La ciencia busca respuestas frente al estrés animal y vegetal

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vacas 2Las plantas y los animales también están sometidos a diferentes agentes ambientales o patogénicos que les provocan estrés y que afectan su supervivencia. En la Universidad Nacional del Litoral, distintos investigadores estudian los efectos que causa y trabajan para aumentar las capacidades de defensa frente a esos agentes agresores.

Guillermo Moreno Piovano, licenciado en Biotecnología, doctor en Ciencias Biológicas y docente de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL, expresó que “nuestro grupo estudia las proteínas especiales que se llaman factores de transcripción, que tienen la capacidad de regular o controlar la expresión de muchos genes. Conociendo la función de los mismos, podemos encontrar una forma de hacer a la planta más resistente a los agentes estresores”, indicó.

El investigador dijo que al igual que los humanos, los vegetales también presentan síntomas que se asocian al estrés. “Las plantas no pueden moverse de lugar, pero tienen reacciones que les permiten evadir, hasta cierto nivel, a dichos agentes, que la llevaron al estrés. A veces se observa un cambio en la textura y el color de las hojas o en toda la planta, dependiendo la especie. Otras veces, las hojas pueden perder su turgencia, es decir que se van marchitando por la falta de agua y quizás pueden aparecer una mayor cantidad de tricomas, una especie de pelos que las hacen menos digeribles para los insectos que las quieren comer”.

Otras señales muy claras de que una planta sufre estrés, son los cambios en el desarrollo floral. Moreno Piovano explicó que si la misma “detecta que no puede encontrar una solución frente al agente agresor, adelanta la floración para asegurarse la descendencia. Si la planta muere por el estrés va a tener la semilla preparada para la próxima generación”.

En regiones como la del Litoral, con altas temperaturas en verano y exceso de agua en el invierno, conocer y prevenir esos agentes, es fundamental, en particular en cultivos de valor económico, como el maíz, la soja y el trigo.

 

Animales estresados  

 

La humedad y las altas temperaturas no afectan solamente a las plantas. En el varano muchos animales sufren estrés calórico, un conjunto de respuestas fisiológicas, biológicas o conductuales que realizan para mantener su temperatura corporal profunda constante.

La Ing. Agr. Perla Leva, profesora en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, se dedica desde hace muchos años a estudiar el estrés calórico en animales. “Primero comenzamos tratando de proteger al animal durante el verano de la excesiva carga radiactiva, que es el primer elemento que hay que mitigar, cuando trabaja el estrés calórico. Una vaca lechera con capacidad para producir entre 30 y 40 litros de leche al día, comienza a sufrir estrés calórico con 21 grados de temperatura. En temporadas cuando el calor y la humedad son muy altos, el animal tiene más problemas para regular su temperatura corporal, situación que no sólo afecta su productividad, sino también su tasa de reproducción. Ese estrés calórico es acumulativo y los animales que lo sufren en el verano, después tienen problemas para quedar preñados en el próximo ciclo, por eso es tan importante evitar ese problema”.

Además de llevarlos a la sombra, Leva dijo que trabajaron en la dieta de los animales para hacerla más fría y también en mejorar las condiciones de espera, antes de pasar por el tambo. “Comenzamos a darles sombra en el potrero donde se las encierra durante la hora de mayor radiación. Después colocamos aspersores y ventilación en la sala de espera para producir un refrescado del animal, antes de que entre a la sala de ordeñe. Haciendo esa combinación observamos que mejoraba la producción o la mantenía y que al tomarle la temperatura rectal estaba en 39 grados, que es manos o menos lo normal”.

Junto al INTA, el equipo de la mencionada especialista está trabajando en una línea de investigación con vacas que se encuentran a tres semanas de la parir. “Estamos observando que si se mejoran las condiciones para que las vacas tengan un paso más feliz hacia el parto, con una dieta equilibrada, acceso a sombra y acceso al refrescado, se mejora el comportamiento productivo en el primer período de la lactancia de la vaca y tiene terneros de mejor tamaño”. agua en el invierno, conocer y prevenir esos agentes, es fundamental, en particular en cultivos de valor económico, como el maíz, la soja y el trigo.

 

Animales estresados

 

La humedad y las altas temperaturas no afectan solamente a las plantas. En el verano muchos animales sufren estrés calórico, un conjunto de respuestas fisiológicas, biológicas o conductuales que realizan para mantener su temperatura corporal profunda constante.

La Ing. Agr. Perla Leva, profesora en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNL, se dedica desde hace muchos años a estudiar el estrés calórico en animales. “Primero comenzamos tratando de proteger al animal durante el verano de la excesiva carga radiactiva, que es el primer elemento que hay que mitigar, cuando trabaja el estrés calórico. Una vaca lechera con capacidad para producir entre 30 y 40 litros de leche al día, comienza a sufrir estrés calórico con 21 grados de temperatura. En temporadas cuando el calor y la humedad son muy altos, el animal tiene más problemas para regular su temperatura corporal, situación que no sólo afecta su productividad, sino también su tasa de reproducción. Ese estrés calórico es acumulativo y los animales que lo sufren en el verano, después tienen problemas para quedar preñados en el próximo ciclo, por eso es tan importante evitar ese problema”.

Además de llevarlos a la sombra, Leva dijo que trabajaron en la dieta de los animales para hacerla más fría y también en mejorar las condiciones de espera, antes de pasar por el tambo. “Comenzamos a darles sombra en el potrero donde se las encierra durante la hora de mayor radiación. Después colocamos aspersores y ventilación en la sala de espera para producir un refrescado del animal, antes de que entre a la sala de ordeñe. Haciendo esa combinación observamos que mejoraba la producción o la mantenía y que al tomarle la temperatura rectal estaba en 39 grados, que es más o menos lo normal”.

Junto al INTA, el equipo de la mencionada especialista está trabajando en una línea de investigación con vacas que se encuentran a tres semanas de parir. “Estamos observando que si se mejoran las condiciones para que las vacas tengan un paso más feliz hacia el parto, con una dieta equilibrada, acceso a sombra y acceso al refrescado, se mejora el comportamiento productivo en el primer período de la lactancia de la vaca y tiene terneros de mejor tamaño”.