Cómo tratar las várices, para evitar no poder caminar bien

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El 20% de la población mundial sufre de varices. Un porcentaje que se reparte de manera muy desigual, puesto que este trastorno circulatorio tiene una frecuencia cuatro veces superior en las mujeres que en los hombres. Lejos de representar un complejo estético, de no ser tratada a tiempo, se convierte en un disparador de úlceras, tromboflebitis y hasta reduce paulatinamente la movilidad de la persona que las padece, llegando a la invalidez. Muchos mitos y verdades rondan en cuanto a esta enfermedad, por lo que El Observador dialogó con el Dr. Carlos Barroud, jefe del departamento de Flebología del Sanatorio Adventista del Plata, quien explicó: “Se entiende por várices a la dilatación que sufren las venas por debilidad de su pared o por una insuficiencia valvular. Esta patología tiene sus antecedentes principalmente en los componentes genéticos hereditarios del paciente, sumado al trabajo que realiza, es decir si está muchas horas parado o sentado, la periodicidad con que hace actividad física y en general, el nivel de sedentarismo. También hay un factor hormonal de por medio que incide altamente, por eso se manifiesta más en mujeres que en hombres. Es habitual detectarlas en gente de mediana edad, pero no hay una generación en la que podamos encuadrarla, dado el tipo de desencadenantes que tienen”.

Los síntomas varían de acuerdo al estado en que se encuentre el trastorno, pero es fundamental advertir los primeros cambios, para realizar una detección precoz. “La persona empieza sintiendo una especie de hormigueo en las piernas, ocasionalmente dolor, pesadez, hinchazón por la retención de líquidos, aparecen los calambres y todo eso es previo a que se afecte la parte estética”, dijo el profesional.

En cuanto a los estudios de diagnóstico que se pueden realizar, el especialista manifestó que el ecodopler es el indicado y más certero. Se caracteriza por ser indoloro. Permite valorar la velocidad circulatoria de la sangre, el reflujo o incompetencia valvular, el tamaño de la vena, tanto las profundas como las superficiales y también las condiciones en que se encuentra el sistema intermedio, que es el que comunica ambos circuitos circulatorios. Esta práctica permite a los flebólogos diseñar un tratamiento acorde a la necesidad de cada paciente. Al respecto, Barroud comentó: “Siempre intentamos combinar las posibilidades de atención, para lograr mejores resultados. Está la cirugía clásica o convencional, la cirugía compleja aplicada cuando existen otras situaciones que agravan el cuadro, la escleroterapia basada en inyecciones que permiten infiltrar distintas drogas y el láser. Hay pacientes que necesitan más de un tratamiento de acuerdo al tipo de venas que tienen, pero debe estar indicado y controlado por un especialista, puesto que es una patología que afecta la funcionalidad del miembro.

Con los años las consecuencias de las várices evolucionan, llegando a discapacitar al paciente, por lo que si es superficial y detectada tempranamente, el tratamiento es más sencillo y se hace en forma ambulatoria. Tratar las complicaciones de una várice, como puede ser una úlcera, porque son muy dolorosas, lentas para cicatrizar y produce una inmovilidad en menor tiempo”.

Existen algunos mitos respecto de la aparición de várices en las mujeres, como el uso prolongado de zapatos con tacos, sobre lo cual Barroud indicó: “El uso de tacos es bueno, siempre y cuando no sea muy alto. Incluso se recomienda el medio taco, porque mejora la dinámica de los músculos de los gemelos o pantorilla y ayuda a la circulación venosa de retorno”. También suele decirse que este trastorno circulatorio es favorecido por el uso de can can, calzas elastizadas o medias ajustadas y ante este interrogante el especialista dijo: “No tiene que haber nada que ciña, porque estaría dificultando la circulación de retorno de la sangre. Las medias no generan inconvenientes, siempre y cuando no sean demasiado estrechas y terminen comprimiendo la pierna. Las prendas o ligas deben ejercer una presión suave”.

Actualmente el mercado ofrece una amplia variedad de cremas y lociones, cuyas promociones prometen soluciones definitivas a este problema. Sin embargo, Barroud contrarrestó la veracidad de su eficacia y agregó: “Por ser una patología del sistema circulatorio y más precisamente a nivel venoso, poca incidencia pueden tener las cremas, que actúan al nivel de la piel solamente. Es prácticamente mínima la acción que pueden tener sobre la enfermedad en sí misma. No obstante ello, cuando la piel está dañada por complicaciones derivadas como erisipela, úlceras, celulitis o dermatitis, puede ser útil su utilización a modo de alivio. Habitualmente las cremas y geles producen una sensación de frescura que es interesante para el paciente, pero no debe confundirse eso con un tratamiento”.

 

 

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