¿Por qué los argentinos comen cada vez menos alimentos saludables?

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El aumento de la obesidad, diabetes, cáncer y enfermedades cardiovasculares, entre otras no transmisibles, responde a la elevada ingesta de productos industriales y ultraprocesados, aseguraron especialistas en nutrición. El asesor científico del Centro de Asistencia, Docencia e Investigación de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos de la Alimentación (SAOTA), Julio Montero, expresó que “lo que los médicos llamamos el fenotipo, es el producto de la interacción entre los genes y el ambiente. Hoy sabemos que hay cada vez más obesidad, diabetes, cáncer, alzheimer y otras enfermedades no transmisibles, es decir, que no se contagian. Esto, no puede ser atribuido a cambios genéticos, sino a los cambios ambientales, que son evidentes”.

El médico nutricionista describió que “en los últimos 200 años, con la revolución tecnológica e industrial, se produjo una modificación tremenda de la alimentación. Pasó de una natural en base a tejidos orgánicos, a los productos industriales, mezclas y polvos ultraprocesados, a los cuales nuestros genes no están acostumbrados”.

“Hemos pasado del ‘efecto invernadero’ al ‘efecto engordadero’. Es muy difícil alimentarse distinto, cuando el modelo alimentario nos impregna, nos persigue y se refuerza con mala información”, sostuvo.

En Argentina se consumen 185 kilos de productos ultraprocesados por habitante por año, según los últimos datos difundidos por la OPS/OMS, mientras que cada persona ingiere anualmente un promedio de 18 kilos de galletitas con carbohidratos y grasas agregadas, además de aditivos. “Esta combinación de grasas no se encuentra en ningún producto de la naturaleza, por lo que su consumo no está contemplado en nuestros genes, además de que los aditivos no tienen ninguna función nutricional”, remarcó.

En 2005, el 14,6% de la población argentina era obesa; 8 años después, la proporción ascendió al 20,8%, lo que representó un incremento porcentual del 42,5%.

Sebastián Laspiur, consultor sobre Enfermedades no Transmisibles de la OPS/OMS, por su parte advirtió que hay “un incremento acelerado de la obesidad con todas las consecuencias que esto implica, desde lo metabólico, pero también desde lo psicológico y social, de hecho en Argentina un estudio determinó que las personas obesas tienen doble chance de tener depresión”.

El especialista afirmó que “el origen causal de la obesidad es el consumo de productos ultraprocesados” e introdujo la responsabilidad del Estado y organismos internacionales como reguladores de la oferta ya que, aseveró, “el consumo de los ultraprocesados aumenta a medida que los países tienen menos regulación”.

“Es por esta causa que se habla de que la obesidad es una ‘epidemia comercial’. Hay influencias muy claras del mercado para el consumo de productos ricos en azúcar, grasas, sal, muy adictivos, que pueden permanecer mucho tiempo en góndolas y tienen mucha rentabilidad”, afirmó.

En este contexto, “los patrones de consumo no tienen que ver sólo con la decisión individual sino con las intervenciones efectivas en la regulación del mercado que puedan hacer los Estados. Si dejamos al mercado sin regulación, nada dice que vamos a detener esta curva creciente de obesidad”, apuntó Laspiur.

En relación a las medidas que el Estado puede tomar para mejorar la alimentación, los especialistas mencionan el sistema de colocación de “sellos” negros en el frente del producto que adviertan a los consumidores sobre si contiene exceso de azúcar y grasas, tal como está implementado en Uruguay. “El sistema de sellos frontales permite, además de alertar al consumidor, una clasificación clara de los productos. Por ejemplo, en Chile los productos con estos sellos no pueden ser vendidos en los kioskos escolares, ni tener publicidad destinada a niños”, describió Laspiur.