Roque Raúl Alfaro: Un hombre que respira y vive el fútbol como pocos

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Cordial, respetuoso, amigable y apasionado por la redonda. Aspectos que se desprenden de una amena charla mantenida entre Roque Raúl Alfaro y El Observador. Charla que se extendió por más de una hora pero podría haber durado todo un día. El temario quedó por la mitad y fue víctima de los tiempos del periodismo, con interrogantes para un próximo encuentro con estehombre que supo defender grandes camisetas y jugar con extraordinarios exponentes.

Su amor por Newell’s, el arribo a Cultural, el constante recuerdo de Griffa, su vínculo con Gabriel Heinze, el temple de formarse como jugador profesional y el presente crítico de nuestro fútbol, resultaron algunos de los temas desparramados sobre la mesa.

El diálogo fue iniciado por el propio invitado a nuestra redacción. Alfaro mismo rompió el hielo y nos zambullimos en un diálogo ameno y fluido. El hombre respira y vive fútbol como pocos, lo que se aprecia desde el primer minuto.

“Venía pensando ¿qué me va a preguntar Mauricio? ¿que qué pienso del fútbol?. El fútbol está como está como consecuencia de lo que tenemos. Lo que tenemos hace que sea la consecuencia, tenemos directivos malos, por lo tanto hay jugadores mediocres. Con toda la cantidad de plata que el gobierno anterior les dio a los clubes en estos últimos años, por lo menos nos hubiésemos preocupado por invertir en divisiones inferiores para empezar a sacar buenos futbolistas. Hoy los entrenadores de divisiones inferiores tienen la preocupación de ver si hacen las cosas bien, no importa cómo, pero que ganemos. Sin preparar a los chicos y sin prepararse ellos. Siempre voy a tener presente la forma de trabajar de Jorge Griffa, de quien salió una interminable cantidad de jugadores. Mantuvo un proceso largo en Newell’s que dio enormes resultados. Cuando llegué en 1974, teníamos espejos como Oberti, Mario Zanabria, Santamaría y demás. Luego en el 87-88 campeón, nosotros fuimos espejos de otros como Pochettino, Berizzo, Gamboa… Después apareció una persona nefasta en la presidencia como Eduardo López y deshechó todo, autoritario, no le importaba nada. Griffa terminó en 1995 y se fue”, así comenzó la charla, así rompió el hielo el mismo Alfaro. Espontáneo, crítico y coherente.

Pero fue más allá y profundizó. “Todo debe tener un proceso, hoy lo que necesitamos es volver a la fuente. Argentina se hizo famosa por los títulos de las selecciones juveniles y por poner en primera jugadores de 18, 19 y 20 años porque la preocupación era preparar a esos chicos. Hay un montón de factores que lamentablemente en este momento te llevan a decir que el fútbol está como consecuencia de lo que vemos día a día. Al extremo que cuando se eligió un presidente con un número impar de votantes, la votación terminó empatada. Una vergüenza. Todas esas cosas pasan porque nos creemos los vivos”.

– ¿Es el peor momento de nuestro fútbol en la historia?

– Creo que sí. No sé cuál fue la claridad de Grondona al frente del fútbol, pero Argentina siempre estuvo arriba. Si bien nos empezamos a exponer al mundo con César Luis Menotti, Grondona fue avalando ese proceso y eso dio la posibilidad de que Argentina sea mundialmente reconocido. Hoy es una situación triste al extremo. Bauza no puede elegir un jugador del país para jugar las eliminatorias de Rusia porque estamos cuatro meses sin competir.

– Uno ha llegado a pensar que nos podemos quedar sin Mundial.

– Sin dudas. Con todas las cosas que pasan se puede pensar eso. Podemos sentarnos a enumerar miles de pruebas. Hace poco salieron las escuchas telefónicas de Daniel Angelici, presidente de Boca. Si habría mano dura o se investigaría más, encontrarían muchas cosas ocultas. Por algo me fui de Buenos Aires, nunca me gustó pero todo se cocina allá.

– Te cambio de tema, ¿cómo llegaste a Cultural?

– En su momento me enteré que Unión se había quedado sin director técnico, le llamo a Gabi (Heinze) y le digo ‘¿Vos tenés relación con la gente de Unión?’. Textualmente me respondió: ‘Yo conozco la gente de Unión pero no comulgo con ellos’. Bueno, al otro día había pedido información para llegar al presidente Rubén Zapata, le envié un mensaje ofreciendo los servicios. Estaba disponible porque había dejado de dirigir en Guatemala al involucrarme en las elecciones de Newell’s a mitad de año. Las elecciones fueron malas y me quedé sin Guatemala y sin Newells, en un momento crítico porque estaban los equipos ya preparados para empezar el torneo. En eso surgió esta alternativa. Zapata me contestó amablemente que iba a continuar con quien estaba en el cargo. Al otro día un diario paranaense entregó premios en Libertador San Martín. Yo formé parte del grupo de Nogoyá por la trayectoria deportiva. Esa tarde se comunicó conmigo Hernán (Heinze) para tener una charla. Hablamos. Fue muy rápido. Estuvieron Alba, Demuth y Hugo Dalinger. Me dijeron cómo estaba el club y qué necesitaban. Hernán entendía que era un momento para dar un salto de calidad a lo que se estaba haciendo. Les dije que cuanto antes quería ir y me recibieron demasiado bien, muuuy bien. No me dan ni posibilidad de pensar en irme.

– ¿Con qué escenario te encontraste?

– Principalmente encontré un grupo de trabajo muy humilde y confiable. Un plantel de jugadores con muy buenas condiciones futbolísticas y con un respeto que me llamó mucho la atención. Hubo muchas cosas que me convencieron para quedarme.

– ¿Hacia dónde se encamina el proyecto?

– Creo que este tiene que ser un año importante para Cultural en lo futbolístico, porque fueron tres años de enseñanza donde se hicieron muy bien las cosas. Cuando eso ocurre en un club es como que algo te va diciendo que falta algo para concluir ese camino. El Newell’s del 87-88 venía de un proceso muy bueno con Jorge Solari como DT. Luego llegó Yudica y lo sacó campeón porque era el momento. Este grupo de chicos ya ha logrado un aprendizaje importante. Dentro de ese proyecto y proceso estamos capacitados como para poder redondear un bueno año. Se sumaron futbolistas con trayectoria que habían dejado y me interesa que estén para acompañar a los más jóvenes.

– ¿Cuál es tu idea de juego?

– Tenemos variantes en los jugadores. Mi tradición ha sido el 4-3-1-2. A Griffa siempre le gustó jugar con un volante de creación, pero siempre que quiera que la pelota pase a ras del piso, porque de lo contrario para qué lo tengo. Contamos con interesantes exponentes en Cultural, si los chicos se convencen de su potencial vamos a dar un buen salto de calidad.

– Nombraste a Griffa varias veces, ¿fue el que más influyó en vos?

– Griffa influyó porque me enseñó a ser profesional del fútbol. Me enseñó a amar a Newell’s y a amar al fútbol. Afortunadamente siempre me consideré un buen discípulo que supo escuchar. Eso me dio la posibilidad de jugar casi 20 años. Me enseñó a no bajar los brazos en una situación crítica que viví en River, porque no era fácil que Alfaro fuera el titular con la número 10 y Alonso el suplente.

– Llegaste a decir que salir campeón con River es fácil, pero lo difícil es jugar bien en River.

– Sí, sí. Lo que valoré siempre en River fue que me enseñó a ser ganador. River era primero, no servía ser segundo, no interesaba. Mirá el ejemplo que tuvimos con el Tolo (Gallego) cuando fue DT en el 2000-2001. Salimos campeones, luego subcampeones y subcampeones y nos echaron. En River solamente interesa ganar. Cuando jugaba muchas veces me fui llorando a mi casa porque las cosas no me salían bien. Si había una cosa que no quería era fracasar en River porque el jugador cuando es del interior se prepara para ser jugador de Boca o River porque considera que son los equipos más importantes del país. Sentí tristeza pero nunca bajé los brazos. Eso es Griffa, enseñarte que para jugar al fútbol hay que tener tesón, temperamento.

– ¿Cómo fue ir de Nogoyá a Rosario tan joven?

– En 1973 se hizo un torneo en Canal 3 de Rosario, “Copa Canal 3 rumbo al Mundial 78”. De Nogoyá fue el Colegio “San Miguel”, yo era ex alumno pero nos conocemos todos en Nogoyá. El Hermano Eugenio me llevó, me incorporó al grupo. Fuimos a jugar ese torneo con 32 equipos, en el primer partido ganamos 4 a 0 y tuve la suerte de hacer los cuatro goles. Esa fue la carta de presentación. Tiempo después me llevaron al estadio del Parque Independencia a hacer una práctica con la Primera. En ese momento conocí a mi gran amigo que me dio el fútbol, Oscar Antonio Coullery, un muchacho de Chajarí, fue el que me recibió. Me vieron 20 minutos, me sacaron del entrenamiento y no volví más hasta el 4 de diciembre de 1973. Ese día Griffa nos mandó a llamar a que fuéramos a convivir durante 10 días los que al año próximo íbamos a estar en la pensión. Ahí lo conocí a Marcelo Bielsa, que si bien es rosarino, le gustaba ir a vivir a esa pensión. Llegaba en su moto y dormía con nosotros todas las noches.

– Ya estaba loco…

– Sí, sí, jaja, un loco lindo…

– Me imagino que no era sencillo para alguien de tu edad, lejos de tu casa.

– Totalmente. No era nada sencillo. Cuando volvía a Nogoyá un fin de semana, me quería quedar pero tengo un hermano, Héctor, que me daba buenas patadas. Me sacaba a patadas y me decía que mi futuro estaba en Rosario. En Newell’s se hicieron cargo de mí, me pagaban por mes para que yo pudiera tener plata para vivir allá, me dieron todas las posibilidades. En el ‘74 jugaba en Cuarta Especial, conformamos el mediocampo Giusti, Gallego y yo. En el ‘75 debuté en Primera con 18 años. No fue fácil, convertirse en jugador es muy complicado.

– ¿Cuál fue el día más feliz como futbolista?

– (Piensa) Fueron muchos. El 21 de mayo de 1988 fue un día hermoso porque nos consagramos campeones con Newell’s Old Boys. Pero el 4 de junio de 1988, ese día lo podría significar como de los más lindos que tuve en mi vida, porque di la vuelta olímpica con mi hijo en brazos teniendo 2 meses. Significó mucho River porque a nivel nacional te da la posibilidad de que te conozcan, pero no me siento identificado con River. Al extremo que hace poco se cumplieron 30 años de la única Copa Intercontinental que tiene el club y uno pasa desapercibido, es como que los del pasado ya fuimos. Otro hecho que me marcó fue tener la posibilidad, gracias a la pelota, de conocer al Papa Juan Pablo II. Fue en Roma en 1988 cuando con Newell’s fuimos a jugar un partido por el pase de Abel Eduardo Balbo. Son cosas que no te imaginás pero el fútbol te da esas posibilidades.

– ¿Y el más triste?

– Fue la muerte de Juan Gilberto Funes. Un chico al que aprendí a querer mucho, vivíamos enfrente en la Avenida Cabildo en Buenos Aires, en poco tiempo nos hicimos de una gran amistad. Fue un hecho doloroso. Otro fue perder la final de la Copa Libertadores contra Nacional de Montevideo en 1988. En Rosario la gente fue a esperarnos como ganadores y nos acompañaron durante el trayecto del aeropuerto hasta la cancha, pero sabía que no habíamos ganado, fue un hecho triste para mí que crecí en Newell’s.

 

– Contame algo del Bambino Veira.

– Final de la Copa Intercontinental en Japón. Ganábamos 1-0. Minuto 93 y miro para la mitad de la cancha, cambio, tableta N° 11, me sacaba a mí por el Gringo Sperandío. Siempre fui un tipo respetuoso con las personas, jamás llamé a nadie por el apodo. A Veira le decía Héctor o Veira. Entonces cuando vi que me sacaba, me fui bastante caliente y le dije: “¡Pero Bambino, no me podés sacar! ¡Falta un minuto!”. Me abrazó y me dijo “Es la cávala Roquecito”. No me quedó otra que mirarlo y reírme.

– Una respuesta propia del Bambino.

– Esas salidas de Héctor, fueron determinantes a lo largo de todo su periodo y fundamentalmente ese del ’86. La tuvo difícil, porque tenía muy buenos jugadores con mucha personalidad. No era fácil tener a Alonso. Habían tres o cuatro jugadores que no tenían apellido y entre esos era más fácil sacarme a mí que a Alonso y yo le iba a ser más productivo que Alonso, yo iba a correr por él y por mí. Cuando el Negro Enrique y yo nos fuimos de River, el Tolo (Gallego) no jugó más al fútbol.

– ¿Pegaba mucho Gallego?

– Nooo. Cuando jugamos juntos en 1974, en esa Cuarta Especial (Giusti-Gallego-Alfaro), salían todos doloridos pero nunca veían cuando el Tolo les pegaba, te daba en los tobillos, te cortaba el pase y te entregaba la pelota enseguida, jamás se comprometía. Era muy inteligente, leía muy bien los partidos y las jugadas. Muy intuitivo.

– Fuiste importante en la llegada de Heinze a Newell’s.

– En el fútbol la suerte a veces juega en favor o en contra. Siempre digo cariñosamente que Gabi tuvo la suerte de que estuviera yo en Newell’s en ese momento, porque quizás si lo hubiera visto otro de la ’78, lo podría haber mandado de vuelta. Pero uno como entrerriano siempre quiero que un entrerriano juegue. Gabi se probó como lateral izquierdo, muy dinámico, de buen físico y con presencia. Después del entrenamiento nos reunimos con Griffa en la Secretaría de Divisiones Inferiores, le comenté que había llegado un chico con tales condiciones, zurdo, lateral. Me preguntó si me gustaba y le dije que sí. “Entonces déjalo”, me respondió. “Nooo Jorge, quiero que lo veas vos también, que me des tu opinión”, le respondí. Al otro día fuimos a la práctica, lo observó 15’, me palmeó y me dijo “Dejalo Roque”. Fue suficiente. Después creció, se hizo jugador de Primera de Newell’s, pero sin lugar a dudas vino crack de Europa. El Gabi que se fue no tiene nada que ver con el que volvió. Vino fortalecido en todo, hecho un jugador con todas las letras. Con una personalidad tremenda y muy respetado. Te cuento una.

– A ver…

– En 2013 fui a Newell’s porque se festejaron los 25 años del título que obtuvimos en 1988. Jugamos los de aquel equipo contra los que conformaban la Primera ese año. Ahí lo agarré a Gabi y le agradecí que haya vuelto entero y para entregarle algo a Newell’s. Al igual que Maxi Rodríguez. Siempre le voy agradecer eso.

– Hace poco declaró que está cansado de ser DT. No lo disfruta. ¿Está muy viciado el ambiente? ¿Es tan ingrata la profesión de DT?

– Pero cómo no se va a cansar si vos trabajás toda la semana, estudiás cada detalle pero después llega el partido donde la pelota pega en el palo y te terminan echando los resultados. Mirá Mauricio, veníamos hablando de problemas en el fútbol y cómo no los va a haber si los clubes en el año pagan tres o cuatro entrenadores. No podés trabajar tranquilo, no te dan tiempo a nada y te terminás cansando de todo. Si los clubes reciben exorbitantes cifras cómo no van a invertir en predios para entrenar. Han desaparecido las divisiones inferiores, no hay jerarquía en los que dirigen y no es que involucro a todos. Pero antes veías que salían chicos de buen pie. Hoy sale un chico que juega más o menos bien y a los tres partidos no lo ves más porque ya lo vendieron.

– Gabriel es uno de los tantos DT jóvenes que están en la actualidad. Varios de ellos están trabajando muy bien.

– Bienvenido sea, pero uno no se tiene que olvidar de los más grandes que vamos a dar enseñanza. No quiero involucrar a todos, pero no estamos desactualizados de lo que es el fútbol actual. No nos queramos asemejar a Europa porque no tenemos predios para eso, no tenemos infraestructura para hacerlo. ¿Van a traer muestras de cómo trabaja el Barcelona? Estamos muy lejos de eso. Intentemos primero ser como somos nosotros. Formemos proyectos de trabajo serios, procesos que den buenos frutos.

– ¿Hay jugadores que voltean DT?

– No lo sé. Lo que pasa que te voltean técnicos, sin participar. Sin entrenar, sin jugar. Personalmente siempre que me tenga que ir de un club, no será porque un jugador me voltee sino porque el equipo perdió y creen que el único culpable es el DT. Sí te pueden hacer la cama en un club, como me pasó en Platense de 2005. Ahí me llevaron para poner mi apellido y a las cinco fechas me echaron para dejar al ayudante de campo.

– ¿Un amigo del fútbol?

– Oscar Antonio Coullery.

– ¿Un DT?

– Jorge Griffa.

– ¿Un lugar que te haya gustado por trabajo?

– Me gustó mucho Chile, ahí termine como jugador. Específicamente Rancagua, que fue donde jugué. Colombia también es hermoso. Tengo recuerdos muy lindos.

– ¿Un jugador que hayas compartido dentro del campo de juego?

– Uff, son muchos. Maradona. Compartí el plantel de la Selección Argentina que jugó la Copa América de 1987 en nuestro país. Pero estuve con tantos buenos jugadores: Enzo Francescoli, Willington Ortíz, Yaya Rossi de Newell’s, el Beto Alonso, Santamaría, Zanabria, el Mono Oberti, Yazalde… En fin, no es fácil nombrar porque dejás de lado a tantos. Me siento con la baba por el piso por haber compartido con tantos grandes futbolistas.

– ¿Un defensor que hayas sufrido?

– El papá de Falcao, también se llamaba Radamel. Lo sufrí en Colombia cuando estaba en el América y él jugaba en el Santa Fe. Directamente me pegaba. Yo no era un jugador alto, era petiso, flaco y él enorme. Tenía un físico que asustaba.

– ¿Quién es Roque Alfaro?

– Me considero un buen hijo, orgulloso de mis hermanos, de mi familia, agradecido de la pelota. Agradecido de Dios y la Virgen. A veces pienso que la gente es la que mejor se expresa sobre mí. Veo eso en face cuando comparten una foto. Todos terminan diciendo lo mismo: “Alfaro, una gran persona”. Eso me reconforta porque siempre valoré los principios que mi madre nos inculcó desde chicos. Quizás he lastimado a gente por decisiones que haya tomado, pero nunca negocié con nadie mi vida ni mi futuro.

 

Por Mauricio Jacob

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