El papel de la vejez en los medios de comunicación

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Mónica Roque es directora nacional de Políticas para Adultos Mayores y secretaria nacional Niñez, Adolescencia y Familia, Ministerio de Desarrollo Social y realizó una exposición sobre la significancia de la vejez en los medios de comunicación.

“Este fue uno de los objetivos que nos motivó a iniciar, en este mes de octubre, la Campaña Nacional de Buen Trato hacia las Personas Mayores: modificar prejuicios y estimular una nueva vinculación de la sociedad con sus ‘mayores’ integrantes.

Pensar el cambio social vinculado con los adultos mayores es una compleja labor donde intervienen múltiples actores. En nuestro país partimos desde una perspectiva de derechos que busca posicionar al adulto mayor no como un sujeto de la asistencia, sino como un titular de derechos. Este enfoque de empoderamiento permite a los mayores reconocer sus capacidades, incrementar los niveles de autonomía y generar reivindicaciones de derechos personales y colectivos”.

Más adelante expresó que “modificar el modo en que comunicamos la vejez no es menor para lograr esto. Un nuevo lenguaje surge como reflejo de representaciones sociales más positivas y donde cada palabra se convierte en un instrumento de cambio social. Es aquí donde los medios y periodistas juegan un papel importante en esta transformación social y cultural”.

¿De qué modo los medios relatan hoy la vejez y cómo construyen vejeces diferenciadas? ¿En qué medida los marcos actuales de representación mediática propician identidades y roles adecuados a los adultos mayores de hoy?

“Para encontrar respuestas podemos analizar algunas cuestiones vinculadas con el envejecimiento en los medios de comunicación. El ocultamiento es una de ellas: la falta de representatividad funciona como un velo porque se habla y muestra menos adultos mayores que otras edades. Sin embargo, un 14,3% de adultos mayores, casi seis millones de personas, son definidos como grandes consumidores de medios.

Los roles estereotipados es otra gran traba: cuando se habla de los adultos mayores las notas siempre refieren a unos pocos roles esperables (abuelos o jubilados, enfermos o limitados), invisibilizando otros muy valiosos como las nuevas ocupaciones y preocupaciones, tan amplias como en otras edades. Llamarlos abuelos o jubilados resulta reduccionista y despersonalizado. Las personas mayores tienen múltiples roles: esposos, amantes, profesionales, militantes políticos o sociales, dirigentes, algunos padres, algunas madres, algunos abuelos o abuelas, pero todos personas sujetos de derechos. Imaginemos: si nos encontramos con Estela de Carlotto o Hebe de Bonafini, ¿las llamaríamos abuelas o abuelitas?

Por otro lado, existe un cierto concierto de imágenes que apelan a la vejez para hablar en términos negativos, asociados al padecer, a la enfermedad o a la molestia para otros.

La falta de centralidad es otra variable que aparece en el análisis de los adultos mayores en los medios: es casi excepcional encontrarlos como protagonistas de una serie o telenovela.

Este enfoque sobre los mayores en los medios aparece como parte de una mirada prejuiciosa hacia la vejez, a la que el psiquiatra R. Butler denominó ageism, y que fue muy bien traducido a nuestra realidad local como viejismo por el profesor Salvarezza. Este concepto fue definido como una alteración en los sentimientos, creencias o comportamiento en respuesta a la edad cronológica percibida de un individuo o grupo.

A diferencia de otros prejuicios, donde los victimarios y las víctimas suelen reconocerse claramente, y donde el repudio es claro, el viejismo, o prejuicio hacia las personas mayores, puede operar sin ser advertido. No existen grupos que repudien explícitamente a las personas mayores, sin embargo tenemos cotidianamente actitudes que dan cuenta de este sutil rechazo y condena hacia la vejez.

En este contexto, la ausencia de un odio explícito hacia los viejos, por un lado, y una amplia aceptación de sentimientos y creencias negativas, por el otro, produce que el debate sobre esta temática se vuelva particularmente fructífero, ya que el prejuicio puede encontrarse en niveles no descubiertos de uno mismo y por ello poco controlables.

Fortalecer las imágenes positivas de la vejez no implica no dar cuenta de los factores negativos que puede tener el proceso de envejecimiento, sino equilibrar una balanza que se inclinó durante mucho tiempo sobre los aspectos negativos.

Es indudable que hoy los medios de comunicación tienen una mirada más positiva, pero es necesario pensar la reconstrucción de los espacios de representación, tal como sucedió con las mujeres u otros grupos, para poder cuestionar el modo en que percibimos la vejez: romper las barreras del sentido común para que los viejos puedan ser actores protagónicos y no sólo convidados eventuales a una fiesta que no es para ellos”.

 

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