La exposición prolongada al sol puede desencadenar graves patologías oculares

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Proteger la piel frente a la radiación solar es cada vez más frecuente, pero no se tienen, generalmente, los mismos cuidados con los ojos. Al respecto, el Dr. Nicolás Fernández Meijide, miembro de la Sociedad Argentina de Oftalmología y de la Sociedad Argentina de Cirugía Refractiva y Córnea, recomendó que “siempre que se esté expuesto al sol, hay que usar filtros solares adecuados, especialmente, en las horas de mayor radiación. Descuidar los ojos puede acarrear graves consecuencias en el mediano a largo plazo. La exposición excesiva a los rayos UV se relaciona con diversos problemas visuales, como cataratas, pterigion, fotoqueratitis y cambios degenerativos en la córnea, patologías que pueden causar visión borrosa, irritación, enrojecimiento, pérdida temporal de la visión y en algunos casos, ceguera”.

El profesional detalló que “la catarata es la opacidad total o parcial del cristalino (lente natural del ojo), que reduce progresivamente la visión y normalmente, está asociada a la edad. Se ha llegado a la conclusión de que determinados tipos de cataratas están relacionados con una prolongada exposición de los ojos al sol. También ciertas clases de luz pueden provocar daños en la capa de células retinianas que tapizan el fondo del ojo. El pterigion en tanto, es el crecimiento de conjuntiva fibroso y vascularizado sobre la superficie de la córnea (lente anterior). Es una patología ocular cuya incidencia aumenta en las personas que se exponen al sol con más frecuencia y sin protección adecuada. Visualmente, se presenta como una ‘verruga’, estéticamente indeseable. Las molestias principales son sensación de cuerpo extraño, ardor, ojos rojos y sequedad ocular. Esto se debe a que la carnosidad no permite una lubricación adecuada de la superficie. En fases avanzadas, se elimina con cirugía”.

La queratitis solar o fotoqueratitis mientras tanto, es una lesión dolorosa y de corta duración, producida por una exposición intensa y prolongada a la radiación ultravioleta. Se origina cuando la luz incide en la capa más externa de la córnea, llamada epitelio corneal, durante un tiempo prolongado. Por el efecto de la luz, esta capa se “descama”, dejando las terminaciones nerviosas del ojo al descubierto. Suelen distinguirse dos tipos de fotoqueratitis: la que padecen los soldadores cuando no llevan protección adecuada para realizar su trabajo y la llamada “ceguera de la nieve”. Los que padecen esta última, “son los que practican deportes de invierno sin gafas adecuadas. Aunque no seamos ni soldadores de profesión y ahora mismo no estemos en época de nieve, cualquier persona que se exponga tan solo a dos horas intensas de luz solar puede notar los síntomas varias horas más tarde: lagrimeo intenso, dolor ocular, espasmos involuntarios en los párpados y la sensación de tener arenilla en los ojos”.

El médico remarcó que “la córnea es la primera lente que encuentra la luz cuando penetra en el globo ocular. De su transparencia depende la capacidad visual de cada persona, pero, además, cumple funciones defensivas frente a traumatismos e infecciones. Si está dañada por una quemadura solar como consecuencia de una falta de protección adecuada frente a los rayos UV, el proceso degenerativo resultante puede traducirse en una distorsión o bloqueo de la luz cuando entra en el ojo con las consecuencias descriptas”.

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