3er. Domingo de octubre: DÍA DE LA MADRE

0
6

Creemos que la mayoría se emociona cuando puede homenajear a su madre, cuando le puede decir mirándola a los ojos, y si ya no está, evocándola con el recuerdo: “Mamá: pasó otro año y hoy volvemos a encontrarnos para expresarte todo el amor que sentimos por quien nos amó primero, nos mimó, nos educó y nos enseñó los primeros pasos para enfrentar esta difícil vida. Gracias por ser como has sido, con todas tus virtudes y defectos. Gracias por darnos la oportunidad de existir. Gracias por acompañarnos en las buenas y en las malas. Gracias por protegernos más allá de tus fuerzas, más allá de como nosotros somos capaces de ayudarte en tus últimos años de vida. Como hijos, te pedimos perdón por nuestras reiteradas faltas y errores”. Y como hijos de las madres que viven o las que ya no están más con nosotros, a todas les queremos expresar humildemente desde estas páginas de El Observador, la emoción que sentimos, tanto los lectores como los agradecidos anunciantes que nos acompañan en esta edición conmemorativa, al decir nuevamente: ¡Feliz día, mamá!

“Mamá” es una palabra tierna que llena de esperanza. Evoca a la presencia silenciosa que reconforta en la enfermedad, que guarda nuestros sueños y tranquiliza en las dudas y peligros. Nadie mejor que ella para descubrir los secretos de la vida y del amor. Junto a ella encontramos apoyo y soluciones en horas de incertidumbre. La presencia materna es como una vela encendida que al consumirse da luz, calor, seguridad y paz en el hogar. Las madres de familia son las primeras educadoras del género humano en el secreto de los hogares, transmiten a sus hijos las tradiciones, con las que al mismo tiempo los preparan para el porvenir insondable. No importa su edad… ella siempre tiene un consejo oportuno. La mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás. Madres de sangre y madres del corazón, ambas con una sencillez admirable nos enseñan cosas que otros no pueden, ya que hay lecciones que sólo se pueden aprender en el regazo materno. Frente a la madre no hay fronteras, no puede haber secretos ni segundas intenciones… Ella descubre en la mirada todo lo que bulle en nuestro interior. En estos tiempos donde los buenos sentimientos parecen no poder exteriorizarse, donde cuesta encontrar el rumbo correcto y cada vez hay menos valores en las acciones, bien vale volver a mirar más intensamente esos ojos de madre, que sabrán encaminarnos…

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here