Aseguran que por fallas en la cosecha, se pierden US$ 1.000.000.000 por campaña

Publicado el 8 de Junio de 2017 por

Expandir el techo productivo es siempre un desafío para Argentina, sobre todo en una balanza económica donde los saldos agrícolas importan tanto como el desarrollo agroindustrial, motorizado alrededor del campo. De hecho, en los últimos 25 años, los productores nacionales, gracias a la creciente adopción de siembra directa, manejo integrado de plagas y malezas, biotecnología aplicada a materiales genéticos de elevado rendimiento y labores eficientes realizadas con maquinaria altamente tecnificada, aumentaron la producción de granos de 37.000.000 a 120.000.000 de toneladas anuales.

Para extender aún más la frontera del rendimiento, el abordaje eficiente de la cosecha es una problemática y a la vez, una oportunidad. Según evaluaciones del INTA, en la última campaña quedaron 3.815.840 toneladas de granos tiradas en los rastrojos, lo que equivale a más de US$ 1.019.000.000. Para 2020, especialistas del instituto estiman que, con buenas prácticas de manejo de bajo costo, será posible recuperar el 20% del volumen perdido y ampliar el saldo exportable del país, así como los márgenes económicos de los productores.

“Las pérdidas reales durante la cosecha superan los niveles de tolerancia recomendados, entre un 25% y un 50%, según el cultivo”, calculó Mario Bragachini, coordinador de un proyecto integrador en el marco del Programa Nacional Agroindustria y Agregado de Valor del INTA.

“El desafío apunta a reducir un 20% los valores actuales de pérdidas en los próximos tres años, lo que implicaría recuperar al menos, US$ 204.000.000 anuales”, resaltó. Además de las disminuciones por pérdida física de granos, “se suma que la cosechadora es la principal responsable del daño mecánico, que tiende a provocar mermas durante el almacenamiento y reduce el valor comercial de la producción”, explicó.

Federico Sánchez, coordinador del Módulo de Eficiencia de Cosecha del Instituto, dijo que “la tecnología necesaria para reducir las pérdidas de cosecha de granos está disponible y avanza día a día” y argumentó que “el país mejoró el parque de cosechadoras en cantidad y calidad y posee productores y contratistas de cosecha altamente capacitados”. Además, explicó que “el 65% del área sembrada en la Argentina es recogida por contratistas que les ofrecen el servicio a los productores”. De este modo, “la figura del contratista especializado y tecnológicamente actualizado resulta un aliado para incrementar la eficiencia”, sostuvo en relación con el impacto que genera el trabajo con actores públicos y privados.

Según un informe del Módulo de Eficiencia de Cosecha del INTA, en los últimos 15 años el parque nacional de cosechadoras creció un 45% y se actualizó en un 24%. El promedio de envejecimiento de las máquinas se redujo de 11,5 años en 2002 a 8,7 en 2017. Hoy, hay en circulación 26.164 cosechadoras en el país frente a las 18.000 que había en 2002.

José Peiretti, especialista del INTA Salta, afirmó que “el 38 % del parque de cosechadoras está formado por modelos axiales que cosechan casi el 60% del área sembrada y permiten una trilla más suave y progresiva” y describió que “el 8% del parque ya está equipado con cabezales draper, que otorgan una gran ventaja a la hora de cosechar soja, trigo, cebada y otros cultivos como colza, garbanzo y porotos, reflejada en una mayor capacidad de trabajo de la máquina y en una trilla con más calidad de grano”.

El informe indica que la maquinaria usada en el país para recolectar cultivos graníferos genera un volumen anual de comercialización de casi US$ 400.000.000. En este sentido, Bragachini detalló que “a esta cifra, deben añadirse las ventas de acoplados tolvas autodescargables, tractores, cabezales maiceros y girasoleros, drapers, tanques de combustible, talleres rodantes y casillas que, sumadas, representan casi el 50 % de la inversión en maquinaria del mercado interno y posicionan a este rubro como el más importante”.

Según Gastón Urrets Zavalía, especialista del INTA Manfredi –Córdoba–, “la metodología de medición de pérdidas es una acción que, en la mayoría de los casos, tiene un costo ‘0’ y repercute notablemente en los márgenes de la actividad”. En ese sentido, sugirió que los productores refuercen la adopción de buenas prácticas y el seguimiento de los lotes.

Para el técnico, la mejora de la eficiencia de cosecha no sólo genera beneficios inmediatos como el aumento de la cantidad de granos, sino que resulta estratégica para la siembra posterior. “Una buena siembra directa comienza en la cosecha, aplicando un esquema de manejo dentro del lote y ajustando adecuadamente los equipos”, señaló.