Aseguran que los jóvenes de 20 a 30 años son los más violentos con las mujeres

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imagesCada femicidio sacude a la sociedad, vuelve a poner de manifiesto este flagelo y reflota el debate sobre la violencia de género. Pero cada día suceden episodios más silenciosos, que no terminan con la muerte de una mujer, sino que se trata de su antesala, o que dejan como víctimas a personas del entorno familiar. Por ejemplo, el martes a la noche un joven quedó gravemente herido al interceder ante la pareja de su prima, cuando la estaba golpeando, en una vivienda de calle Ameghino de la ciudad de Paraná, consignó UNO.

El agresor tenía una restricción de acercarse a su expareja, sin embargo desobedeció. Al igual que en otros numerosos casos, donde se registran amenazas y ataques de parte de los violentos. Entre 15 y 20 de estos hechos son denunciados semanalmente en la Fiscalía de Paraná, y en su mayoría los acusados son jóvenes.

Miguel Suárez fue con su señora y con su hijo Ezequiel a llevar a su sobrina a su casa. Según relató el hombre, cuando llegaron la joven entró primero y la atendió su hermana, a quien notó angustiada. Le preguntó qué le pasó y ella respondió que Andrés le había pegado. Miguel fue hasta la vivienda y le dijo al agresor: “No le podés pegar, andate de acá”, y lo empujó. Pero el joven violento no se retiró, por el contrario sacó una faca y lo quiso atacar.

En ese momento intercedió Ezequiel, quien se llevó la peor parte: con la cuchilla, Andrés Frutos lo hirió en la cabeza. Fue un puntazo que no ingresó, pero que le fracturó un pómulo, le puso en riesgo la visión del ojo y le ocasionó ingreso de aire en el cerebro. Por eso, el adolescente de 16 años anoche seguía internado en la Unidad de Terapia Intensiva del hospital San Martín. “Lo operaron del ojo, tuvo un roce, no una cortadura, pero tiene un 50% de posibilidades de perderlo. Y si se complica con el aire que tiene en el cerebro, puede sufrir meningitis”, dijo Suárez.

Frutos se dio a la fuga y la Fiscalía ordenó su detención. Anoche, el personal de la División Homicidios de la Policía lo detuvo en un procedimiento realizado en el barrio Mosconi Viejo. El joven de 21 años estaba en la casa de su madre, y fue trasladado a la Alcaidía de Tribunales. La Fiscalía lo citará a declarar y luego se analizará su situación procesal. Preliminarmente le imputaron el delito de Homicidio simple en grado de tentativa. También serán llamados a declarar, pero como testigos, los integrantes de la familia que presenciaron el hecho, así como los vecinos que intervinieron para separar o que miraron de cerca lo que sucedió.

El detenido había sido denunciado previamente por agredir a la chica de 18 años, con quien había mantenido una relación de noviazgo. Por esto, la Justicia le dictó una orden de restricción, que evidentemente no cumplió. De hecho, según contó Suárez, “estaba ahí en la casa viviendo con ella”.

Estas conductas son habituales (aunque no en la mayoría de los casos), en las que se mezclan varias problemáticas juntas, como la violencia del imputado, la situación social de la víctima y el consumo de drogas entre otras.

Violentos y reincidentes

El agente fiscal de la Unidad Fiscal de Violencia de Género, Leandro Dato, dijo que las medidas de restricción “se piden en varias oportunidades, como medida cautelar antes de tomarle la declaración al acusado, o después. En ambos casos se pide bastante, y en muchos casos son condición de excarcelación, porque si las incumplen van presos. En este caso, la situación judicial del agresor se complica aún más: puede configurarse el delito de desobediencia judicial, porque es impuesta por un juez de Garantías. Entonces no solamente tiene ya la causa central, sino que se le suma la desobediencia judicial. Esto lo habilita la ley de violencia de género, incluso las exclusiones del hogar, que es otra de las medidas previas que se pueden pedir en estos casos, y los jueces las otorgan”, explicó.

La intensidad del trabajo en esta Unidad creada por la Procuración General en 2014 con la implementación del nuevo Código Procesal Penal, se ve diariamente: los agentes fiscales se turnan semanalmente en la receptación de las denuncias, y por cada turno reciben entre 15 y 20 víctimas que cuentan los hechos que luego deben ser investigados. En cinco meses, se informó, ingresaron 600 causas.

Respecto de la reincidencia de los imputados con medidas restrictivas (como la de acercamiento a la mujer), Dato dijo que “hay casos, no la mayoría pero hay, porque el hombre cree que la mujer es suya, quiere volver a cualquier costo, es reincidente en todo sentido”. En estos casos, “se implementa un sistema de medidas progresivo, primero son restricciones, después medidas de coerción y luego ya queda la prisión domiciliaria y prisión preventiva en la Unidad Penal”.

Por lo observado en su experiencia, el fiscal consideró: “Hay muchos que están obsesionados con la mujer, tienen hijos y los utilizan como excusa para volver, y la mujer los vuelve a denunciar, los detienen y hacen la nueva denuncia. Y otros son violentos y no soportan que los hayan denunciado o que la mujeres les digan que no, pero son los menos”.

Algo que ha ayudado a que el imputado asimile que no tiene que violar la medida impuesta es que con el nuevo sistema procesal es notificado de la misma personalmente por el fiscal, en lugar de llegarle por un oficio a él o su abogado.

Edad conflictiva

Otro dato llamativo es que existe una franja etaria donde se registran más denuncias por violencia de género: son aquellos hombres entre 20 y 30 años. Hay jóvenes denunciados que tienen 18 años, y hasta los 30 son la mayoría de los casos, según lo constatado en la Fiscalía. “Después sí hay casos de gente más grande, de víctimas que no han hecho la denuncia antes. Entonces hay mujeres que hace muchos años que están con esta problemática y recién ahora los denuncian”, contó Dato.

Esto refleja un cambio en las generaciones más jóvenes, que no esperan a pasar una vida con un violento, sino que en muchos casos se animan a denunciar antes estos episodios.

También se observa una diferencia entre clases sociales, en el total de casos que llegan a Tribunales son más las víctimas y victimarios que viven en situación de pobreza que aquellos de clases altas. De todos modos, Dato aclaró: “Pero también hay comerciantes y profesionales; también sucede a veces que en las clases medias o altas la mujer tiene vergüenza. En las clases bajas también, pero no denuncian porque no tienen dónde ir, no tienen trabajo, hasta que se cansan”.

Aquí entran en juego las responsabilidades políticas e institucionales, donde se requieren oportunidades de vivienda, trabajo y capacitaciones para las mujeres víctimas.

La Cifra

600 – Son las denuncias por violencia de género registradas en cinco meses en la Unidad Fiscal especializada para esta problemática.

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