Crespo: ¿Por qué muchos hijos no atienden a sus “viejitos”?

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Un legendario dicho dice que “Los padres puede atender a todos sus hijos, pero los hijos la mayoría de las veces no son capaces de atender a sus padres”. Con el correr de los años los roles se deberían invertir y lo hijos deberían velar por el bienestar de sus mayores. Pero según las estadísticas, pocos lo hacen. Un gran número de padres, al llegar a la tercera edad, se quedan solos y abandonados. Sus hijos no sólo los visitan muy esporádicamente, sino que se desentienden de las necesidades que los abuelos tienen y que en dicha etapa de la vida son muchas y muy duras. Crespo no es ajena a esta realidad, la cual desencadena que personas mayores salgan solas a la calle y se pierdan, que otros enfermen sin recibir la atención adecuada e incluso se registren episodios de violencia protagonizados por hombres y mujeres de más de 60 años, cuya esencia del problema es que no reciben el tratamiento psicológico por falta de acompañamiento familiar que impulse su cumplimiento. Denuncias y acciones judiciales recaen una y otra vez, en la actitud que toman los hijos de desligarse de sus padres ya mayores.

Para conocer acerca de este problema, El Observador dialogó con la Dra. Mariela Britos, quien ha atendido muchos de estos casos en Crespo y al respecto señaló: “La obligación alimentaria y de asistencia, nace del mismo parentesco y obedece a razones de solidaridad humana, además de configurar un deber ético y moral, más aún cuando se trata de un familiar tan cercano como un padre o una madre. Este fundamento es coherente con la normativa del Código Civil que rige, el cual en su Art. 266 establece que los hijos están obligados a cuidar a sus familiares consanguíneos durante su ancianidad y en estado de demencia o enfermedad. Dispone que los descendientes deben satisfacer las necesidades de sus parientes mayores y proveerles de todo aquello que la circunstancia de vida en que se encuentren requiera”.

La abogada explicó que por ejemplo, el incumplimiento de la obligación alimentaria a los padres constituye un delito penal, que se sanciona con una pena de prisión en una escala que fija el juez, pudiendo ser de un mes a 2 años o una multa. “Resulta reprochable a los hijos que se desentienden de sus padres, el aporte de alimentos y el conjunto de medios materiales que sean necesarios para su bienestar físico y emocional, como un lugar seguro donde habitar, porque es indispensable que tenga su espacio limpio y en condiciones dignas, la vestimenta, la medicación que le haya sido prescripta, la atención médica según la patología que presente. Actualmente se interpreta la normativa vigente en un sentido amplio, por lo que los hijos deben procurar también que los ancianos tengan instrucción educativa, actividades culturales y contacto social”, dijo Britos.

Por tratarse de un sector muy vulnerable de la población, muchas veces son víctimas de maltrato ante la requisitoria de ser atendidos. Algunos sienten que el padre o la madre mayor son una carga y los castigan desde distintos aspectos, realidad sobre la que la letrada comentó: “Son susceptibles de aprovechamientos sin que se den cuenta muchas veces. En el plano económico son desapoderados de la administración de sus bienes y sus parientes más jóvenes asumen esta responsabilidad, instaurando una tutela que ninguna norma prevé y reduciéndose sólo a esta cuestión patrimonial. Si bien las estadísticas no reflejan la realidad en su totalidad, existe todo tipo de maltrato corporal y verbal hacia la gente adulta. En ocasiones se los imposibilita de tener autonomía de vida, ya sea porque no tienen contacto con otras personas o porque la configuración arquitectónica de la casa donde están no está adaptada a las condiciones en que se encuentran. Los mayores se convierten en grandes dependientes emocionales de sus hijos, por lo que requieren más que nunca de la presencia de ellos”.

La ley regula diferentes formas de asegurar que las obligaciones se materialicen, mediante mecanismos que van desde simples intimaciones, intentos de mediación extrajudicial o judicial, hasta sanciones civiles y penales más severas como consecuencia de una denuncia formal. No obstante ello, Britos dijo que “una mayor concientización cívica acerca de la importancia del cumplimiento responsable de los deberes mencionados es esencial para prevenir el crecimiento de esta problemática social”.

Para ablandar el corazón endurecido y cicatrizado de muchos hijos desaprensivos y ver este tema desde un plano emocional y espiritual, sería importante que las entidades representativas de la Tercera Edad de Crespo, organicen charlas- debates sobre esta problemática tan real de este siglo, para hacer conocer luego las conclusiones a la prensa y así aportar ideas y soluciones para tantos viejitos que hoy sufren y mucho.

 

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