Cómo evitar tener “pie de atleta” durante el verano

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Cada año, con la llegada de las jornadas más calurosas y la temporada de pileta, reaparecen los herpes, hongos y el tan tedioso “pie de atleta”. Se trata de una de las infecciones más comunes, dado que tiene un alto índice de contagio de persona a persona y basta con andar con los pies descalzos en suelos de piscinas, baños, saunas y gimnasios, para que se adhiera a la dermis y comience a actuar. Usar el mismo calzado o medias con los pies transpirados también es un factor desencadenante, lo que evidencia que el calor, la humedad y el sudor excesivo son el medio propicio para su desarrollo. “Tiña podal” es el nombre real de esta infección de la piel, causada por hongos, que afecta específicamente a los pies, ya que los gérmenes micóticos proliferan en ambientes oscuros, húmedos y cálidos, como los zapatos. Recibe el popular nombre de “pie de atleta”, debido a que los deportistas son los que comúnmente tienen los pies sudorosos y comparten las instalaciones de clubes y gimnasios, originándose allí un importante contagio de este hongo.

La sintomatología básica pasa por la picazón y el ardor de la piel, que se va resecando, tornando quebradiza y escamosa entre los dedos de los pies. También las uñas se vuelven gruesas, pero débiles al mismo tiempo y en casos avanzados, la persona puede presentar inflamaciones, rajaduras y ampollas en la zona afectada. No obstante, las manifestaciones externas que puedan surgir dependerán del tipo de infección, clasificándose en:

Infección interdigital: se presenta entre el cuarto y quinto dedo de los pies. La piel se descama, descascara y agrieta. Algunas personas podrían también tener una infección con bacterias, lo cual resquebraja aún más la dermis.

Infección tipo mocasín: la piel de la planta del pie o del talón se vuelve gruesa y se agrieta. En los casos graves, las uñas de los pies se infectan y pueden volverse gruesas, romperse en pedacitos e incluso caerse casi en forma completa, lo cual requiere un tratamiento por separado al del “pie de atleta”.

Infección tipo vesicular: empieza con un brote repentino de ampollas llenas de líquido bajo la piel, que se ubican habitualmente en la parte de abajo del pie. Las mismas también propician la aparición de infecciones bacterianas.
El “pie de atleta” no es una enfermedad grave, pero indefectiblemente necesita un tratamiento adecuado, a la mayor brevedad posible. El médico generalista de confianza, un traumatólogo o dermatólogo, son los profesionales idóneos para examinar y diagnosticar en forma certera esta afección. Por lo general, la primera opción de tratamiento pasa por la prescripción de medicamentos antimicóticos que se usan sobre la piel, conocidos como tópicos, que están disponibles en farmacias con o sin receta. Cuando el cuadro está en una etapa avanzada suelen suministrarse dosis orales de antimicóticos, que resultan más costosos, pero son efectivos cuando la infección está agravada. Es fundamental que cualquier fármaco, spray o crema sea usado estrictamente como fue indicado por el facultativo, ya que muchos pacientes abandonan el tratamiento ni bien advierten que los síntomas han desaparecido. Sin embargo, esta interrupción aumenta las probabilidades de no haber logrado matar a todos los hongos y la infección no tardará en regresar.
Por otra parte y siendo consciente de que los natatorios y gym son lugares muy concurridos por estos tiempos, existen recomendaciones médicas para evitar el contagio masivo. Entre ellos, los profesionales señalan lavar los pies con abundante agua y jabón antes de calzarse para retirarse de una práctica deportiva y fundamentalmente secarse muy bien entre los dedos. Mantener los pies lo más secos posible, cambiando las medias la cantidad de veces que sean necesarias, para evitar que se humedezcan con la transpiración. Aquellas personas que sudan mucho, pueden utilizar talcos, aerosoles y cremas antimicóticas específicas para pie de atleta. No caminar descalzo en áreas públicas, sino con chancletas u ojotas, principalmente en las duchas de los vestidores. Intentar pasar la mayor cantidad de horas posibles al día con calzados que permitan una buena ventilación de los pies, como sandalias de hombre o suecos para las mujeres.

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