Impactantes declaraciones de abogados por el caso del cura Ilarraz

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Sigue teniendo una gran repercusión mediática, a nivel nacional e internacional, el caso del sacerdote Justo José Ilarraz, acusado de supuesta corrupción de menores en el seminario de Paraná. Estuvo en el programa TQV que conduce Ezequiel Carlson y que se emite por Canal 6 Entre Ríos TV, el abogado querellante y ex seminarista, Dr. Milton Urrutia, quien acerca de la defensa que está ejerciendo de las supuestas víctimas comentó: “Estamos trabajando en la representación de 2 de las víctimas… El Arzobispado de Paraná reconoció en un comunicado que los sucesos existieron y les avergonzaban los hechos cometidos por uno de sus integrantes y en el segundo, comunicaban que estaban con las víctimas y las familias de ellas. Hubo un reconocimiento inmediato, inesperado, una cosa tan repentina, porque en principio uno recomienda como abogado ver el menú que tiene y luego hacer un reconocimiento y nos sorprendió de buena manera. Lo que sí siguen esperando las víctimas y sus familias, es el pedido de perdón por parte de la Iglesia, de la Arquidiócesis de Paraná”. El profesional sostuvo que la Iglesia estaba en conocimiento de las acusaciones que pesaban contra el sacerdote imputado y agregó: “En su momento, el hoy cardenal Karlic se enteró de esta situación. Fue en el año 1992/93, por parte de una de las víctimas que le comunicó al por entonces prefecto de 3º, 4º y 5º que era el actual Arzobispo Monseñor Puiggari. Éste lo llevó a la residencia de Monseñor Karlic y se lo comunicó y después quedó en un stand by. En el ‘95 a solicitud de una de las víctimas que seguía en el seminario mayor, hacen no un proceso diocesano, sino una investigación, que es mucho menor que un juicio y proceso administrativo. De ella estuvo a cargo el Padre Zanitti, que falleció el 7. Él había recomendado que esta causa se elevase a Roma a la Congregación, donde estaba el Monseñor que hoy es el actual Papa. Pero por lo que hay en la actualidad de documental enviada por el Arzobispo Puiggari al Juzgado de Instrucción, no se habrían elevado las actuaciones a Roma”.

Urrutia comentó que durante 1989 y hasta el 2003 fue compañero en el seminario de los hombres que hoy defiende ante la justicia y recordó: “Entrábamos muy felices al seminario, porque teníamos una conciencia blanca. Éramos niños que no sabíamos nada de sexo y nos deberían haber formado de ahí en adelante en la castidad. Cursamos hasta el 5º año allí y muchos de mis compañeros fueron iniciados en la sexualidad, corrompidos por el Padre Justo. Desde el punto de vista de la Iglesia era una aberración. El Padre Justo cometía abuso de niños y después celebraba la misa, confesaba a esos mismos niños. He leído la Biblia y para mí es una herejía, más en un seminario…Él te brindaba mucho cariño, amor e ilusión de que íbamos a conocer la fe. Con una de las víctimas decíamos, pensar que estábamos entrando al infierno, no a un seminario. Pasamos las de Caín. No sólo había abusos sexuales sino psicológicos. Yo me especializo en derecho de familia y me quedaron cosas marcadas del seminario. Necesitamos de niños sanos para una sociedad sana y la mayoría terminamos enfermos. Cuando hice mi salida del seminario en el 5º año, hice una pared en mi vida y no volví nunca más. En un artículo dije que era un campo de concentración, porque cuando entrábamos al seminario nos bautizaban. En el campo de fútbol ponían dos columnas de chicos y nos hacían pasar a los nuevos con nuestras canillitas al aire en pleno frío y en short, con remerita. No podíamos usar camperas ni nada y ahí nos pegaban con toallas mojadas y algunas tenían piedras. Íbamos por ese camino y como había barro, muchos chicos se caían, porque se resbalaban y ahí les pegaban ¿es humano eso para chicos de 12 o 13 años castigarlos así?. Monseñor Puiggari que era el rector del Colegio estaba ahí y se reía. Ellos te decían que era el bautismo para entrar al seminario. A las vejaciones físicas y morales que nos sometían, hay que sumarle que nos dejaban sin comer de noche, porque llegábamos tarde a misa, quizás dos minutos tarde. Muchos chicos tenían problemas sociales en la familia o económicos y el seminario era como el refugio para ellos, porque venían de familias violentas o porque el padre tenía que salir a trabajar en el campo para que no les faltara muchas veces la comida y no tenían otra alternativa. Una víctima decía ‘era un infierno, pero más infierno era mi casa. Me quedaba ahí pese a que el Padre Justo pasaba todas las noches y me acariciaba y me tocaba mis zonas erógenas’…Justo tenía poder y ejercía violencia psíquica, abusos psicológicos, era el guía espiritual, el que les decía qué estaba bien y qué estaba mal a esos chiquitos. Les metía en la cabeza que el sexo estaba bien, pero tenían que hacerlo con el cura. Él te tenía prohibido que lo hagas con otro o se lo cuentes a otro, porque la amistad terminaba ahí. Cuando no lo satisfacían a él sexualmente, los hacía sentir culpa. Los llevaba a la capilla delante de la Virgen y les hacía pedir perdón. Una cosa aberrante. Ni un enfermo. La gente que está acusada y condenada por abuso sexual ni se imaginan estas perversiones. Acá agrava todo el poder que tenía y la responsabilidad educativa que revestía dentro de la escuela. Aparte en nombre de la fe sabemos todo lo que se ha hecho…”

Por su parte, el Dr. Juan Ángel Fornerón, quien defiende al Padre Justo José Ilarraz, desmintió muchas de las versiones que han tomado estado público en los últimos días y explicó: “Una cosa es lo que expusieron los que denunciaron y otra cosa son los testimonios aportados a la causa por personas que los denunciantes solicitaron que vengan a atestiguar. Todas esas personas están siendo llamadas a declarar y han dicho que nada han visto, nada han oído y si tienen algún conocimiento es luego de haberse ido del seminario. Para nosotros lo que trasciende en los medios son opiniones. Nuestro sistema de gobierno le garantiza constitucionalmente a todo argentino el derecho de defensa y debido proceso. Uno no puede impedir que alguien vaya y denuncie, pero hay que probarlo y el acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Aquí hay una demanda que dice una cosa, una contestación que dice otra, hay abogados y un juez que será quien decide, en base a lo que se vaya produciendo conforme a derecho”.

El letrado sostiene que la Iglesia estuvo en conocimiento de estas acusaciones y que de hecho, se realizaron las actuaciones que correspondían, pero que no concluyeron en ninguna confirmación de estas versiones. “A pedido del Juez que instruye la causa, se anexaron al expediente los sumarios que se hicieron oportunamente, cuando la curia tomó conocimiento de los supuestos hechos hace casi dos décadas. Se sustanció como corresponde, se le dio participación a las partes involucradas y esa investigación a nuestro entender, se hizo dentro de los parámetros normales. No hay nada que objetar. Uno puede estar satisfecho o no con las resoluciones, pero eso ya es opinar. Las personas que piden intervención en el año 95/96 donde se ubican esos hechos, tenían más de 18 años. Estas personas en todo momento tuvieron la posibilidad de acudir a la justicia y hacer cuanta denuncia quisieran. Parece que ni padres, ni hermanos, ni tíos, amigos, sobrinos, nadie lo hizo. Todo un contexto de 20 años pasaron y nadie dijo absolutamente nada. Ahora se instala mediáticamente una situación, aparecen denuncias y estamos en este proceso”, dijo el abogado.

Fornerón desmiente que Ilarraz haya sido beneficiado siendo enviado a Roma, ya que este hecho no guardaría relación temporal, sobre lo cual comentó: “Ha trascendido que la única sanción que recibió Justo fue prohibirle que venga a Paraná. En su momento, cuando se investigó esto, él ya estaba en Roma desde hacía 2 años. Karlic dispuso que mientras se sustanciaba todo y ejercía el derecho de defensa, que no ejerza el sacerdocio en el arzobispado de Paraná. Lo que existió es una medida cautelar, prudente. Justo ejerció hasta hace un mes y medio el sacerdocio, por recomendación expresa de las personas que intervinieron y tuvieron la posibilidad de evaluarlo en Roma. Es una persona que en este momento esta siendo acusada, que está ejerciendo su derecho de defensa y que de alguna forma, es víctima de una situación que en principio está lindando con el no respeto al principio de la inocencia que garantiza nuestra Constitución Nacional. Está siendo tratado al menos mediáticamente y no por todos, como el cura abusador, cuando lo propio sería hablar de una persona acusada. Hablar de un sacerdote que está siendo investigado o una denuncia de corrupción de menores es una cosa, pero se asevera como si hubiera una sentencia basada en hechos que efectivamente hayan sido probados y constatados, lo cual no es así. Hay que ser prudentes, porque se está hablando de un acto de corrupción de menores. Es un tema sensible para la sociedad. Trabajamos con mucho respeto, hacia nuestros pares y hacia la gente que escucha y entiende. Cuando esto explotó mediáticamente, se decía una cosa y obviamente se formó como una especie de condena social. Ni siquiera se lo escuchó y ya se lo condenó. En esto tiene que ver la simpatía que uno tiene con la fe, porque es un sacerdote el que está involucrado, entonces repercute de otra forma. Habrá personas que tienen un sano juicio, que son criteriosas, son razonables y otros lo ven subjetivamente con otros cristales”.

 

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