Avicultores festejan su día

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avicultoresEn 1963, a pedido de la Asociación de Criadores de Aves, Conejos y Abejas, el gobierno nacional decretó que el 2 de julio se celebre el Día del Avicultor en Argentina, en homenaje a quienes con su esfuerzo, dedicación, fortaleza y espíritu de superación, lograron que este país esté entre los 10 principales productores de pollos del mundo.

Las aves de corral han sido desde 1857, fecha en que llegaron las primeras a la Colonia San José, parte del paisaje rural de nuestra provincia. Ya en 1945, había en Argentina una importante población de pollos y gallinas, con un concepto semi-industrial, con líneas de pedigree y algunas cruzas con doble propósito, la hembra para producción de huevos y los “gallitos” para consumo.La comercialización estaba organizada a través de acopios y consignaciones representadas por personas u organizadas en cooperativas. El grueso de los productos acopiados, convergía en el Mercado Concentrador de Aves y Huevos de la Capital Federal, donde tenían sus puestos los más importantes mayoristas. En este sitio, se preparaba la mayoría de la mercadería, se clasificaba y seleccionaba el huevo para consumo, se vendían vivos los pollos de 5 meses y 2,300 kg., al igual que las gallinas y los gallos, como también otros tipos de aves. En ese tiempo, los consumos no se medían, pero se estima que no llegaban a 3 kg. por habitante año (hoy son más de 42) y se consumían menos de 80 huevos por persona.

En los años ‘60, arribaron al país los “padres de los pollos híbridos” o como se los denominó en Argentina, los “parrilleros”. Ese año, puede considerarse como el del nacimiento de la avicultura industrial nacional y desde ese tiempo, el sector, tanto en pollos como en huevos no ha parado de crecer, de equiparse y de mejorar continuamente el aseguramiento de la calidad e inocuidad de sus productos.

Con las líneas híbridas (Tompson, Arbor Acres, Cobb, Pilch, Ross, Hyline, Queen, Shaver) llegaron los planos para la construcción de los galpones donde alojarlos y criarlos y las jaulas donde ubicar las gallinas “ponedoras”. Por aquel entonces, había gigantescas máquinas de incubar con capacidad para 100.000 huevos mensuales que ampliaban el parque existente de máquinas de 7000, 14.000, 24.000 y 60.000.

En 1963, las nuevas incubadoras se fabricaban en Argentina en Quilmes, donde el Ing. A. Franken desarrolló las “Famagro”, que cubrieron la demanda argentina (hoy hay muchas funcionando) y se exportaron a toda América. Estas líneas demandaban de un alimento acorde con su capacidad de crecimiento, por lo que este debía ser “balanceado”, que lo suministraban las fábricas Vitosan, Ganave, Provita, Vitagerm (Sagemüller), entre otras, a las que se sumaron años después, Purina y Cargill.

El consumo, que era de 4 kilos por año pasó a 8 para 1965 y se situaba en 10 en 1970. El pollo, un producto consumido en fiestas y ocasiones especiales, comenzaba a incorporarse a la dieta casi al ritmo de una vez por semana por familia. El precio se acercaba al de la carne bovina y para la gente, era como tener acceso a un deseo postergado por años.

Entre Ríos fue el líder en la transformación y Buenos Aires descubría esta nueva industria. La primer planta de faena de pollos concebida integralmente (hubo otras que se habían adaptado) para faenar, desplumar y eviscerar los pollos, fue “San Sebastián”, con una velocidad de 1.800 pollos por hora (en una primera etapa). Hoy el sector cuenta con numerosas de estas instalaciones, en algunos de los casos, con equipos de última generación, con capacidad de faena hasta 10.000 pollos por hora.

El crecimiento continuó y ya en los ’70, la producción se acercaba a los 12 kilos por h/año. Más allá de esta visión positiva los crecimientos generaron también importantes crisis. Entre 1976 y 1983, el sector quedó mayoritariamente integrado, produciéndose los huevos fértiles, los pollitos BB, el alimento y tercerizando el cuidado y la guarda en los criadores. Este nuevo concepto productivo que bajó aún más el precio al consumidor final, consolidó el hábito, aumentó el consumo y llevó gradualmente a un crecimiento constante y una profundización en la búsqueda de la productividad y mayor competitividad.

Luego de los difíciles años 90, con el abandono de la convertibilidad, volvió a ser competitivo al sector, logrando un importante despegue, apareciendo nuevos mercados, más producción y más personas dependiendo de la actividad.

 

Schell: “Perspectivas alentadoras”

 

El actual coordinador general de la Aldea Productiva Esperanza y ex director provincial de avicultura, Héctor Schell, en declaraciones a este medio señaló que “las perspectivas para el sector son alentadoras” y valoró que “en el mundo, hay una inmejorable oportunidad, en lo que es la comercialización de alimentos, para Entre Ríos, que es la provincia número 1 a nivel nacional en producción avícola”.

El funcionario expresó que “es para destacar el nivel de inversiones que se vienen realizando en el reacondicionamiento de las granjas y en mejoras en equipamiento y también es para valorar lo que se está realizando en los sistemas de bioseguridad, que es clave, para colocar los productos en el exterior”. Acotó que “es importante mantener el status sanitario, que es la llave para la negociación de los productos avícolas en el mercado internacional. Hoy estamos manteniendo a la República Argentina como país libre de ‘Influenza Aviar’, es una enfermedad exótica para nuestro país y ojalá sigamos manteniendo esos niveles, porque nos favorece en la comercialización. En Entre Ríos, tenemos una geografía dotada de una barrera sanitaria natural, como son los montes bajos en la zona centro-norte de la provincia, donde se están realizando complejos de producción avícola muy importantes”.

Schell remarcó que “el consumo de carne aviar en el país, hoy llega a los 42 kilos per cápita y son 255 los huevos que se consumen por persona por año, que son cifras que van a seguir aumentando. En esta provincia tenemos el 50% de la producción avícola de carne aviar del país, con el impacto que esto produce. Es un fenómeno socio-económico muy importante por la mano de obra y el movimiento que genera, con unas 169.000 personas dependiendo de la actividad en el país y a ese número hay que sumar el empleo que crea la avicultura en industrias, comercios y demás”.

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