestar e inquietud, a causa de las continuas discusiones con él. Esa situación discordante estaba afectando su salud mental. Pero, al tener conocimiento de las verdades de la Biblia, ella trató de buscar citas que la ayudaran a restablecer la armonía y paz familiar. Empezó a orar afirmando no sólo su propia identidad espiritual libre de desacuerdos, sino también la de su esposo. Eso le ayudó a reconocer que cada uno tenía una unión con la fuente de armonía, que es el Amor divino.

Persistió en confiar en los resultados de la oración. Al cabo de un tiempo, logró cambiar su manera de pensar respecto a su pareja y pasó a verlo como el hijo amoroso de Dios. Pudieron hablar sobre la relación matrimonial. Su esposo acostumbraba a llegar malhumorado por los problemas en la oficina, pero después comprendió que no debía mezclarlos con los acontecimientos del hogar.

Con gratitud, mi amiga recordó que Mary Baker Eddy, escritora del Siglo XIX y fundadora del internacionalmente reconocido diario The Christian Science Monitor, desde su juventud vivió experiencias difíciles en cuanto a las relaciones humanas. Más tarde, habiéndolas superado con el perdón que otorga la comprensión del Amor divino, se sintió guiada a escribir en una de sus obras:

“Al purificar el pensamiento humano, este estado de ánimo penetra con acrecentada armonía todas las minucias de los asuntos humanos. Trae consigo previsión, sabiduría y poder maravillosos; le quita el egoísmo al propósito mortal, da firmeza a la resolución y éxito al esfuerzo”.

Al tener presente estas mismas verdades, mi amiga logró desprenderse de los pensamientos que la habían estado esclavizando. Fue la comprensión de la naturaleza espiritual de cada uno que los ayudó a mantenerse en ese nivel espiritual, armonioso y sincero, como viven ahora. Tengamos memoria solo de aquello que nos edifica, lo cual cumple con las expectativas de una vida saludable.

Cada experiencia vivida a través de la espiritualidad nos fortalece; trae a la memoria la mejor parte de la historia, para dar lugar a la paz y la felicidad auténticas.

 

Elizabeth Santángelo (se desempeña como Comité de Publicación de la Ciencia Cristiana en Argentina y es columnista en medios de Buenos Aires y diversas Provincias)

Twitter: @elisantangelo1

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