Sofía Wolf y el básquet: Lo juega con pasión, lo vive con alegría

Publicado el 28 de Enero de 2017 por

Respira, vive, disfruta y siente el básquet como pocas. Desde los 4 años va con la pelota en sus manos, hubo épocas de aprendizaje donde corría más de lo que la picaba, según confiesa. Nació y se formó en Unión de Crespo, hoy crece y se potencia en Talleres de Paraná. Sofía Wolf recorrió su joven pero rica experiencia con la naranja, transmitiendo frescura y simpatía en cada respuesta. No se achicó ante los obstáculos como la celiaquía y la diabetes, los enfrentó y aprendió a asumirlos rodeada de un gran grupo de personas, tanto en el deporte, en la familia como así también en los campamentos.

En un llevadero mano a mano con El Observador por casi 40 minutos, contó sobre sus sueños, las enseñanzas recibidas, las cualidades de su equipo, su cariño con el atletismo, su poca onda con el estudio (al menos lo insinuó), el sacrificio para hacer el deporte que ama y la enorme importancia de contar con el respaldo de sus padres, quienes aparecen en reiteradas ocasiones durante la charla. Una Sofi autentica.

– ¿En qué categorías jugaste durante el 2016?

– Jugué en U17, U19 y en Primera. Con Primera jugamos el Dos Orillas, el Torneo Federal y la Súper Liga. Logramos el título del Dos Orillas en U17, U19 y Primera, fuimos terceras en la Liga Provincial U17, también jugamos Liga Nacional U17. Por otro lado formé parte de la Preselección de Primera de la Asociación Paranaense; con la Selección U17 fuimos subcampeonas provinciales y con la Selección Entrerriana quedamos en el tercer lugar en el Argentino. Lo de la Preselección de Primera estuvo muy bueno porque entrenamos con jugadoras de las divisiones superiores y vas teniendo mayor roce.

– ¿Cómo evalúas el año?

– Fue positivo, pero tengo que tener en cuenta que tuve un año mejor en el 2015. Me gustaría tener unos minutos más en la Selección de Entre Ríos, tratar de quedar este año de nuevo y dar lo mejor en el equipo.

– ¿Desde qué edad estás jugando al básquet?

– Desde los 4 años y algunos meses. Mi mamá entrenaba con las de Maxi y mis hermanas jugaron de chicas. También mi papá siempre me acompañó, pero nunca jugó. Toda la vida estuve en Unión hasta que pasé a Talleres en 2014.

– ¿Qué profesores tuviste en esos primeros años?

– Jeremías Sechi, que jugó un tiempo en Unión, Juan Goette y Elina Avero…

– ¿De quién aprendiste más cosas?

– En Unión, de Elina, sin dudas. Me fue marcando muchas cosas como aprovechar siempre la velocidad y sobre todo estar concentrada en todo momento.

– ¿Qué virtudes de tu juego me podés nombrar?

– (Piensa) El tiro desde el perímetro, de tres, pero aún lo tengo que entrenar mucho más. Las penetraciones a la zona pintada, eso también me gusta.

– ¿Por qué se te dio por el atletismo?

– Lo practiqué de chica y lo dejé para empezar básquet, pero en los últimos años volví a hacerlo. Siempre jugamos Evita en básquet y en un momento decidí competir con atletismo, me anoté, participé y ese año llegué a Mar del Plata a las finales nacionales. Me gustaba mucho, sobre todo el grupo de chicos que participaba. Siempre pensé que el atletismo era un deporte individualista y por eso no me gustaba, pero me di cuenta que no es así y se arman lindos grupos.

– ¿Cuándo llegaste a las finales nacionales?

– Con el atletismo, en el 2015. En 2016 hice la primera etapa y en la segunda me doblé el tobillo y no pude clasificar. Nos anotamos en básquet con las chicas de Crespo, llegamos al provincial 3×3 y quedamos segundas.

– ¿Qué especialidad tenías en atletismo?

– 100 metros, 300m y 800m, todo llano. A los Evita fui con las tres. Al provincial llegué con 100m y 300m porque no podíamos participar en tres, fui tercera y segunda en cada una y fui al Nacional por los buenos tiempos.

– ¿Ahora estás de pre temporada?

– En atletismo, sí. Arrancamos hace una semana. En básquet comenzamos el 2 de febrero.

– ¿Hay algún objetivo dentro de atletismo?

– (Sonríe) Ninguno en especial, es para hacer algo de deporte durante el receso. Me gusta mucho, el año pasado practiqué con Aníbal (Lanz) y este año con Iván (Alanis).

– Volviendo al básquet, ¿cómo es jugar en una categoría superior a la tuya?

– Aprendés muchas cosas, sobre todo cuando vienen las extranjeras. Más que nada la relación con ellas. Nuestra capitana, Anahí Grinovero, siempre nos da ejemplos, nos enseña con las palabras y con los gestos. Han estado en selecciones y tienen mucha experiencia.

– ¿Hace cuánto incorporan extranjeras en Talleres?

– Hace dos años. En el primer año tuvimos una yanqui (sic) y una de Serbia. La chica de Estados Unidos no hablaba mucho, pero la serbia sí. En 2016 llegaron dos cubanas con quienes compartimos más. Ahora bien, tienen costumbres muy distintas a las nuestras, comían arroz con banana y nos llamaba mucho la atención jaja. ¿Cómo vas a comer eso?

– Hubo cambios de DT en Talleres, ¿tuviste contacto con ellos?

– No todavía, los delegados nos avisaron que el 2 de febrero estaríamos empezando a entrenar.

– ¿Qué metas tenés para el 2017?

– Seguir sumando para mantener al equipo en los primeros lugares y superar lo que se hizo el año pasado.

– En Talleres, ¿qué profe te inculcó más conceptos?

– Andrés Grancelli. Ahora se fue para dirigir en la Liguilla Provincial con Primera. Todos entendemos su decisión, nos dejó mucho en lo humano.

– Nombrame amigas que te haya dado el básquet en Unión y Talleres.

– Uy (piensa). No quiero olvidarme de ninguna porque me matan, por suerte son muchas. De Crespo Muriel Gorostiaga, Carolina Lell, Lala Folmer que la conocí después en la escuela, Janet Córdoba, Polonia Retamar… En Talleres Ailén Ortellao, Jesabel Clariá, Malvina D’Agostino, Mili Puntín, Maribel Barzola… Son algunas.

– Ni bien llegaste a Talleres, ¿con quién tuviste más afinidad?

– Con Ailén, siempre estuve. En 2013 no se podía tener refuerzos en Paraná, entonces hicimos la fusión Unión – Estudiantes y ahí participamos de la liguilla. Al otro año sí se pudo y empecé a entrenar con ellas y me enganché con el grupo.

– ¿Qué es lo más positivo que le ves al deporte?

– Las amistades que deja y las sensaciones que sentís cuando entrás a la cancha. Es la adrenalina sobre todo.

– ¿Cuál fue la alegría más grande?

– Quizás fue cuando yo era U15 y participamos en la Liga Nacional U17 donde obtuvimos el subcampeonato. Fue lo más alto a lo que el club ha llegado en todos los años, fue algo histórico y nunca lo vamos a olvidar.

– ¿La derrota que más dolió?

– Hmmm, puede ser la del año pasado en el Argentino contra Capital Federal porque quedamos muy cerca de la final.

– ¿Tuviste muchas lesiones?

– Por suerte no. El año pasado sufrí un esguince de tobillo.

– ¿Qué parte del físico sufre más en el básquet?

– Para mí siempre es el tobillo. Aunque de chiquita una vez me fracturé la muñeca y en otra oportunidad estuve ahí también. En una ocasión fue peleando una pelota, me enganché una pierna con la otra jugadora y me caí, no sé bien cómo fue jaja.

– Cuando te veíamos jugar en Unión eras de tomar la pelota y salir a atacar el aro rival. ¿Siempre fuiste así?

– Sí. Sobre todo de correr mucho, quizás no picaba bien la pelota, ja, pero corría para todos lados.

– ¿Qué apodo tenés?

– Sofi. Yofe me dicen en Paraná. No sé porque en mi familia me dicen Petu. Peque también.

– Los problemas de salud, ¿te afectaron en el juego?

– No, no. Me ayudaron a mejorar en realidad, sobre todo con la dieta. Además hacés muchos amigos que conocés en los campamentos y que tienen la misma enfermedad. A los 11 años debuté con todo. En mayo, jugando un partido, estaba cansada, tomaba mucha agua y no corría. Mis padres me miraban raro, llegamos a casa y les dije que no podía moverme, no tenía ganas de hacer nada. Me llevaron al médico, me hicieron los análisis y me dio la glucemia muy alta, en 300 y algo (el normal es entre 70 y 150). Enseguida fuimos a la pediatra, me derivó con Angela Sobrero de Paraná, estuve internada en el Sanatorio del Niño una semana. Todo el tiempo veía agujas y cosas a las que no estaba acostumbrada. A fin de ese mismo año también debuté con hipotiroidismo y la celiaquía.

– Los campamentos ayudan mucho.

– Sí, totalmente. El año pasado no se pudo hacer porque faltaron profesores y médicos, pero sí  participé cinco años seguidos y fue lo mejor. Aprendés mucho. En 2015 estuve de ayudante y me tocó interactuar con un grupo de chiquitos. Aprendés muchas cosas, compartís de otra forma con los médicos, diferente a un consultorio, es todo más humano y te enriquecés.

– Por suerte no influyó para seguir con el básquet.

– No, para nada. Lo único que cambió fue tener una mochila más llena, jajaja. Caramelos, jugos, insulina y aparatos para todos lados, jaja. A veces me canso y les doy a mis compañeras para que me inyecten la insulina, hacen de enfermeras. Por suerte tengo un grupo humano enorme que me acompaña.

– Volvamos al básquet, ¿de qué jugadoras quisieras copiarles aspecto del juego?

– Primero me encantaría imitar a Aldana Piñeiro, es de Villa Elisa, juega en Primera y en U19. Me encanta la actitud que pone en los partidos, cómo defiende. También hacía atletismo. Me gusta la técnica de Sofía Chelini, el lanzamiento de Maribel (Barzola), el apoyo, compañerismo y la garra de la Rusa Grinóvero.

– ¿Qué cambios hubo en la preparación cuando llegaste a Talleres?

– Cambió bastante. Cuando llegué de 12 éramos 10 en la primera práctica, estaban casi todas. Es más competitivo y al ser una ciudad más grande, son más seleccionadas. También se ve el compromiso de los padres, en ese sentido mis viejos quedaron muy conformes por cómo trabajan.

– ¿Estás estudiando?

– ¿Qué es eso? Jajaja. Sí, pasé a 6º año en el Instituto Comercial Crespo. No soy mala alumna, pero siempre fui re colgada y no entregaba los trabajos, ja. A veces faltaba mucho por el básquet. Cuando termine quiero seguir profesorado de Educación Física, me gusta.

– ¿De qué forma te organizás con los entrenamientos y el estudio?

– Gracias a Dios tengo a mis padres que me apoyan y me llevan a todas las prácticas. En vacaciones me iba en cole. En época de clases, salía a las 19.00 y me buscaban porque el entrenamiento era a las 19.30. Le poníamos nitro al auto o algo así, jaja, llegábamos 15 minutos tardes a la práctica y me quedaba siempre hasta las 22.30. Eso martes, jueves y los sábados. Con la Primera entrenábamos un poco más por las competencias. También a veces me quedaba en Paraná, en casa de las chicas cuando se complicaban con los horarios de entrenamientos o partidos.

– ¿Cómo les fue con las ventas para juntar fondos?

– Jaja, todo el año estuvimos vendiendo algo para recaudar fondos. A mis compañeras de escuela las tenía cansadas, me veían llegar con el talonario y ya sabían. Lo hacíamos para ayudar a pagar el sueldo a los profesores, los gastos de liguilla, viajes y demás. Un sacrificio más y por suerte mucha gente nos respaldó en todo eso.

– ¿Qué provincias recorriste gracias al básquet?

– No fueron muchas, Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba…

– ¿Qué cancha te impactó más?

– La de Obras en Buenos Aires. La vi y dije “quiero jugar acá”. Si bien el básquet es muy importante en ese club, hay otras disciplinas en un estadio enorme.

– ¿Qué sueños tenés?

– El sueño más grande es llegar a una Preselección Nacional. Es difícil, pero es un sueño. Y cuando sea más grande, quiero jugar de titular en Primera.

– ¿Lo más lindo que te dio el básquet?

– Las amistades.

– ¿Lo más feo?

– Las lesiones.

– ¿Tu familia?

– Son lo más importante, mis padres y mis dos hermanas. Siempre están acompañándome.