Aseguran que se puede triplicar la superficie agrícola “bajo riego”

Publicado el 30 de octubre de 2016 por

riegoDurante la gestión anterior, del gobernador Sergio Urribarri, se proyectó en la provincia la construcción de 2 acueductos, con el objetivo de que los campos puedan tener el agua necesaria para llegar a mejores cosechas, por más que el clima no acompañe. De esas 2 obras previstas, se haría una, con el apoyo de inversores chinos.

Es sabido que el riego tendrá un rol estratégico en la agricultura que se viene, tanto a nivel nacional como internacional. Al respecto, Aquiles Salinas, especialista en tecnologías de riego del INTA, expresó que “Argentina tiene potencial para triplicar hasta 2030, la superficie irrigada, lo que le permitirá enfrentar la demanda de alimentos y el cambio climático”. En ese marco resaltó que “debemos ser competitivos y el riego suplementario, es una buena herramienta para alcanzar los valores máximos de rendimientos de los cultivos. Argentina tiene un rol protagónico en la producción de alimentos del futuro y tenemos que aprovecharlo”.

Para Salinas, “alcanzar esta meta demandará una fuerte inversión en tecnologías de riego con numerosos beneficios asociados: un uso más eficiente del agua, la ampliación del área productiva y el incremento de la productividad”.

Sin embargo, para lograr el potencial estimado habrá que tener en cuenta aspectos relacionados con la capacitación, la transferencia de la información disponible, el respaldo crediticio y el ordenamiento territorial, entre otros.

“El 80% del riego en el país es gravitacional”, señaló el profesional, quien explicó que se trata de una tecnología histórica implementada hace más de 5.000 años en el Antiguo Egipto y que, aún en la actualidad, es la más difundida entre los productores.

Entre las razones, el técnico señaló que el agua utilizada proviene de inversiones realizadas por el Estado, por lo que no requiere una gran erogación para los productores y el canon de riego no tiene impacto económico, en relación con los beneficios percibidos.

Aun así, para el especialista del INTA, “esta tecnología requiere una significativa mejora en la eficiencia de la aplicación”, por lo que instó a los productores a “utilizar tecnologías para mejorar la eficiencia en el uso del agua, para incrementar en más de 700.000 hectáreas la superficie con la misma cantidad de este vital elemento”.

En cuanto al riego presurizado en cultivos extensivos –que ocupa el 22% de la superficie–faltan créditos para su implementación y una mayor infraestructura energética.

Actualmente, en el país se riega sólo el 5% del área cultivada (2.100.000 hectáreas), a partir de aguas superficiales y subterráneas. A pesar de su baja eficiencia relativa, esa superficie genera alrededor de un 13% del valor de la producción agrícola nacional.

De acuerdo con cifras de la UNESCO, el 17% del área bajo riego del mundo produce el 50% de los alimentos.  “En un mundo con una superficie limitada para producir, tecnologías como el riego cumplen un rol trascendental a la hora de aumentar la productividad y el rendimiento”, subrayó Salinas.

Pero no todos tienen la misma disponibilidad de tierras. Y en este sentido, la FAO aseguró que las regiones del mundo con mayor potencial para extender sus superficies y rendimientos son Asia, África y América Latina. En ese marco, Salinas fue más allá y detalló que los países en vías de desarrollo tienen un 70% de potencial de aumentar su área irrigable, mientras que los países desarrollados ya no tienen más posibilidades de hacerlo. “La expectativa está en nosotros”, indicó el técnico.

En la Argentina, el 65% de las más de dos millones de hectáreas irrigadas es abastecido con aguas superficiales y el resto con agua subterránea. Entre los cultivos con mayor participación en los sistemas de riego, son los frutales, con un 24 %, seguido por el arroz con un 13% arroz y los forrajes, con 12%.

Asimismo, se supo que la superficie total cultivada en el país presentó –en los últimos 20 años– un crecimiento sostenido que permitió pasar de 27.800.000 de hectáreas en 1992 a más de 39.000.000 en 2012. Sin embargo, la superficie irrigada no acompañó esa tasa de crecimiento.

Según la FAO, la Argentina cuenta con un contexto favorable en relación con los recursos naturales para incrementar esa superficie y usarlo como herramienta eficiente.