Columna de reflexión: ¿Cómo saber si estoy en una secta?

Publicado el 17 de Enero de 2017 por

columna de reflexion“En algunas oportunidades he tenido que responder a la pregunta si la Ciencia Cristiana es una secta. Como era desconocido para mí lo que significaba esta última, decidí ahondar en el tema para dar una respuesta fehaciente y clara. Desde joven he practicado las enseñanzas de la Ciencia Cristiana basadas en los fundamentos de las leyes de Dios a través de los Diez Mandamientos y la plataforma de vida sana transmitida por Jesús. De acuerdo a lo que fui descubriendo a través de la información, una secta, como bien lo define la palabra del latín “secare”, significa sectario, fanático, intransigente, dogmático, exaltado. Estas características responden siempre a la idea de seguir a un líder o maestro. Todos responden en torno a la figura central del líder.

El Dr. Dan Feaster, formado en psicoterapia, director del Samaritan Counseling Center of Southern Wisconsin y especializado en sectas, ha manifestado que con frecuencia los grupos sectarios utilizan varios métodos de control mental para persuadir a sus miembros, y hacer que acepten las creencias y prácticas del grupo. Las personas vinculadas al mismo son explotadas y desarrollan una dependencia psicológica extrema respecto a sus miembros. El grupo sectario presenta una excesiva dedicación a una determinada persona. Además, aprovechan las necesidades espirituales del individuo y buscan utilizarlas para controlarlo. Ellos insisten en que las personas deben rendir cuentas ante los líderes, coartando su libertad y generalmente influyéndolos a través del temor y el manejo de las emociones. Una religión cristiana, en cambio, especialmente basada en las enseñanzas de Jesús, no se inclina a adorar su personalidad sino a valorar las ideas que ha transmitido a la humanidad, hasta hoy demostrables y prácticas.

Mary Baker Eddy, habiendo investigado dichas enseñanzas en el Siglo XIX, fundó una religión cristiana destinada a conmemorar la palabra y las obras del Maestro Cristo Jesús, restableciendo el Cristianismo de su época y el olvidado elemento de curación (ver Manual de la Iglesia). Una institución sin credos, ceremonias ni ritos, con el fin de elevar a la raza humana. El sentido común y la capacidad de razonar puede llevar a los que estén buscando una razón para la vida a encontrarse a sí mismos, conectándose espiritualmente con la fuente de ideas que se originan en un poder supremo y no fundado en una personalidad con inclinación a equivocarse. Es habitual respetar a quienes han dado a la humanidad la clave para encontrar el camino a la paz y a la realización, pero ese respeto de ningún modo se origina en la adoración a la persona, sino por reconocimiento a sus ideales y siempre que estén basados en el amor al prójimo, la solidaridad y la confianza en el poder de Dios. Así como lo manifesté al comienzo, la Ciencia Cristiana llegó a mi vida para darme una comprensión más amplia y a la vez profunda de la naturaleza del ser, exenta de sufrimiento, de alguna clase de esclavitud o apego y algo esencial, a defender el derecho de sentirme libre. Esta conexión abre puertas, no las cierra, da un sentido más genuino de la vida y descubre la verdadera esencia de un ser armonioso y equilibrado. Tenemos la autonomía de tomar decisiones como producto de nuestra propia capacidad para pensar, y sentir que el bien es posible alcanzarlo aquí y ahora. La práctica del cristianismo ha hecho visible esta realidad en mi experiencia y en la de muchas personas”.

Elizabeth Santángelo es integrante del Comité de Publicación en Argentina y escribe reflexiones desde su perspectiva como profesional de la Ciencia Cristiana.

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